Con una renovación que no logró plasmarse en el campo, el equipo de Orsi y Gómez fue superado con claridad por Talleres. La falta de ambición y la escasa conexión entre líneas marcaron una noche frustrante para la visita.
El proceso de transformación emprendido por Newell’s Old Boys en el receso estival encontró un amargo contrapunto en su presentación oficial. La ilusión generada por los cambios se desvaneció bajo las luces del estadio Mario Kempes, donde el conjunto rosarino ofreció una versión apática y carente de rebeldía, sucumbiendo ante un Talleres más intenso y vertical. La derrota por 2-1, con un gol en contra en los compases finales que apenas sirvió de consuelo, dejó al descubierto profundas falencias.
Desde el pitido inicial, la estrategia del equipo dirigido por la dupla Adrián Corzo y Maximiliano Gónzalez fue evidente: un repliegue pronunciado, la cesión de la iniciativa y la prioridad absoluta a una rigidez defensiva. Este planteamiento, sin embargo, solo se sostuvo parcialmente. Aunque el arquero Ramiro Macagno no fue batido en el primer acto, la presión local se materializó en oportunidades claras. Una potente cabezada de Juanma Gómez que se fue por muy poco y un balón sacado sobre la línea por Braian Salcedo tras un rebote en el travesaño salvaron a la «Lepra» de un castigo mayor.
La supremacía del local, orquestada por el talento juvenil de Juan Baroni y los destellos de Michael Santos, fue incontestable. Newell’s mostró una incapacidad manifiesta para proyectarse, sufriendo una clara desconexión entre el bloque defensivo y sus referentes ofensivos. La posesión del esférico fue un bien escaso y las contadas aproximaciones al área rival nacieron casi en exclusiva de la individualidad de Jonatan Herrera por la banda izquierda. Precisamente de sus botas surgió la única ocasión de peligro del visitante en toda la primera mitad, culminada con un remate flojo y centrado de Francisco González frente al guardameta.
La reanudación trajo un intento de enmienda, con líneas más adelantadas y una mayor beligerancia en el centro del campo. No obstante, esa breve ilusión se esfumó en apenas cinco minutos catastróficos. Una infracción innecesaria de Tomás Berra fuera del área derivó en un tiro libre colocado con maestría por Baroni, donde Gómez se elevó para batir a Macagno con un testarazo imparable. La situación se agravó de inmediato, cuando Berra, tras una entrada temeraria, vio su segunda amonestación y dejó a su equipo con un hombre menos.
La respuesta del banco leproso fue la inclusión de figuras esperadas como Juan Ignacio Cóccaro y Rodrigo Herrera. Sin embargo, el equipo nunca logró recomponer su estructura ni generar una presión sostenida que inquietara al local. Solo Macagno, imponiéndose en un duelo personal contra Rodrigo Villagra, evitó una goleada más abultada, que sí llegaría en los minutos finales a través de Franco Débora en un rápido contragolpe. El descuento de Brian Núñez en el tiempo añadido, tras un córner, fue un mero apunte anecdótico en un desempeño global que dejó más dudas que certezas.
El debut del nuevo proyecto, en definitiva, fue una exhibición de impotencia. Jugadores de clara vocación ofensiva como Ignacio Scocco y Francisco González pasaron irrelevantes por una contienda en la que el balón fue un extraño. La pretendida solidez defensiva se quebró ante la primera embestida seria de la segunda mitad. El camino por delante, a juzgar por esta primera y gris presentación, parece extenso y lleno de obstáculos por superar.
