En línea con el mandato de austeridad del Presidente Milei, el jefe de Gabinete avanza con un plan drástico para reducir empleados, simplificar la estructura y eliminar gastos superfluos, en un esfuerzo que luego se extenderá a toda la administración pública.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se encuentra inmerso en la ejecución de un profundo reordenamiento interno dentro de su propia jurisdicción, impulsado por la directiva presidencial de aplicar una estricta política de reducción del gasto público. A escasos tres meses de asumir el cargo, su gestión ha iniciado un proceso de transformación que apunta a disminuir en un veinte por ciento la nómina de empleados y a simplificar el organigrama de la Jefatura.
Según cifras oficiales del INDEC, el área funciona actualmente con poco más de tres mil personas, una cifra que el equipo de Adorni considera «completamente sobredimensionada». La intención del ministro coordinador es recortar al menos quinientos puestos de trabajo durante el mes de febrero. Este objetivo forma parte de las prioridades establecidas desde su llegada en noviembre, donde se fijaron plazos concretos para que cada secretaría y dirección presente sus planes de reducción.
La iniciativa, sin embargo, no se limita a un mero ajuste numérico. El plan conlleva una revisión integral de la estructura, con la eliminación de funciones duplicadas y la racionalización del uso de todos los recursos. Para ello, la Unidad de Asesores del Gabinete trabaja en articulación con el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, liderado por Federico Sturzenegger. En las últimas semanas, se han sostenido numerosas reuniones con los responsables de cada área para transmitir la necesidad de este achique estructural.
Entre las secretarías bajo la órbita de la Jefatura, se ha identificado que las de Innovación, Ciencia y Tecnología, y Ambiente y Turismo, son las que concentran el mayor volumen de empleados, especialmente en áreas como Parques Nacionales. Estas dependencias tendrán que instrumentar los recortes con particular celeridad.
Fuentes del equipo de Adorni aseguran que esta reducción generará un importante ahorro en la masa salarial y servirá para ordenar una estructura considerada inflada y con superposiciones, pero garantizan que no afectará el desempeño esencial de la gestión. «El trabajo consiste en revisar funciones, dotación y estructura para determinar qué es esencial y qué está sobrado», explicaron.
Esta ofensiva de austeridad ya había tenido un capítulo previo a fines del año pasado, cuando Adorni oficializó un drástico recorte en el uso de vehículos oficiales y choferes, revocando asignaciones y estableciendo un estricto protocolo de justificación para su uso. Se logró así reasignar y reducir una flota que contaba con 78 automóviles a disposición.
A esta medida se suma ahora la prohibición de que los funcionarios viajen en primera clase, junto con una limitación en los montos destinados a viáticos. «Se terminó eso de viajar en business con viáticos incluidos. Turista o habrá que buscar alternativas», argumentaron fuentes cercanas al jefe de Gabinete, en sintonía con posturas similares adoptadas por otras figuras del gobierno.
Si bien estas decisiones han generado cierto malestar entre algunos de los afectados, la postura oficial se mantiene firme e indeclinable. «No hay plata y tenemos que predicar con el ejemplo», ha sido la respuesta recurrente ante cualquier queja.
El plan de achicamiento, no obstante, tiene un alcance que trasciende los límites de la Jefatura de Gabinete. En coordinación con Sturzenegger, Adorni participa del diseño de una hoja de ruta para aplicar una reducción adicional del diez por ciento en la planta total de empleados públicos, una señal de que la denominada «motosierra» fiscal continuará su marcha. En paralelo, el jefe de Gabinete busca imprimir su estilo de gestión, manteniendo reuniones individuales con cada ministro para establecer prioridades y resolver problemas, consolidando su rol como coordinador de la agenda gubernamental.
