Con un planteamiento sólido y eficaz, el conjunto platense se impuso 2-1 en el Bosque. A pesar de dominar la pelota, la Academia no encontró fisuras en una defensa compacta y pagó cara su falta de claridad en el área rival.
Si la ilusión de un empate permaneció viva hasta el último suspiro para Racing, y si Gimnasia sintió el peso de la agonía en los compases finales, la explicación reside en dos momentos clave: las oportunidades diáfanas que el local desaprovechó en el primer acto, y el error del arquero Nelson Insfrán a ocho minutos del cierre, que quedó expuesto tras salir a despejar un centro y permitió el cabezazo descontante de Conechny. Sin embargo, más allá de ese sobresalto final, el triunfo del Lobo fue un reflejo de su mayor contundencia y de un plan de juego ejecutado con disciplina. Frente a esto, el equipo de Avellaneda, desequilibrado y previsible, navegó por la tarde con una posesión estéril que le generó vulnerabilidad defensiva y en la que sus refuerzos más esperados no lograron imprimir la chispa necesaria para torcer un destino adverso.
El partido encontró su guión temprano, a los ocho minutos, con una obra de arte de Nicolás Barros Schelotto. El mediocampista, con un potente y preciso zurdazo desde la banda derecha, sorprendió al guardameta Gabriel Ávalos alojando el balón en el segundo palo. Este gol olímpico no solo adelantó al local, sino que cristalizó la dinámica del encuentro. Racing, que había comenzado con iniciativa, continuó con el dominio del esférico, pero de manera intrascendente, sin encontrar los caminos para lastimar. Gimnasia, en cambio, se replegó con orden y convicción, esperando su momento para explotar los espacios.
Tal fue la solidez del equipo dirigido por Leonardo Madelón que, mientras el ímpetu de la Academia se disipaba en la impotencia, el Lobo generó las ocasiones más claras para sentenciar. Pasada la media hora, un remate cruzado de Panaro rozó el poste. En el umbral del descanso, otra arremetida veloz culminó con un disparo de Marcelo Torres que Ávalos, con esfuerzo, desvió a córner. El panorama para la visita era preocupante: con seis hombres volcados al ataque, incluyendo a los debutantes Valentín Carboni y Matko Miljevic, apenas logró incomodar a una zaga férrea comandada por Giampaoli y Enzo Martínez. La estrella ofensiva, Maravilla Martínez, se vio anulada y aislada.
La reacción racinguista en el complemento nunca llegó. Al contrario, Gimnasia asestó un nuevo golpe demoledor a los tres minutos. Tras una jugada colectiva, Franco Torres remató sin oposición al centro de Panaro para establecer el 2-0. La desesperación llevó al técnico Gustavo Costas a mover su banquillo, introduciendo a Solari, Zaracho y el luego goleador Conechny. No obstante, la esencia del partido apenas se modificó. La pelota siguió circulando lejos del área local, donde los platenses, cada vez más concentrados y tenaces, cerraron todos los pasillos. Incluso Ignacio Fernández, en su regreso al Bosque, sumó a la causa con un notable trabajo defensivo.
Un cabezazo de Maravilla Martínez que se elevó sobre el travesaño y un impactante disparo de Zaracho que estrelló en el poste fueron los únicos destellos de peligro de un Racing perdido en su propio laberinto. El descuento tardío, producto de la equivocación de Insfrán, insufló una breve esperanza que duró lo que el viento se lleva. No hubo tiempo para más. El planteamiento realista y disciplinado de Gimnasia, que no ambicionó más de lo necesario, le granjeó una victoria crucial que le permitirá afrontar con otro ánimo su próximo desafío en el Monumental. Racing, por su parte, deberá recomponerse rápidamente. Su debut en La Plata no le dejó puntos y, lo que es más grave, tampoco dejó señales alentadoras. El miércoles, ante Central en Avellaneda, la obligación será empezar de cero.
