Ante las propuestas oficiales que limitan el servicio a grandes empresas, emerge una alternativa intermodal que incluye el transporte de pasajeros y apunta a incorporar a pequeños y medianos productores. La iniciativa aún aguarda su lugar en la agenda pública.
En medio de un escenario definido por dos iniciativas oficiales orientadas hacia la privatización del sistema ferroviario de cargas, surge con fuerza una tercera propuesta que plantea un cambio de paradigma en la logística nacional. Este modelo, presentado semanas atrás por la Asociación Intermodal de América del Sur, promete no sólo revitalizar la red existente, sino también integrarla con otros medios de transporte, abriendo oportunidades para vastos sectores de la economía que hoy permanecen marginados del sistema.
Según fuentes cercanas al debate, el Ejecutivo evalúa actualmente dos caminos divergentes: por un lado, una privatización segmentada de la infraestructura; por otro, la venta integral a un consorcio extranjero. Ambos enfoques, sin embargo, han sido criticados por su alcance limitado, ya que privilegian los intereses de un reducido grupo de grandes empresas, las cuales concentran actualmente casi tres cuartas partes del uso de la red. Además, ninguna de estas opciones contempla la reactivación del transporte ferroviario de pasajeros, un servicio demandado por millones de argentinos.
Frente a este panorama, la alternativa impulsada por AIMAS propone una reestructuración profunda del sistema, combinando trenes, camiones y embarcaciones de cabotaje en una red intermodal. Este enfoque permitiría, según sus promotores, reducir costos logísticos, ampliar la conectividad a regiones hoy desatendidas y facilitar el acceso de pequeños y microproductores a mercados distantes. Asimismo, la iniciativa incluye un plan concreto para recuperar los servicios de pasajeros, con el objetivo de reconectar a comunidades enteras y aliviar el congestionado tránsito terrestre.
Pese a que el proyecto fue formalmente presentado a las autoridades hace varias semanas, aún no ha logrado ingresar en la agenda de discusión pública. Sus defensores señalan que, más allá de la urgencia por definir el futuro de los ferrocarriles, es indispensable ampliar el debate y considerar modelos que prioricen el interés colectivo por sobre los beneficios sectoriales.
La disyuntiva, en definitiva, parece trascender la simple elección entre administración estatal o privada. En juego está la posibilidad de construir un sistema ferroviario inclusivo, moderno y multimodal, o bien perpetuar un esquema que consolide su uso como un privilegio para pocos. Mientras el tiempo avanza, la sociedad espera que la dirigencia política tome una decisión que mire hacia el futuro y no sólo hacia el balance contable inmediato.
