El presidente de la Cámara de Comercio local, José Luis “Gigi” Iglesias, alertó sobre una marcada contracción del consumo que erosiona la rentabilidad y pone en jaque al empleo. Reclama medidas políticas contundentes para una reactivación genuina, más allá de los paliativos financieros.
La economía de Río Grande muestra señales de un deterioro palpable, con un descenso pronunciado en las ventas que comienza a dejar huellas profundas en el entramado comercial de la ciudad. Desde la Cámara de Comercio local, su máxima autoridad, José Luis “Gigi” Iglesias, expuso un diagnóstico alarmante sobre la situación, subrayando que la merma en el consumo está derivando en una pérdida sustancial de rentabilidad para los establecimientos y constituye una amenaza latente para los puestos de trabajo.
El dirigente empresarial describió un panorama donde, si bien no se registra aún una oleada de cierres definitivos, los negocios se encuentran inmersos en un proceso severo de ajuste. “Lo que se observa en la actualidad es una readecuación forzosa, una reducción de actividades y liquidaciones masivas de stock en todos los sectores. Estos indicadores son la prueba irrefutable de una rentabilidad que se desvanece”, aseveró Iglesias. Este contexto adverso, según su análisis, tiene una consecuencia directa e inevitable sobre el empleo, ya que la combinación de ventas menguantes y costos elevados presiona hasta el límite la capacidad de sostener la planta laboral.
Frente a esta coyuntura, la Cámara de Comercio mantiene un trabajo de acompañamiento directo con los afiliados, brindando asesoramiento sobre herramientas de crédito y asistencia disponible. No obstante, Iglesias fue categórico al señalar que estas alternativas poseen un alcance limitado y no atacan la raíz del problema. “Los préstamos y las garantías pueden ofrecer un respiro, pero tienen un techo muy concreto. La dificultad esencial es la falta de circulación de dinero en la economía real”, remarcó, desestimando la idea de que el crédito por sí solo pueda revertir la crisis.
Con tono crítico, el dirigente desplazó la responsabilidad de la solución hacia la esfera política. “Esta es una cuestión que compete a los funcionarios y a las decisiones de gestión que se toman en nombre de la comunidad”, afirmó, aclarando que su reclamo es de carácter institional y no personal. “Si quienes fueron electos para conducir los destinos de la ciudad no logran encarar la misión encomendada, es evidente que algo se está ejecutando de manera incorrecta”, sostuvo, exigiendo un debate serio que derive en acciones concretas y no en meras discusiones.
Iglesias también enfatizó la vulnerabilidad particular de Tierra del Fuego ante la crisis, debido a su condición geográfica. “Vivimos en una isla. Un conflicto social aquí no tiene las mismas implicancias que en el continente. Si los ingresos decaen y no existe una coordinación efectiva, la capacidad de contención se debilita drásticamente”, advirtió, responsabilizando a la dirigencia por anticipar y gestionar este riesgo.
Para cerrar, el presidente de la Cámara se refirió a la incertidumbre que genera la intervención del puerto local, un nodo logístico vital para la economía fueguina. Manifestó su inquietud por la ausencia de definiciones claras y el impacto que cualquier medida puede acarrear sobre la actividad comercial y la cadena de suministro. “Desde hace años aguardamos el desarrollo definitivo del puerto, y cada cambio en su operatoria termina repercutiendo en la logística y, por ende, en los comercios”, concluyó, pintando un cuadro donde la falta de reactivación y las indefiniciones políticas conspiran contra el futuro económico de Río Grande.
