Pekín y La Habana Unen Voces Contra Nuevas Sanciones Energéticas de Washington

Pekín y La Habana Unen Voces Contra Nuevas Sanciones Energéticas de Washington

China calificó de «inhumana» la última orden ejecutiva de Trump, que penaliza el suministro de combustible a la isla, mientras Cuba declara una emergencia internacional ante lo que denuncia un intento de «asfixia» económica.

El gobierno chino expresó este viernes una enérgica condena hacia las recientes medidas adoptadas por Estados Unidos para obstaculizar el suministro de petróleo a Cuba, afirmando que tales acciones violan la soberanía de la nación caribeña y cercenan el derecho al desarrollo de su población. La declaración de Pekín se produjo en respuesta a la firma de una orden ejecutiva por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, que autoriza la imposición de aranceles adicionales a aquellos países que comercialicen crudo con la isla. Horas después, el gobierno cubano respondió declarando una emergencia internacional, alertando sobre una amenaza a la seguridad y la paz regional.

Durante una conferencia de prensa, el portavoz de la Cancillería china, Guo Jiakun, manifestó el firme respaldo de su país a Cuba en la defensa de su soberanía y seguridad nacional. El diplomático rechazó lo que denominó «prácticas inhumanas» que impactan directamente en la población civil. «China se opone resueltamente a cualquier acción que prive al pueblo cubano de sus derechos a la subsistencia y al desarrollo», sostuvo Guo, reiterando la postura histórica de su nación contra el empleo de sanciones como instrumento de coerción política. Pekín ha mantenido un llamado constante en foros internacionales para que se levante el bloqueo económico impuesto por Washington contra La Habana, argumentando que este agrava la crisis humanitaria y transgrede el derecho internacional.

La reacción cubana no se hizo esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel acusó a la Casa Blanca de buscar «asfixiar» la economía de su país mediante «un pretexto mendaz y vacío de argumentos». A través de sus redes sociales, el mandatario caribeño rechazó la orden ejecutiva que penaliza a las naciones que comercien petróleo con Cuba de manera soberana. En un comunicado posterior, el canciller Bruno Rodríguez formalizó la declaración de emergencia internacional, argumentando que la política estadounidense constituye «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional, la paz internacional y la estabilidad global, exacerbada por lo que describió como la influencia de una «derecha neofascista anticubana».

La orden ejecutiva de Trump, basada en la premisa de que la situación en Cuba representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos, faculta a los departamentos de Comercio y Estado para identificar y sancionar a los países involucrados. Aunque el texto no especifica el monto de los aranceles, señala que el presidente podría modificar la disposición si Cuba o las naciones afectadas toman «pasos significativos» para alinearse con los objetivos de Washington. En declaraciones a la prensa, Trump afirmó que Cuba «no podrá sobrevivir», calificando al país como «una nación fallida» y justificando las medidas por el trato que, a su juicio, el gobierno cubano ha dado a su pueblo.

La crisis energética en la isla se ha agravado notablemente en los últimos años. Cuba requiere aproximadamente 110.000 barriles de petróleo diarios, de los cuales cerca de 40.000 se producen localmente. Históricamente, Venezuela fue su principal proveedor, aunque los envíos han disminuido drásticamente. Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a principios de enero, Trump asumió el control del comercio petrolero de ese país. Actualmente, México y Rusia se han convertido en fuentes cruciales de suministro, con exportaciones significativas que mantienen en funcionamiento sectores esenciales de la economía cubana.

La Habana atribuye su profunda crisis económica –caracterizada por escasez de combustible, apagones recurrentes y desabastecimiento de productos básicos– al endurecimiento del bloqueo estadounidense, además de factores estructurales internos y los efectos prolongados de la pandemia. Las autoridades cubanas calculan que, en más de seis décadas, los daños acumulados por esta política superan los 170.677 millones de dólares.

En medio de la tensión, el canciller Rodríguez denunció que Estados Unidos recurre al «chantaje y la coerción» para forzar a otros países a unirse a su política de bloqueo, amenazando con aranceles «arbitrarios y abusivos» en caso de negativa. «Denunciamos ante el mundo este brutal acto de agresión contra Cuba y su pueblo», afirmó. Aunque Díaz-Canel ha reiterado la disposición de su gobierno al diálogo con Washington, lo ha condicionado a que no implique concesiones políticas. El breve deshielo diplomático experimentado durante la administración de Barack Obama se truncó con la llegada de Trump a la Casa Blanca, quien reforzó significativamente las sanciones contra la isla.

El escenario actual perfila un nuevo capítulo de confrontación, donde las alianzas internacionales de Cuba y la presión económica de Estados Unidos dibujan un panorama complejo para la estabilidad regional y las relaciones hemisféricas.

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