El Xeneize había acordado el desembolso de tres millones de dólares por la mitad del pase del extremo colombiano, pero decidió frenar la operación a la espera de nuevos exámenes médicos. El jugador, que el lunes se despidió de la hinchada de Estudiantes en el estadio, quedó en un incierto limbo contractual.
La danza de millones que llevaría a Edwuin Cetré a vestir la camiseta azul y oro ingresó en una fase de suspenso inesperada. Boca Juniors, que había sellado de palabra un acuerdo para desembolsar cerca de tres millones de dólares por el cincuenta por ciento del pase que aún retiene Estudiantes de La Plata, resolvió frenar la maquinaria justo cuando todo parecía encaminado. El motivo, según fuentes de la entidad de La Ribera, nada tiene que ver con las cuestiones pecuniarias ni con los rumores que señalaban un conflicto con Independiente Medellín —versión que desde el club salieron a desmentir de inmediato—, sino que anida en una preocupación de índole estrictamente física.
Los estudios preliminares practicados al atacante colombiano de veintiocho años encendieron todas las alarmas en el departamento médico xeneize. El foco del problema se concentra en una de sus rodillas, territorio que ya había sido intervenido quirúrgicamente en 2018, cuando Cetré militaba en Santos Laguna de México, a raíz de una lesión de meniscos. Esa antigua cicatriz, esa huella imborrable en su anatomía, reapareció ahora como fantasma en los exámenes y obligó a la dirigencia que preside Juan Román Riquelme a pisar el freno con decisión. Según pudo reconstruir este medio, Boca no tomará determinación alguna hasta tanto no cuente con los resultados de una revisión médica definitiva y concluyente.
El escenario actual representa un déjà vu perturbador. Apenas diez jornadas atrás, el extremo nacido en Puerto Tejada tenía todo acordado para convertirse en refuerzo del Athletico Paranaense brasileño, pero aquella negociación se desmoronó de manera abrupta. El propio conjunto platense había comunicado oficialmente entonces que la transferencia se cancelaba por “divergencias de último momento en los términos entre ambas instituciones”. Sin embargo, desde Brasil, el prestigioso diario O Globo aseguró que la verdadera causa del naufragio fue la detección de irregularidades en los chequeos médicos del futbolista, versión que desde el Pincha se encargaron de refutar con vehemencia. Aquella sombra que sobrevoló el fallido pase al fútbol brasileño vuelve ahora para proyectarse sobre la negociación con el club de la Ribera.
Mientras los dirigentes aguardan con cautela y los teléfonos permanecen en standby, Cetré vive horas de incertidumbre absoluta. El extremo, que durante su etapa en Estudiantes disputó ochenta y seis encuentros, anotó doce conquistas y se erigió como pieza clave en las recientes consagraciones del equipo de Eduardo Domínguez —el Torneo Clausura y el Trofeo de Campeones—, parecía haber iniciado ya su despedida del universo albirrojo. El pasado lunes, el futbolista se hizo presente en el estadio de La Plata para observar desde la platea el triunfo por la mínima diferencia ante Deportivo Riestra, y los simpatizantes, presintiendo su inminente mudanza a la condición de adversario, le dedicaron elocuentes gestos de despedida. Nadie imaginaba entonces que el pase ingresaría pocas horas después en una suerte de congelador.
La armonía entre las cúpulas dirigenciales constituye, en este convulsionado panorama, el único elemento que permanece inalterable. La relación entre Riquelme y Juan Sebastián Verón, referentes máximos de Boca y Estudiantes respectivamente, atraviesa un momento óptimo, apuntalado por la reciente transferencia de Santiago Ascacibar al plantel orientado por Claudio Úbeda. Ese vínculo de respeto mutuo y fluidez institucional podría resultar determinante en las próximas horas, cuando la revisión definitiva arroje luz sobre la verdadera condición física del atacante.
La pregunta que sobrevuela los pasillos de Brandsen 805 y también los de calle 57 es si, en caso de que los exámenes confirmen los temores iniciales, existirá margen para renegociar los términos de la operación o si, por el contrario, el pase se desmoronará de manera irremediable. Será recién este miércoles cuando el reloj detenga su tic-tac y la incertidumbre se disipe.
Mientras Cetré espera, el contexto deportivo en Boca dista de ser alentador. El conjunto auriazul transita el Torneo Apertura con apenas seis unidades en su haber, a dos del líder de la Zona A, Vélez Sarsfield, y viene de sufrir una dolorosa caída precisamente ante el Fortín en Liniers, resultado que encendió las críticas de la hinchada y colocó al entrenador Claudio Úbeda en el centro de la tormenta. El plantel, además, lidia con una preocupante raigambre de lesiones que afecta incluso a su máxima expresión de desequilibrio ofensivo: el Changuito Zeballos, recientemente desertado por un desgarro. La hipotética incorporación de Cetré apuntaba precisamente a maquillar esa sensible ausencia y a potenciar las opciones del equipo si ambos extremos, con su velocidad característica, lograban compartir el campo de juego. Ese sueño, por ahora, permanece en pausa.
