La moneda norteamericana acumula una contracción cercana al tres por ciento en lo que va del año, en un escenario signado por una abundante liquidez de divisas y una demanda privada moderada que desafía la estacionalidad histórica del período estival
El mercado de cambios argentino asiste a un fenómeno inusual en plena temporada de verano: la divisa estadounidense oficial transita sus primeras semanas de 2026 con una tendencia declinante que contradice las tradiciones presiones alcistas características de esta época del año. La cotización mayorista concluyó la jornada en valores próximos a los 1400 pesos, luego de experimentar un retroceso acumulado que ronda el tres por ciento desde el cierre de 2025, configurando un panorama donde la afluencia de moneda extranjera prevaleció de manera persistente sobre las intenciones compradoras del sector privado.
Este comportamiento contractivo del tipo de cambio obedece a una confluencia heterogénea de factores provenientes tanto del escenario global como de la dinámica doméstica. En las coordenadas internacionales, el billete verde exhibió un performance debilitada frente a un abanico diversificado de divisas, con su índice de referencia perdiendo vigor en medio de renovadas fricciones geopolíticas y una reformulación de las proyecciones acerca de los rumbos que adoptarán las principales autoridades monetarias del mundo desarrollado. Esta coyuntura externa resultó propicia para las economías emergentes y coadyuvó al fortalecimiento de numerosas monedas latinoamericanas.
Dentro del territorio nacional, la decisiva influencia provino del robustecimiento del flujo oferente de dólares. Enero presenció liquidaciones provenientes del entramado agroexportador que excedieron holgadamente los cien millones de dólares por jornada como promedio, constituyéndose en uno de los registros más voluminosos observados durante los últimos trimestres. Este caudal principal se vio complementado por la afluencia de capitales derivados de colocaciones de deuda realizadas por entidades provinciales y corporaciones privadas nominadas en moneda foránea, operaciones que en conjunto movilizaron aproximadamente mil trescientos millones de dólares durante el primer mes del año. Adicionalmente, las entidades financieras locales intensificaron la concesión de préstamos denominados en divisas estadounidenses, ampliando sustancialmente la masa de recursos disponibles para transaccionar en el segmento libre de cambios.
El frente demandante, por contrapartida, evidenció una conducta ostensiblemente más comedida. El apetito por refugio cambiario experimentó un marcado enfriamiento, mientras que el ritmo de expansión de las adquisiciones externas destinadas a abastecimiento importador se desenvolvió con una velocidad disminuida, aliviando consecuentemente la tensión sobre el mercado. A estos elementos se sumó la persistente atracción ejercida por las elevadas remuneraciones nominales ofrecidas por los activos en pesos. Hacia la culminación del ejercicio precedente, las tasas anualizadas excedían el cuarenta por ciento, y pese a que iniciaron un sendero descendente que las aproxima actualmente a franjas del treinta al treinta y dos por ciento, continúan brindando retornos reales positivos en un entorno caracterizado por la quietud cambiaria.
Tal combinación de circunstancias posibilitó que la cotización mayorista evidenciara retrocesos durante cinco de las siete sesiones iniciales de febrero, acumulando una merma aproximada del cuarenta y cinco por ciento medido en términos nominales anualizados dentro de ese intervalo. Las proyecciones predominantes entre los agentes económicos anticipan que la paridad cambiaría se deslizará paulatinamente dentro del sistema de bandas implementado por la autoridad monetaria, con correcciones periódicas cuya magnitud permanecería rezagada respecto del incremento generalizado de precios. Esta configuración conlleva una ganancia efectiva del poder adquisitivo interno de la moneda local, sustentada por la constante afluencia de recursos externos y el sesgo restrictivo imperante en la conducción monetaria.
El balance de intervenciones oficiales arrojó durante el transcurso del año un saldo neto positivo en términos de adquisiciones, aunque el volumen de compras evidenció una moderación respecto al ímpetu exhibido meses atrás. Las operaciones con resultado comprador acumulan excedentes por encima de los mil seiscientos millones de dólares en lo que va del ejercicio. Sin embargo, el nivel de activos de reserva mostró oscilaciones acotadas, estabilizándose alrededor de cuarenta y cinco mil doscientos millones de dólares, cifra influida por desembolsos destinados a cancelar compromisos con organismos multilaterales de crédito, conjuntamente con el retroceso experimentado en la valorización internacional del metal precioso, que sufrió una depreciación superior al medio punto porcentual durante la última jornada.
El segmento bursátil reflejó comportamientos divergentes según el indicador examinado. El índice S&P Merval evidenció contracciones aproximadas al uno por ciento expresado en moneda nacional, mientras que su traducción a divisas estadounidenses arrojó pérdidas casi imperceptibles. Las compañías argentinas con cotización simultánea en plazas extranjeras exhibieron predominio de signo negativo, en una atmósfera impregnada por expectativas cautelosas mientras los operadores aguardan la difusión oficial del índice inflacionario, sumado a un trasfondo de inquietudes vinculadas con la arquitectura institucional.
El segmento de títulos públicos soberanos, por el contrario, consiguió desandar las tendencias bajistas inaugurales para finalizar la jornada en terreno positivo, destacándose especialmente los papeles de menor maduración temporal, cuyas cotizaciones treparon hasta un uno y medio por ciento. El indicador de riesgo soberano permaneció sin modificaciones sustanciales, estabilizado en el entorno de los quinientos puntos básicos. En este contexto, la administración central renovó su presencia en el mercado mediante una convocatoria diversificada que incluyó instrumentos a rendimiento fijo, títulos indizados conforme la trayectoria inflacionaria, valores a tasa flotante y papeles vinculados a la evolución cambiaria, estrategia orientada a afrontar los vencimientos inmediatos y sostener la continuidad del programa financiero oficial en un clima de relativa bonanza cambiaria.
