En el marco de un acercamiento político con el gobernador peronista Ricardo Quintela, la vicepresidenta fue duramente cuestionada por el reconocido músico folklórico Ramiro González, quien la acusó de minimizar los crímenes de la última dictadura cívico-militar y le dedicó un tema a la memoria de monseñor Enrique Angelelli, asesinado por el terrorismo de Estado.
La provincia de La Rioja, envuelta en el polvo de la tradición y el fervor de la Fiesta Nacional de la Chaya, se convirtió este fin de semana en el escenario de una nueva controversia política y social. La llegada de la Vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, con el objetivo de tejer lazos políticos con el mandatario provincial Ricardo Quintela, se vio abruptamente interrumpida por un fuerte reclamo público que puso en el centro del debate su postura histórica sobre el terrorismo de Estado en Argentina.
Mientras la vicepresidenta desplegaba una nutrida agenda oficial que incluyó reuniones de trabajo y gestos de acercamiento a las tradiciones locales, el clima de celebración popular se tensó durante una de las actuaciones centrales del festival. El cantautor riojano Ramiro González, con su guitarra y su voz como estandartes, utilizó su espacio en el escenario para lanzar un contundente mensaje de protesta dirigido directamente a la funcionaria nacional.
Visiblemente emocionado y con la firmeza que caracteriza a su arte, el músico anunció la interpretación de «Un triunfo», una de sus obras más emblemáticas. Sin embargo, antes de comenzar a cantar, dedicó la pieza a la memoria de «todos nuestros desaparecidos», haciendo especial hincapié en la figura de monseñor Enrique Angelelli, el obispo de La Rioja asesinado en 1976 por la dictadura cívico-militar. Fue en ese instante cuando González elevó el tono de su reclamo, señalando la contradicción que, a su juicio, representaba la presencia de Villarruel en una provincia tan castigada por el terrorismo de Estado.
«En momentos va a aparecer por aquí Victoria Villarruel con el negacionismo, en una provincia signada por la dictadura militar, con un montón de personas desaparecidas, 50 desaparecidos, Enrique Angelelli entre ellos», manifestó el intérprete ante un público que respondió con aplausos. Lejos de detenerse allí, el cantautor reivindicó con orgullo la identidad política y social de su tierra, definiéndola como «montonera y peronista», en una clara contraposición a la ideología de la vicepresidenta. Tras su presentación, en diálogo con el medio local Nueva Rioja, González profundizó sus críticas, calificando la visita como «una afrenta a un pueblo que tuvo desaparecidos» y reiterando que no se puede «suavizar, minimizar ni negar» el asesinato de Angelelli y de las víctimas del terrorismo de Estado.
El incidente puso de relieve la compleja trama política que rodeó la visita de Villarruel a La Rioja. Su viaje se produjo inmediatamente después de la aprobación de la reforma laboral en el Senado, un movimiento interpretado por analistas como otro gesto de distanciamiento de la órbita del Poder Ejecutivo que conduce Javier Milei. En este contexto, su encuentro con Quintela, una de las voces más prominentes del peronismo no kirchnerista y crítico abierto de la gestión libertaria, adquiere una relevancia significativa. La reunión en la Casa de Gobierno provincial, donde la vicepresidenta fue recibida por el gobernador, la vicegobernadora Teresita Madera, el intendente capitalino Armando Molina y los senadores nacionales Fernando Rejal y Florencia López, evidenció un pragmatismo político que busca construir puentes por fuera de las líneas partidarias tradicionales.
En ese ámbito institucional, la titular del Senado optó por un discurso alejado de la polémica, centrado en la reivindicación del federalismo. «Cada vez quedan menos provincias para dar la vuelta completa a la Argentina y el objeto es que sientan que pensamos en ustedes, que allá en Buenos Aires los tenemos presentes, que aquí me siento riojana y, ante todo, el mensaje de federalismo y de trabajo», declaró Villarruel, buscando proyectar una imagen de cercanía y gestión territorial. Su agenda incluyó además una visita a la Catedral local y un encuentro con el obispo Dante Braida en el Santuario de San Nicolás de Bari, donde mostró interés por la labor social de la Iglesia y se comprometió a colaborar en iniciativas para combatir la pobreza y la ludopatía.
En marcado contraste con el altercado del festival, la vicepresidenta también se mostró entusiasmada por sumergirse en las costumbres riojanas. «Vengo con toda la curiosidad. Me tienen que tirar harina, que dar la albahaca, pienso colgarme el ramito, pienso hacer todas las costumbres. Estoy muy contenta», confesó a la prensa, intentando conectar con el espíritu festivo de la Chaya, una celebración de raíces ancestrales que mezcla lo sagrado y lo pagano.
La gira por La Rioja se inscribe en una serie de recorridas que la vicepresidenta viene realizando por el interior del país, consolidando un perfil propio y autónomo que parece desmarcarse cada vez más de la gestión cotidiana del oficialismo. Mientras tanto, en la Casa Rosada, las especulaciones sobre el futuro de la fórmula política comienzan a tomar forma: fuentes cercanas al Ejecutivo deslizan que, de cara a los comicios de 2027, se descarta por completo la posibilidad de que Villarruel vuelva a integrar un binomio presidencial con Javier Milei, alimentando la teoría de que el vínculo político entre ambos, alguna vez sólido, transita ahora por caminos cada vez más divergentes. La polémica en La Rioja, con el eco del folclore y el reclamo de memoria de fondo, no hace más que profundizar esa distancia.
