A cuatro días del suceso, los equipos de rescate rastrillan el lecho marino con tecnología robótica mientras la familia clama por una investigación exhaustiva. El responsable de las tareas de salvamento admitió que las esperanzas de hallar con vida a Sofía Devries son prácticamente inexistentes.
La inmensidad del Golfo Nuevo guarda desde el lunes un secreto que mantiene en vilo a la comunidad de Puerto Madryn y a una familia oriunda del conurbano bonaerense. Sofía Devries, una joven de 23 años oriunda de Villa Ballester, permanece desaparecida tras sumergirse en las profundidades marinas de Punta Cuevas junto a un grupo de buzos que buscaban alcanzar una certificación deportiva. Lo que debía ser una jornada de formación y conexión con el fondo submarino se transformó en una pesadilla cuando tres de los cuatro buceadores emergieron, pero la joven no regresó a la superficie.
Adrián Wagener, máximo responsable de Salvamento y Buceo de la Prefectura Naval Argentina, detalló el operativo desplegado en la zona tras recibir la alerta. Diez buzos especializados peinan el área del hundimiento del buque «HU SHUN YU 809», un pecio que yace a unos veinte o veinticinco metros de profundidad y que se ha convertido en el epicentro de las pesquisas. Cuatro efectivos adicionales se sumarán en las próximas horas, incorporando un vehículo operado remotamente que permitirá extender los tiempos de exploración bajo el agua sin las limitaciones humanas.
Las declaraciones del funcionario sacudieron el espíritu de quienes aún albergaban alguna ilusión: «La posibilidad de encontrarla con vida es nula», sentenció Wagener durante una comunicación radial, basando su afirmación en los testimonios de los otros integrantes de la inmersión, quienes aseguran no haber visto a Devries emerger en ningún momento. Las tareas se centran ahora en el rastreo del cuerpo, mientras se intenta reconstruir con precisión los instantes previos a la desaparición.
Una inmersión que terminó en tragedia
La excursión había partido organizada por la empresa Freediving Patagonia, con siete personas a bordo de la embarcación. Cuatro de ellos decidieron sumergirse: un instructor, la joven desaparecida y dos aspirantes a obtener una titulación que les permitiera acreditar conocimientos en buceo deportivo. Según pudo reconstruirse, el grupo descendió en un sector de corrientes benignas y visibilidad generalmente aceptable, condiciones que desde la Prefectura calificaron como apropiadas para la práctica.
El momento crítico se desencadenó cuando la persona que oficiaba como compañero de buceo de Devries ascendió precipitadamente, informando que la joven atravesaba una «situación complicada». El instructor, sin dudarlo, emprendió múltiples descensos para intentar localizarla, excediendo ampliamente las inmersiones recomendadas desde el punto de vista fisiológico. Ese sobreesfuerzo le valió una atención hospitalaria al regresar a tierra firme, aunque fuentes médicas confirmaron que se encuentra fuera de peligro.
Wagener expuso la hipótesis que cobra mayor fuerza entre los investigadores: «Por la profundidad, la temperatura del agua u otros factores, es posible que haya entrado en pánico y se haya quitado el regulador de la boca o haya ejecutado una maniobra incorrecta al carecer de la experiencia suficiente para lidiar con imprevistos». El funcionario aclaró que, si bien la muchacha poseía conocimientos previos —pues no se trataba de un bautismo de buceo sino de una instancia formativa para buzos deportivos—, el manejo de situaciones límite requiere destrezas que se adquieren con la práctica continuada.
Una segunda línea investigativa, aunque considerada menos probable, contempla la posibilidad de que la joven hubiera quedado enganchada en algún elemento del pecio o del fondo marino, impidiéndole retornar. Los cilindros de aire que portaba tenían una capacidad de entre nueve y quince litros, lo que en esas profundidades otorga una autonomía que ronda los veinte o treinta minutos, siempre dependiendo del consumo individual y la frecuencia respiratoria.
Cuestionamientos al accionar oficial
Mientras las tareas de búsqueda prosiguen sin pausa, el entorno íntimo de Sofía ha levantado la voz para cuestionar la celeridad y el enfoque de las autoridades. Su pareja, un joven llamado Leandro, utilizó sus perfiles en redes sociales para expresar su descontento con el proceder de la Prefectura Naval. Según su relato, prima hermana, la fuerza priorizó los trámites administrativos por sobre una respuesta inmediata que podría haber marcado la diferencia.
«Se concentraron en lo burocrático, en lugar de buscar sin demora y aceptar el ofrecimiento de otros buzos pertenecientes a las escuelas de Puerto Madryn que estaban dispuestos a colaborar», manifestó el joven, visiblemente afectado por la situación. En su descargo, Leandro aseguró que ni él ni la familia de la joven recibieron contención ni información oportuna, y que el despliegue inicial resultó insuficiente frente a la magnitud de la emergencia.
Desde la fuerza de seguridad marítima, Wagener respondió indirectamente a estas críticas al detallar el operativo desplegado desde el primer momento, que incluyó siete buzos el mismo día del incidente, tres adicionales al día siguiente y la incorporación progresiva de más efectivos y tecnología. El responsable de Salvamento defendió la idoneidad de los procedimientos y recordó que la zona donde ocurrió el siniestro está debidamente habilitada para la práctica del buceo, con controles periódicos que garantizan su seguridad relativa.
El escenario del drama
El área de Punta Cuevas, donde yace el pecio del «HU SHUN YU 809», constituye un atractivo para los amantes del buceo por la posibilidad de explorar un resto hundido que el tiempo ha cubierto parcialmente, sin permitir el ingreso al interior de la estructura. Wagener describió el lugar como un punto reconocido por la Prefectura, de profundidad moderada y condiciones generalmente favorables, aunque insistió en que alcanzar los veinticinco metros bajo la superficie exige una preparación específica que no todos los practicantes poseen.
La investigación deberá determinar si Sofía Devries y sus compañeros de inmersión contaban con las credenciales apropiadas para realizar ese tipo de descenso, dado que existen en las proximidades otros puntos de menor profundidad igualmente autorizados que podrían haber resultado más adecuados para el nivel de los participantes. Las autoridades no descartan ninguna línea y trabajan en el análisis de las comunicaciones, los testimonios y la documentación de la empresa organizadora.
Mientras el reloj corre implacable, la comunidad de buceadores de Puerto Madryn se mantiene en vilo, y la familia de la joven espera respuestas que tal vez solo el fondo del mar pueda entregar. El operativo continuará en los próximos días con el apoyo del robot submarino, que permitirá explorar rincones inaccesibles para el ser humano, en la desesperada búsqueda de un desenlace que, pese a todo, aún no termina de escribirse.
