«1111»: la nueva apuesta televisiva que busca romper con la concentración mediática desde el respeto y el pluralismo

«1111»: la nueva apuesta televisiva que busca romper con la concentración mediática desde el respeto y el pluralismo

Un equipo de periodistas de amplia trayectoria y nuevas voces desembarca este jueves en la pantalla de Argentina/12 con una propuesta que recupera el debate profundo, la diversidad de miradas y el compromiso con la información rigurosa en tiempos de discursos de odio y fake news.

«Se hace imperioso escuchar otras voces y construir otra manera de informar, no desde la humillación o la agresión sino desde el respeto y la honestidad, con gente que sabe mucho y te puede aportar otra mirada». La contundente reflexión de Federica Pais funciona como una suerte de manifiesto fundacional para el ciclo que este jueves 19 desembarcará en la pantalla de Argentina/12. Se trata de una propuesta dedicada al análisis político y de coyuntura que ocupará la franja central del prime time, de lunes a viernes entre las 21.30 y las 23, con el ambicioso objetivo de horadar un esquema de concentración y monopolios informativos que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sancionada en 2009 intentó revertir sin éxito duradero.

La iniciativa recupera el espíritu del debate colectivo y la discusión de los acontecimientos desde una perspectiva editorial definida, aunque con la convicción de que la mesa debe reflejar la complejidad del pensamiento crítico a través de opiniones diversas. La conducción estará a cargo de Pais, mientras que un equipo periodístico rotativo integrará diariamente el espacio con las firmas de Luis Bruschtein, Cynthia García, Roberto Caballero, Matías Castañeda, David Cufré, Raúl Dellatorre, Melisa Molina, Daniel Rosso, Úrsula Vargues, y las frescas miradas de Juana Politizada y Yamilaneso, dos exponentes de las nuevas narrativas digitales.

«Este proyecto constituye una sorpresa y al mismo tiempo un enorme desafío. Yo seré la presentadora y anfitriona, tendré la responsabilidad de distribuir la palabra y ordenar el juego pero lo sustancial es el valioso equipo periodístico que participará de manera rotativa a lo largo de la semana. Ellos representan el verdadero lujo de esta apuesta», asegura Pais, quien prefiere evitar el término «panel» por considerar que esa denominación tiende a «desmerecer la jerarquía del trabajo periodístico». La conductora explica que la política funcionará como eje vertebrador pero no como contenido excluyente, y se muestra convencida de que se trata de «una oportunidad extraordinaria». Agrega que el verdadero reto consistirá en «forjar una identidad propia» durante las emisiones, un proceso ineludible en cualquier formato televisivo que depende crucialmente de la química y el compromiso del equipo humano.

La verdad como horizonte en tiempos de confusión

En una época donde las noticias falsas proliferan con alarmante naturalidad y los límites entre lo real y lo construido se vuelven cada vez más borrosos, la propuesta reivindica el valor de la autoría y la responsabilidad sobre lo dicho. «En este programa hay firmas», subraya Pais con énfasis. Una de esas plumas es la de Luis Bruschtein, quien sostiene que en el contexto actual «resulta fundamental ofrecer una perspectiva diferente» y define lo que ocurrirá en Argentina/12 como «una mirada coral, polifónica». «Todos los compañeros que participan son profesionales con trayectoria. Atravesamos un momento extremadamente complejo en el país, con temas altamente controversiales donde a veces se torna difícil abordarlos desde una posición inteligente. Creo que es indispensable introducir un debate que no siembre odio sino que propicie ideas. Existen numerosas cuestiones que se presentan como hegemónicas pero están erosionando el tejido social y la identidad que constituye a un pueblo. Eso necesita comenzar a ser discutido aunque sea desde una voz pequeña, a contrapelo de los discursos dominantes. Hay aspectos básicos de convivencia que están siendo sistemáticamente destruidos por el relato instalado desde el gobierno», advierte el experimentado periodista de Página/12.

Los tiempos que corren no resultan propicios para el ejercicio periodístico independiente. La reciente reforma laboral colocó sobre la mesa la discusión acerca de diversos estatutos profesionales, entre ellos el del periodista. «Para mí esto no representa una cuestión meramente corporativa, sino algo de enorme trascendencia. Considero que los periodistas poseen pensamiento político, es un oficio donde también abundan los arribistas y aventureros, pero el estatuto tiene un fundamento medular», señala Bruschtein. «Generalmente, el periodista trabaja en relación de dependencia para una empresa, sale a la calle y realiza una cobertura. Si esa nota incomoda a alguien con poder económico, político o religioso, todos sabemos que ese personaje se comunica con la empresa periodística para exigir su despido. Eso ocurre con frecuencia. La empresa muchas veces responde cediendo a esa presión. Por eso resulta tan crucial contar con un estatuto, porque está directamente vinculado con la libertad de expresión», destaca.

Bruschtein opina que en la actualidad «los medios de comunicación desempeñan un papel protagónico, no solamente los tradicionales sino también las redes que se han incorporado a ese entramado informativo», aunque se trata de una estructura que frecuentemente «tiende a la desinformación debido a la saturación de contenidos desjerarquizados y a la multiplicidad de medios que promueven la fragmentación». El mayor desafío para el periodista consiste en construir «una voz que no se sume al coro del poder hegemónico sino que se transforme en un contrapoder efectivo» para generar «una tensión creativa entre las redacciones y las empresas periodísticas», uno de los compromisos éticos más exigentes de la profesión.

Más allá de la lógica algorítmica

A Matías Castañeda le sedujo la propuesta porque vislumbra «debate, información y entretenimiento con una perspectiva amplia». También se sintió convocado por la calidad del equipo y asegura: «A la mayoría los conozco profesionalmente y todos tienen algo valioso para aportar». Castañeda valora la construcción de «una mirada diferente» en un momento donde «todo parece discurrir en una misma dirección» en el escenario mediático. «Encontrar un nuevo nicho era una necesidad en la televisión argentina», subraya. «Intentaremos profundizar para alcanzar una discusión más compleja y comprender cabalmente lo que sucede. Muchas veces los medios tradicionales suelen caer en disputas superficiales que no conducen a ninguna parte, debates que se sostienen artificialmente porque generan rating o engagement en las redes».

Los integrantes del equipo comparten una mirada crítica sobre el fenómeno mileísta pero Castañeda remarca que «resulta necesario entender por qué amplios sectores de la sociedad continúan respaldando esas opciones para poder desarticular ese fenómeno y evitar que se perpetúen este tipo de decisiones». «Frecuentemente mantengo discusiones en el ámbito digital: me agravian pero yo respondo con un dato o un argumento sólido y la situación se transforma, algo se desactiva», apunta. Esa lógica de redes es manejada con solvencia por Juana y Yamil, dos referentes de las nuevas formas de comunicación. «Creo que puedo contribuir con una mirada juvenil desde la experiencia digital», subraya Juana. «Soy peronista y kirchnerista, no tengo inconveniente en manifestarlo públicamente y considero que eso otorga mayor legitimidad a mi opinión cuando abordo ciertos temas».

Juana confiesa que su mayor temor es que los «cancelen» y explica que su audiencia natural está conformada por personas jóvenes, en el rango de 20 a 35 años, que transitan extensas horas en el universo online: «Manejo cierta jerga generacional y una forma de expresarme muy coloquial, casi doméstica, y allí identifico un desafío significativo porque entiendo que las personas que consumen televisión lineal tienen generalmente más de 40 años». Yamil, por el contrario, dice entre risas que espera ser cancelado y plantea: «La intención no es ofender pero todo lo que intentamos hasta ahora evidentemente no funcionó. Hace poco entrevisté a un dirigente político y le pregunté qué creía que debíamos hacer. Me respondió que teníamos que golpear todas las puertas. Quizás deberíamos probar con esa estrategia…».

Juana critica las «discusiones estériles» y ejemplifica su postura con el reciente debate en torno a los therians, una temática que se viralizó vertiginosamente por sus componentes extravagantes pero que, estrictamente, no modifica las condiciones materiales de existencia de la ciudadanía. Su compañero también expresa preocupación por lo que califica como «posturas ridículas» y explica que actualmente resulta imposible tener un termómetro confiable de nada: «Antes era menor la cantidad de personas que hablaban desde un púlpito pero ahora todos nos convertimos en opinadores, analistas, dirigentes, y eso nos conduce a situaciones que resultan algo absurdas. Me parece valioso intentar escapar de las lógicas impuestas por el algoritmo».

La rigurosidad como bandera

Otra integrante de la nueva generación es Melisa Molina, periodista de la sección Política en Página/12 que participará en la mesa una vez por semana y comenta: «Representa un desafío mayúsculo en el contexto actual, donde predominan la violencia, los discursos de odio y las agresiones hacia nuestra profesión, ejercer el periodismo de manera seria, responsable y rigurosa. Considero que hoy, más que nunca, tenemos la obligación de trabajar para acercar a las audiencias información clara y precisa e intentar ensanchar el debate mediante la incorporación de todas las voces. Deseo que el programa se constituya en un espacio de reflexión, sin estridencias ni agresiones, donde podamos informar e intentar comprender colectivamente la realidad contemporánea. Es nuestra responsabilidad como trabajadores de prensa buscar ampliar el debate democrático con menos opinión y más información contrastada».

Esa orientación expresan también las palabras de Raúl Dellatorre, experto en Economía de este diario: «Aquí confluyen colegas a quienes respeto profundamente y con posturas que no son uniformes; seguramente eso generará debates fructíferos, porque si bien todos mantenemos posiciones críticas hacia el gobierno existen matices que me parece muy saludable discutir, encontrar respuestas colectivamente», afirma. «Resulta necesario tener una mirada profunda sobre problemas existentes y algunos que perduran desde hace tiempo y que debemos admitir que gestiones anteriores no han podido resolver. Lo que estamos atravesando combina las malas políticas que se están implementando, la perversidad de algunos funcionarios carentes de sensibilidad social, pero también cierta inmovilidad en las reacciones ciudadanas que permite que esto continúe avanzando. Son temas impostergables para una discusión desde el campo popular, para encontrar respuestas y unidad en la acción. En este momento el periodismo tiene una responsabilidad enorme: esclarecer y abrir espacios, y esa es precisamente la propuesta de 1111, y por eso la expectativa que compartimos todos los que participamos de esta experiencia».

El compromiso democrático como brújula

Cynthia García considera que «1111 debe ocupar un lugar que actualmente presenta un déficit en los medios convencionales, y es el de la discusión acerca del poder real y su trama de influencia a nivel nacional, regional y global». Por otra parte, está convencida de que resulta necesario «aportar a la construcción y sostenimiento de una voz comunicacional colectiva que pase a la ofensiva» a través de una «batalla por el sentido» y un proceso de edificación de «audiencias politizadas, plurales, conscientes y democráticas». Para García el objetivo prioritario de 1111 será «correr el velo que el poder mediático y corporativo quiere imponerle a la proscripción de Cristina Fernández».

«Se ha naturalizado la proscripción del peronismo que se materializa en la exclusión de la expresidenta. Como si todo pudiera continuar igual mientras la Argentina pierde institucionalidad y garantías constitucionales. Ese eje central puede iluminar toda la trama de destrucción de derechos que padecemos. Quizás logremos, entre todas y todos, dilucidar, en la relatividad del tiempo y en los procesos de nuestra historia reciente, que el futuro que anhelamos proviene del pasado que pudimos disfrutar como sociedad». Consultada sobre la agenda de 1111, asegura que será «propositiva, porque entendemos que la pelea comunicacional es la batalla cultural por la emancipación de nuestros pueblos. Es una frase que voy a sostener siempre: me niego a ocupar el lugar fugaz en el que el tecnocapitalismo pretende ubicarnos».

El periodista David Cufré, también integrante de la sección Economía de Página/12, declara: «Constituye una oportunidad excepcional para analizar y aportar información en un momento bisagra de la historia nacional, como ocurrió en los años noventa con el menemismo o en la década del 2000 con el kirchnerismo. Procesos de transformación tan abruptos sacuden a la sociedad. Que se abran espacios para la reflexión me parece fundamental». Daniel Rosso, por su parte, realiza un diagnóstico sobre el presente y señala que en la administración actual existe una tendencia a definir la democracia como «la suma de todas las partes menos una»; por ende, «superponen el concepto de democracia con el de exclusión». Para el sociólogo, la proscripción de Cristina Fernández supone el intento de eliminar del mapa a toda una cultura política, algo que constituye ya una tradición en la historia argentina.

«Imagino que este programa intentará colocar en la escena pública a esa cultura política que el poder concentrado quiere excluir. Frente a esa operación de exclusión, una operación de resistencia. Nadie está sosteniendo que esa cultura política deba ocupar un lugar hegemónico, pero sí debe tener un espacio garantizado». Por otra parte, Rosso asegura que «con un gobierno de estas características la información está en tensión permanente» y se hace necesario retornar a una «lógica de profundidad, que no tiene por qué ser solemne». El periodista señala que hoy los nuevos medios «le quitan solemnidad pero también rigor y profundidad al tratamiento de los temas», por lo tanto, el desafío consistirá en conjugar una mirada fresca con información rigurosa para «entregarle a la ciudadanía una curaduría confiable sobre los temas relevantes».

Úrsula Vargues espera que este ciclo pueda «agregar algo de reflexión al momento que estamos viviendo, la posibilidad de debatir, de no estar de acuerdo y que el otro no sea concebido como un enemigo sino como un adversario legítimo». La periodista alude a una repetición histórica sumamente preocupante ligada al fascismo, un escenario en el que se califica de «kuka» o «zurdo» a cualquiera que exprese una opinión contraria al gobierno: «Todos los integrantes de la mesa tenemos puntos de coincidencia básicos en torno a la educación, la salud, la democracia. Hoy debemos preguntarnos por qué permitimos que agredan a nuestros abuelos, que despojen a las personas con discapacidad. Siento que existe un goce en la crueldad por parte de esta administración».

En relación al escenario mediático, Vargues plantea su preocupación por los despidos de periodistas que se atreven a abordar cuestiones como el genocidio en Gaza: «Me produce mucho temor que no se hable de esto porque revela una sociedad idiotizada. Que te coloquen la etiqueta de antisemita es terrible porque no estamos discutiendo acerca de la comunidad judía sino del Estado de Israel». También critica la falta de hondura en los debates contemporáneos. El periodismo siempre plantea una tensión entre objetividad y opinión. Curiosamente, muchos de los profesionales que se autoperciben como objetivos e independientes están a cargo de los editoriales más extensos en el prime time televisivo. «La objetividad no existe. Hay una batalla que viene ganando el poder real de nuestro país, integrado por los mismos sectores de siempre; esas elites compran voluntades y opiniones, y señalan a quienes no estamos a favor como militantes, pero yo no estoy afiliada a ningún partido político. Ellos se perciben a sí mismos como objetivos y rigurosos. La diferencia es que algunos asumimos nuestra subjetividad y otros se venden como los dueños de la moral».

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