Misterio en las profundidades: la última inmersión de Sofía Devries

Misterio en las profundidades: la última inmersión de Sofía Devries

El hallazgo del cuerpo de la joven comunicadora en Puerto Madryn, la investigación judicial se adentra en las turbias aguas de la responsabilidad profesional. Mientras los testimonios apuntan a un fatal ataque de pánico, los pesquisas intentan determinar si hubo negligencia por parte de los instructores a cargo de la travesía subacuática.

El mar, que suele guardar silencio, esta vez ha comenzado a revelar sus secretos. Pero las respuestas que afloran en el Golfo Nuevo son tan complejas como las corrientes que lo atraviesan. La conmoción por la muerte de Sofía Devries, la joven de 23 años que perdió la vida mientras practicaba buceo en las costas de Puerto Madryn, ha dado paso a una minuciosa pesquisa judicial que busca desentrañar las circunstancias exactas del trágico suceso. El cuerpo sin vida de la comunicadora fue recuperado el miércoles pasado cerca del mediodía, aunque en los ambientes judiciales ya se manejaba con pesimismo el resultado de la búsqueda. Ahora, la fiscalía se enfrenta al desafío de esclarecer si lo ocurrido esconde una responsabilidad penal.

Las autoridades judiciales trabajan con la hipótesis de que, de comprobarse una falta, ésta sería de carácter culposo, es decir, un accionar negligente pero sin la intención directa de provocar el daño. El eje de la pesquisa, según confiaron fuentes con acceso al sumario a Infobae, se centra en una pregunta estremecedora: «Estamos trabajando para establecer si las personas que debían resguardar su integridad no lo hicieron adecuadamente». La pesquisa, lejos de tener «una hipótesis cerrada», se asemeja a un rompecabezas en el que cada pieza, desde el testimonio de los testigos hasta el parte meteorológico, es crucial para entender lo que ocurrió en la soledad del lecho marino.

El pánico en el abismo: el desgarrador relato del novio

Entre las declaraciones que ya militan en el expediente, a cargo inicialmente de la fiscal María Angélica Cárcamo y ahora en manos de su colega María Eugenia Vottero, cobra especial relevancia el testimonio de la persona más cercana a Sofía en sus últimos momentos: su novio. El joven, principal testigo de la travesía, ofreció un relato estremecedor sobre los instantes previos a la tragedia. Según detallaron los voceros, el muchacho manifestó que su pareja «entró en una crisis, probablemente desatada por el miedo», una situación de pánico que la habría llevado a cometer un acto fatal en la inmensidad del agua: quitarse el regulador, el dispositivo que le suministraba aire.

Este gesto desesperado, el de sacarse la boquilla para respirar en un entorno hostil, es una reacción conocida en situaciones de angustia extrema bajo el agua. El prefecto Adrián Wagner, jefe de Salvamento y Buceo de la Prefectura Naval, explicó a este medio la mecánica del siniestro: «Si una persona se saca el regulador en un contexto de pánico, no puede respirar, abre la boca y el agua ingresa a los pulmones». La explicación técnica dibuja un cuadro de terror, donde la falta de aire y la ansiedad se conjugan para desencadenar un ahogamiento. Pese a la claridad de este testimonio, desde el ministerio público se apresuraron a aclarar que, por el momento, no existen imputaciones formales contra ningún involucrado.

La sombra de la negligencia: el instructor en la mira

Mientras la figura de Sofía se convierte en el centro del dolor, la mirada acusadora de la justicia comienza a dirigirse hacia los profesionales que guiaban la expedición. La investigación intenta determinar con precisión el grado de responsabilidad que le cupo al instructor de buceo, un miembro de una escuela especializada con sede en Buenos Aires. La duda que sobrevuela el expediente es inquietante: ¿debía haber estado junto a la pareja en ese momento crítico para intentar un rescate?

«Queremos determinar si, ante esa situación límite, el instructor tenía la obligación de estar sumergido con ellos para auxiliarla», señalaron las fuentes consultadas. La dinámica del grupo, que se sumergía en parejas, ha añadido complejidad al caso. Aún no está esclarecido si el profesional ya había emergido a la superficie cuando Sofía comenzó a hundirse en su propia crisis, dejándola sola con su novio en un ambiente de baja visibilidad. Esta posible falla en la supervisión es el núcleo de la hipótesis que podría convertir al instructor, y quizás al operador de la embarcación que los trasladó al punto de inmersión, en imputados por una presunta conducta negligente.

La peligrosidad del lugar elegido para la práctica no es un detalle menor. El grupo, que había realizado sus prácticas previas en una pileta, se enfrentó a las condiciones reales del mar en el parque submarino «HU SHUN YU 809», dentro del Golfo Nuevo. «Es un caso muy delicado y complejo», reflexionó la fuente judicial. «Se están analizando las condiciones climáticas tanto en la superficie como en el fondo. Sabemos cómo estaba el clima allá arriba, pero queremos saber cómo era el entorno allí abajo». La visibilidad reducida, de unos tres metros según Prefectura, y las permanentes corrientes del área, convierten a este lugar en un escenario de alto riesgo para buceadores no experimentados. La investigación, ahora en plena fase de recolección de pruebas, espera los resultados periciales que dictaminen si el mar y el factor humano se confabularon para escribir el final más triste.

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