En una jornada clave para la gestión libertaria, la Cámara baja logró el respaldo necesario para avanzar con el proyecto que modifica el régimen de trabajo. La sesión está prevista para el jueves al mediodía, en medio de una creciente conflictividad social y con un paro general ya anunciado por la CGT.
En una movida estratégica que marca el pulso de la gestión de Javier Milei, el oficialismo cosechó este lunes las firmas necesarias para emitir dictamen de mayoría sobre la reforma laboral, allanando el camino para su tratamiento en el recinto. La convocatoria formal para debatir la iniciativa ya fue oficializada por las autoridades de la Cámara de Diputados, que fijaron la sesión para el próximo jueves a las 14 horas.
La propuesta, que ya cuenta con media sanción del Senado desde hace siete días, llegará al recinto con modificaciones sustanciales respecto del texto original. En las últimas horas, el bloque liderado por La Libertad Avanza tomó una decisión clave: retirar el artículo referido a las licencias por enfermedad, un punto que generaba fuertes resistencias incluso entre aliados. La eliminación de este apartado resultó determinante para destrabar las negociaciones y conseguir el respaldo necesario en comisión.
Mientras el oficialismo celebra este avance parlamentario, la tensión en las calles no cesa. La decisión de acelerar el debate sobre la flexibilización laboral coincide con otro hito legislativo de calado: la reciente aprobación de la ley penal juvenil, que establece una disminución en la edad de imputabilidad. Ambos frentes legislativos han encendido las alarmas en distintos sectores de la sociedad.
Sindicatos, organizaciones sociales y colectivos de trabajadores han comenzado a articular una respuesta contundente ante lo que consideran un avasallamiento de derechos conquistados. La central obrera ya oficializó una medida de fuerza de alcance nacional para el próximo jueves, en coincidencia con la jornada en que los diputados darán tratamiento a la reforma. La huelga general promete ser un termómetro de la conflictividad que genera el programa de ajuste y desregulación impulsado por el Ejecutivo.
El oficialismo, por su parte, confía en que los cambios introducidos en el proyecto original permitirán seducir a los legisladores de otros espacios que aún dudan. La eliminación del polémico artículo sobre licencias médicas fue leída por analistas como una concesión necesaria para garantizar los votos. Sin embargo, el núcleo duro de la reforma permanece intacto: se busca modificar sustancialmente el régimen de indemnizaciones, facilitar las contrataciones temporales y reducir cargas patronales.
En la antesala del debate, el clima en los pasillos del Congreso refleja la tensión de una semana que se anticipa crucial para el rumbo del gobierno. Mientras los legisladores ultiman detalles de sus intervenciones, en las adyacencias del Palacio Legislativo ya se organizan las primeras concentraciones de protesta. La CGT, lejos de limitarse a la convocatoria al paro, evalúa movilizaciones simultáneas en distintos puntos del país para visibilizar el rechazo al proyecto.
El oficialismo deberá sortear no solo la resistencia sindical sino también las dudas de sectores del propio arco político que acompañan al gobierno con reservas. La sesión del jueves se presenta como un desafío mayúsculo para los números ajustados con que cuenta La Libertad Avanza en la Cámara baja. El desenlace de esta pulseada legislativa marcará un precedente ineludible sobre la capacidad del Ejecutivo para imponer su agenda reformista en un contexto de creciente efervescencia social.
