En una sesión crucial que se extenderá hasta pasadas las horas de la tarde, la Casa Rosada apuesta todas sus fichas a la Cámara alta para transformar dos de sus promesas de campaña en realidad. Mientras el oficialismo confía en sus números para otorgar media sanción a la reforma de la Ley de Glaciares y dar el visto bueno definitivo al acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, la jornada se tiñe de intensas negociaciones de último momento y fisuras inesperadas dentro de los bloques opositores.
El destino de dos iniciativas fundamentales para el Gobierno de Javier Milei pende de un hilo en el Senado de la Nación. En una sesión maratónica, la Cámara alta se apresta a debatir la flexibilización de la normativa que protege los cuerpos de hielo y a convalidar el pacto de libre comercio con el Viejo Continente, un paquete de medidas que el oficialismo busca convertir en ley a toda velocidad. La atmósfera en los pasillos del Congreso es de un hermetismo solo roto por cuchicheos y llamadas telefónicas, mientras los líderes de los distintos espacios intentan soldar las grietas internas que amenazan con desbaratar los planes libertarios.
El núcleo de la controversia se centra en el proyecto que modifica la Ley de Glaciares. A pesar de que el oficialismo se muestra optimista respecto a alcanzar los números necesarios, la jornada previa encontró a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ultimando detalles del texto que introduce cambios sustanciales en la protección de los ambientes periglaciares. La iniciativa, que lleva la firma del oficialismo, no ha logrado consolidar apoyos unánimes. Incluso dentro de bloques tradicionalmente dialoguistas, como la Unión Cívica Radical, las miradas se diversifican y la disconformidad, gestada durante meses, se hizo sentir, siendo uno de los motores que demoraron el arribo del expediente al recinto.
La geografía de los votos es un rompecabezas complejo. Con una bancada propia de 21 senadores, La Libertad Avanza necesita tejer alianzas para alcanzar primero el quórum de 37 y luego la mayoría simple que consagre la iniciativa. Los ojos del oficialismo están puestos en las provincias con pujante actividad minera, de donde esperan cosechar los apoyos necesarios para dar luz verde a la reforma. Sin embargo, la certeza no es total. La nueva bancada «Impulso País», un colectivo de siete legisladores de diversos distritos, aún no ha garantizado su acompañamiento. Quien sí lo hará es el bloque «Convicción Federal», liderado por Carolina Moisés, que recientemente selló su apoyo en una negociación que le permitió arrebatarle al peronismo la vicepresidencia de la Cámara alta.
Ni siquiera el arco opositor tradicional transita por aguas tranquilas. El peronismo se presenta fracturado ante la votación. Dentro del bloque Justicialista, la unidad se resquebraja y se espera que varias manos se levanten a favor de la iniciativa libertaria. Figuras como la catamarqueña Lucía Corpacci y el exmandatario sanjuanino Sergio Uñac permanecen en una sala de espera, analizando sus respectivas posturas sin definir aún el sentido de su voto. Esta diversidad de posturas en el principal bloque opositor refleja la profunda división que genera la propuesta gubernamental.
Se espera que el dictamen que llegue al recinto no sea el mismo que se firmó en diciembre. Las modificaciones, que se conocerán recién en el fragor del debate, serán anunciadas por la senadora chubutense Edith Terenzi, presidenta de la Comisión de Ambiente. Precisamente, una de las voces más encendidas en la defensa de la reforma ha sido la salteña Flavia Royón, quien sostiene que el nuevo texto viene a «aclarar» la norma vigente, a la que acusa de generar una parálisis regulatoria que afecta el desarrollo del litio y el cobre. Según la óptica oficial, la ley sancionada en 2010 debe ser reformulada para brindar seguridad jurídica a las empresas.
Pero el corazón de la disputa no es meramente técnico. El proyecto transfiere a las provincias la potestad de determinar qué glaciares merecen protección, condicionándola a que estos funcionen como reservas estratégicas de agua. Esto implica un giro copernicano: se abandona la protección integral de todo cuerpo de hielo para habilitar, por omisión, actividades productivas como la minería y la explotación de hidrocarburos en aquellas zonas periglaciares que los gobiernos locales no cataloguen como reservas hídricas. Organizaciones ambientalistas como Greenpeace y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) han alzado la voz, denunciando que esta modificación implica una verdadera reforma constitucional encubierta, al contraponerse a los artículos 41 y 124 de la Carta Magna que establecen la preeminencia del cuidado ambiental por sobre otras consideraciones.
El Acuerdo con Europa: Una Novela en Dos Actos
El segundo gran tema de la jornada, el acuerdo Mercosur-Unión Europea, transita por un carril muy distinto. Con media sanción de Diputados obtenida por un aplastante margen de 203 votos a favor en diciembre, su aprobación en el Senado parece un mero trámite. Sin embargo, la política argentina nunca deja de sorprender. Según pudo reconstruir este medio, el peronismo podría aportar más votos de los esperados, diluyendo la resistencia que se presumía monolítica. A última hora del miércoles, solo los senadores bonaerenses Wado De Pedro y Juliana Di Tullio confirmaban su rechazo, mientras que el resto del bloque evalúa si alinearse con la postura que sus pares diputados ya sellaron en la votación previa.
El acuerdo no está exento de polémica. Si bien promete potenciar las exportaciones argentinas de productos primarios como los agroalimentos y la energía, enciende todas las alarmas en el sector industrial, particularmente en el automotriz. La eliminación de aranceles para facilitar el comercio no es homogénea y establece plazos para que la manufactura local se prepare para competir en igualdad de condiciones, un escenario que muchos califican de riesgo inminente de relocalización productiva hacia Europa.
La urgencia del oficialismo por tratar el tema, adelantándolo del viernes para hoy, responde a una carrera contrarreloj con Uruguay. El país vecino ya dio su visto bueno en el Senado y se apresta a hacer lo propio en Diputados, buscando ser el primero en convalidar el pacto. Sin embargo, la premura argentina contrasta con la realidad europea, donde el tratado aún permanece bajo la lupa de la justicia comunitaria y enfrenta un largo y sinuoso camino por delante. En este contexto de tensiones y estrategias, el Senado se convierte hoy en el tablero donde se define una parte crucial del futuro económico y ambiental del país.
