En una jornada marcada por la tensión social y el debate en el Senado, la Infantería dispersó a manifestantes que protestaban contra la ola de despidos. Docentes, profesionales de la salud y operarios de emblemáticas empresas argentinas fueron desalojados con violencia de la 9 de julio, mientras en la Panamericana otro grupo resistía el avance de Gendarmería.
El centro porteño se transformó en un campo de batalla en la tarde de este viernes, cuando efectivos de la Policía de la Ciudad dispersaron con métodos violentos a una multitud de trabajadores que habían ocupado la avenida 9 de julio. La protesta, que buscaba visibilizar el alarmante aumento de la desocupación en el país, reunió a un arco heterogéneo de damnificados: desde médicos del prestigioso hospital Garrahan y miembros de la comunidad educativa, hasta exempleados de firmas históricas como Ilva, Georgalos, Lustramax y la neumaturgia Fate.
El operativo de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas se desplegó en el asfalto para despejar la traza principal, mientras los manifestantes denunciaban la brutalidad del accionar oficial. “Habíamos organizado una medida de fuerza pacífica sobre la 9 de julio y de repente aparecieron los camiones de la Infantería para cargar contra nosotros. Así responde este gobierno ante la sangría laboral que azota a la Argentina”, declaró Víctor Ottoboni, un trabajador despedido en los últimos días de la fábrica de neumáticos Fate, aún con el rostro desencajado por el enfrentamiento.
En un clima de profundo malestar, las críticas no solo apuntaron al Poder Ejecutivo. Ottoboni, quien se ha convertido en una de las voces más visibles del conflicto, lanzó duras acusaciones hacia la cúpula sindical: “La CGT está cumpliendo el rol de cómplice”, sentenció, reflejando el sentir de muchos que se sienten huérfanos de representación gremial en medio de la crisis.
Mientras la represión sacudía el microcentro, el conflicto se ramificaba en el conurbano. Una columna de trabajadores de Fate decidió replicar la protesta sobre la Autopista Panamericana, a la altura de la localidad de San Fernando. Allí, a la vera de la traza y con el tránsito colapsado a la altura de la avenida Uruguay en dirección a Capital Federal, los operarios sostenían su reclamo bajo la atenta y amenazante mirada de un contingente de Gendarmería Nacional. La simultaneidad de los cortes y la presencia de fuerzas federales en un punto y de seguridad provincial en otro, graficaron la magnitud de una jornada de lucha que coincidió con un día clave en el Congreso, donde se debatía la controvertida reforma laboral, un telón de fondo que los manifestantes consideran el puntapié inicial para profundizar los despidos masivos.
