A pesar de ser una de las firmas más emblemáticas del sector, la empresa enfrenta una crisis que pone en jaque a 700 familias. Empleados aseguran que sostuvieron la operación con esfuerzo propio mientras los dueños les exigen gestiones de cobranza pese a adeudarles salarios desde noviembre.
Un testimonio desgarrador encendió todas las alarmas en el entramado industrial santafesino. Walter Schvaigert, trabajador de Lácteos Verónica, describió con crudeza la situación límite que atraviesan los empleados de una de las compañías más tradicionales del rubro en el país. En diálogo con Radio 750, el operario reveló que durante los últimos dos años la continuidad de la firma dependió casi exclusivamente del compromiso del personal. “La empresa funcionaba porque nosotros poníamos la onda para que funcionara”, disparó, al tiempo que detalló cómo debieron asumir tareas ajenas a sus responsabilidades: negociar con proveedores y realizar gestiones administrativas para garantizar que al menos algunos pudieran cobrar. “Que te paguen de esta forma es terrible”, remarcó con angustia.
La compañía, reconocida por su peso en el mercado lácteo nacional, atraviesa un colapso silencioso que hoy amenaza con dejar en la calle a setecientas personas. “Estamos entre la espada y la pared”, graficó Schvaigert, reflejando la desesperación de un equipo que ya no encuentra salida.
En su relato, el trabajador también sacó a la luz un episodio ocurrido durante la mañana del jueves que expone el nivel de tensión y desidia que se vive puertas adentro. A las nueve en punto, recibió un mensaje de WhatsApp por parte de Daniel Sánchez, gerente de la empresa y esposo de María Paula Espiñeira, una de las hijas de los dueños. “No se olviden de los saldos pendientes de los clientes y distribuidores que hacen transferencias a Mercado Pago”, decía el texto. La ironía resultó insoportable para un hombre que arrastra cinco meses sin percibir su sueldo. “Yo no cobro desde noviembre, no tengo ni para comprar un kilo de pan, no puedo salir a vender ni a trabajar, y esta gente está queriendo corrernos y cobrándonos saldos de la empresa que son diez mil, quince mil pesos”, denunció, visiblemente indignado.
La crisis no es nueva. La historia de Lácteos Verónica viene escribiéndose con capítulos oscuros desde hace al menos media década. En distintas oportunidades, los dueños recurrieron al proceso preventivo de crisis y en más de una ocasión amenazaron con despidos masivos. “En estos últimos cinco o seis años se vieron cosas de público conocimiento: vaciamiento continuo y faltantes de productos. Y esto fue en escala hasta marzo del año pasado, que se descolocó todo”, explicó Schvaigert en el programa “Damos la vuelta”.
El trabajador, oriundo de la provincia de Santa Fe, aprovechó también para trazar un paralelismo con el contexto económico nacional, signado por el cierre de fábricas, la oleada de despidos y el avance de productos importados que compiten en desigualdad de condiciones con la producción local. “Estas recetas ya las vivimos, y el país que no tiene industria no funciona”, sentenció, dejando un mensaje que trasciende el conflicto puntual de su empresa y se instala como advertencia sobre el rumbo del entramado productivo argentino.
