La directora y actriz argentina dedicó el premio a su equipo y aprovechó la histórica gala en Barcelona para alertar sobre el avance de la ultraderecha, mencionando la crítica situación de su país bajo la gestión de Javier Milei y otras crisis globales.
En una velada que prometía emociones fuertes y que finalmente se tiñó de un profundo contenido político, la cinematografía argentina vivió un momento de gloria en la 39ª edición de los Premios Goya. La ceremonia, celebrada en el imponente Auditori Fòrum CCIB de Barcelona, fue testigo de cómo la película Belén, ópera prima de la reconocida actriz Dolores Fonzi, se adjudicara el prestigioso galardón a la Mejor Película Iberoamericana. Sin embargo, más allá del logro artístico, la noche quedará marcada por el encendido discurso de su realizadora, quien transformó la aceptación del premio en una tribuna de denuncia social.
Visiblemente conmovida por el reconocimiento de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Fonzi subió al escenario para recibir la estatuilla. En sus primeras palabras, la euforia y el agradecimiento fueron los protagonistas. «Qué emoción, qué honor enorme recibir este Goya», exclamó para luego dedicar el triunfo a un extenso y diverso equipo de colaboradores. La directora mencionó expresamente a Leticia Cristi, las productoras K&S Films, Javiera Balmaceda, el gigante del streaming Amazon MGM, y a «todo el equipo que hizo posible que esta película se haga», subrayando el carácter colectivo de una obra que ahora cosecha frutos internacionales.
Pero el tono de su alocución dio un giro radical cuando decidió contextualizar el significado de su obra en el convulso panorama mundial actual. Con una metáfora que conectó directamente con el séptimo arte, Fonzi planteó: «Nosotros somos las películas que hacemos y en este momento el mundo se convirtió en una película de terror». Lejos de quedarse en una declaración genérica, la directora enumeró con crudeza algunas de las heridas abiertas del planeta: «Ya se ha nombrado aquí el genocidio en Gaza, el reclamo de las mujeres en Irán, la persecución a los migrantes en Estados Unidos». Acto seguido, lanzó una advertencia directa a los asistentes y a la audiencia: «Y esa película de terror no somos nosotros, no somos la Humanidad y no lo podemos seguir permitiendo».
El clímax de su intervención llegó cuando, interrumpida por una atronadora ovación que llenó por completo el recinto, Fonzi decidió poner el foco sobre la realidad de su país natal. Con una frase de alto impacto, se presentó como una voz de alerta: «Vengo del futuro». Utilizando esa declaración como preámbulo, describió un escenario desolador bajo la administración de Javier Milei, al que señaló directamente. «Vengo del futuro de un país donde el presidente incluso ya puso en venta el agua», disparó, generando un murmullo de asombro entre los presentes. La realizadora concluyó su mensaje conectando la defensa de su gremio con la de los recursos más básicos: «o sea que no solo defendemos el cine, estamos teniendo que defender el agua. Que no les pase a ustedes». Con esta advertencia final, Fonzi no solo celebró un triunfo cinematográfico, sino que erigió Belén como un símbolo de resistencia cultural y política desde el corazón de la industria audiovisual iberoamericana.
