Beltrán se viste de héroe y le niega el triunfo a una Lepra que ilusiona en el Malvinas Argentinas

Beltrán se viste de héroe y le niega el triunfo a una Lepra que ilusiona en el Malvinas Argentinas

En un duelo vibrante en Mendoza, Independiente Rivadavia y River Plate igualaron 1 a 1. El «Millo» la peleó con un penal no sancionado y una roja que no llegó, pero se llevó un punto gracias a las tapas monumentales de su arquero y un cabezazo de Montiel. La Lepra sigue como líder de la Zona B y ya sueña a lo grande.

La noche mendocina se vistió de fiesta y el estadio Malvinas Argentinas fue el escenario de una batalla táctica y emocional que mantuvo en vilo a todo el país futbolero. En un duelo correspondiente a la fecha 10 de la Zona B, Independiente Rivadavia recibió a un River Plate necesitado de respiro, y lo que se vivió sobre el césped fue un auténtico partidazo que terminó con las manos en la cabeza de más de uno.

El conjunto local, dirigido por Alfredo Berti, saltó al terreno convencido de que podía dar el golpe sobre la mesa. Y no le tembló el pulso para imponer condiciones. Sin embargo, del otro lado del campo, emergió una figura inesperada que se convertiría en el principal dolor de cabeza para los del Parque General San Martín: Santiago Beltrán. El guardameta millonario firmó una actuación para el recuerdo, erigiéndose como una muralla infranqueable y evitando que la Lepra capitalizara su extraordinario presente para estirar la ventaja. Con tres intervenciones de esas que cambian la historia de un partido —un achique fenomenal ante Elordi y dos cabezazos milagrosamente desviados a Florentín—, Beltrán se llevó los aplausos de propios y extraños y justificó el empate que al final dejó a todos con gusto a poco.

El guion del encuentro comenzó con un River dueño de la posesión, intentando hilvanar jugadas con la claridad que exige su historia. Ian Subiabre y Nicolás Freitas intentaban destrabar la defensa local, mientras Gonzalo Montiel se proyectaba con la jerarquía de siempre. Pero el libreto se desgarró a los 17 minutos. En una jugada de pelota detenida, Sebastián Villa ejecutó un córner con veneno, el esférico bailó en el área chica y, tras un rebote caprichoso, la pelota le quedó servida a Gonzalo Ríos. El mediocampista no dudó: conectó una volea perfecta con su pierna izquierda, un verdadero misil que se clavó en el ángulo, desatando la locura en las tribunas locales y poniendo el 1 a 0 que hacía justicia al empuje inicial.

Lejos de amilanarse, el equipo de Núñez sintió el impacto, pero logró reincorporarse justo antes del descanso. Cuando el reloj marcaba 38 minutos y la Lepra olfateaba el segundo tanto, apareció la jerarquía de un campeón del mundo. Montiel, incansable por la banda derecha, inició la jugada, la continuó con una pared y se proyectó al área como un delantero más. Sebastián Driussi abrió el balón a la izquierda para un Subiabre que envió un centro milimétrico. El «Cache» se elevó en soledad y, con un cabezazo potente y certero, decretó la igualdad definitiva antes del entretiempo.

El complemento bajó un cambio en intensidad, pero no en polémica. El ojo del huracán se posó sobre Ian Subiabre, quien en una dividida llegó con los tapones de punta sobre Diego Crego en una acción temeraria. El árbitro principal, Tello, junto a José Carreras en el VAR, consideraron que la infracción merecía solo la amarilla, aunque las repeticiones televisivas sembraron la duda sobre si aquello debió ser expulsión directa. Minutos antes, un manotazo de Studer dentro del área hizo flamear los reclamos de penal por parte de los visitantes, pero el silbato no cantó.

Cuando el epílogo se avecinaba, Florentín volvió a ganar en las alturas y su testarazo parecía destino de red, pero una vez más, Santiago Beltrán extendió sus manos para firmar su tercera y más brillante intervención de la noche, sentenciando el 1 a 1 final.

Con este resultado, Independiente Rivadavia extendió su racha positiva y se mantiene firme en lo más alto de la Zona B, consolidándose también como el escolta de Vélez en la tabla general, un rendimiento que ilusiona a su gente con algo grande. Para River, en cambio, el punto sabe a poco pero al menos sirve como un pequeño salvavidas en medio de la tormenta. El Millonario ya mira el horizonte, esperando con ansias la llegada de Eduardo «Chacho» Coudet, quien arribará al país el próximo miércoles con la misión titánica de enderezar el rumbo, encontrar la brújula perdida y sepultar definitivamente la crisis que envuelve al club.

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