El “Fortín” aprovechó su única chance clara, doblegó al León en su propio territorio y quebró un invicto de trece jornadas para quedar como único puntero de la Zona A.
En una noche donde las emociones escasearon pero la efectividad se convirtió en un tesoro, Vélez Sarsfield brindó una auténtica lección de pragmatismo futbolístico en el corazón de La Plata. El conjunto de Liniers se llevó un triunfo vital por la mínima diferencia ante un Estudiantes que hasta anoche presumía de imbatibilidad, y ahora mira a todos desde lo más alto de su grupo en el Torneo Apertura. El cotejo, disputado en el estadio Uno, se resolvió por un detalle: una jugada de pelota quieta que Florián Monzón transformó en el gol de la victoria a los doce minutos del complemento, silenciando a un reducto que llevaba más de tres meses sin conocer la derrota.
La primera mitad transcurrió como un espejismo táctico, un duelo de esquemas reflejados donde ambos equipos se anularon mutuamente. Con idénticos dibujos sobre el césped, la lucha se concentró en la zona medular, donde la tenencia del balón se alternaba sin que ello significara una amenaza real para los arqueros. La última línea se imponía con autoridad sobre unos delanteros que carecieron de fineza en los metros finales. La única aproximación de aquel período inicial llevó la firma del local: a los 36 minutos, un centro de Meza desde el sector derecho encontró la cabeza de Guido Carrillo, cuyo remate se elevó por encima del travesaño, llevándose consigo el suspiro de la gente pincharrata. Vélez, por su parte, ni siquiera lograba inquietar.
El libreto se mantuvo inalterable hasta que un córner desde la derecha desató el caos en el área local. Un centro, un despeje defectuoso, rebotes que nadie pudo despejar y la aparición oportuna de Monzón para empujar la redonda al fondo de las mallas. El tanto fue un baldazo de realidad para el dueño de casa y una inyección anímica para la visita. A partir de allí, el desarrollo del compromiso cayó en un libreto predecible: el conjunto platense se lanzó al ataque con más empuje que claridad, buscando el empate con una doble referencia ofensiva al sumar a Gaich junto a Carrillo. Sin embargo, la solidez defensiva del “Fortín” se erigió como un muro infranqueable, desactivando cada intento albirrojo sin mayores sobresaltos.
Aunque el partido no ofrecía demasiadas ocasiones, Vélez estuvo más cerca de ampliar la ventaja que su adversario de igualar el marcador. Sobre los 23 minutos, el ingresado Arias habilitó de manera exquisita a Andrada, quien encaró hacia el corazón del área y sacó un disparo que se perdió besando el palo izquierdo de Mansilla. Fue la advertencia final de un equipo que, lejos de replegarse a la desesperada, administró los tiempos y encontró espacios para lastimar a la contra.
El pitazo final confirmó lo que el desarrollo había sugerido: los tres puntos emprendieron el viaje de regreso hacia Liniers con total justicia. Este Vélez, que ya había dado muestras de su jerarquía al vencer a Boca y River en condición de local, ratificó anoche que su presente no es fruto de la casualidad. Mantiene su invicto, sabe sufrir y, lo más importante, convierte en oro cada oportunidad que se le presenta. En un torneo donde los detalles marcan la diferencia, el conjunto de los Mellizos Barros Schelotto ya es, sin lugar a dudas, un firme candidato a pelear por el título.
