El conflicto desatado el fin de semana ha traspasado todas las fronteras imaginables. Con nuevos frentes en Líbano, bombardeos en Teherán y ataques contra bases estadounidenses en Kuwait, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, la escalada bélica amenaza con sumergir a toda la región en un abismo de violencia. Mientras China respalda a Irán y Donald Trump advierte que la ofensiva podría prolongarse por semanas, el número de víctimas mortales asciende a más de medio millar y los desplazados se cuentan por decenas de miles.
La conflagración que estremece Medio Oriente desde el sábado está lejos de amainar. Por el contrario, cada hora que transcurre suma un nuevo capítulo de destrucción y abre heridas en territorios que hasta ahora intentaban mantenerse al margen. Lo que comenzó como una operación selectiva contra objetivos iraníes se ha transformado en un torbellino de represalias cruzadas que involucra directamente a ocho naciones, con Líbano como el escenario más reciente de la furia israelí.
La mañana del lunes, columnas de humo se elevaron sobre el corazón de Teherán. La televisión estatal iraní, emblema del régimen, fue alcanzada por proyectiles israelíes en una ofensiva descrita por las autoridades militares hebreas como un «ataque de envergadura» ejecutado con centenares de aeronaves de combate. No fue el único blanco. Simultáneamente, poblaciones enteras en el sur del Líbano, el valle de la Bekaa y los suburbios beirutíes de Dahye temblaban bajo la lluvia de bombas.
La respuesta israelí no se hizo esperar tras los disparos efectuados por Hezbolá, la poderosa milicia chií libanesa que intentaba vengar la muerte del líder supremo iraní Alí Jamenei, ocurrida durante la primera arremetida conjunta de Estados Unidos e Israel. El portavoz castrense Effie Defrin fue terminante: la organización pagará un precio elevado por haber lanzado una salva de misiles y drones contra territorio hebreo. Como muestra de contundencia, el ejército israelí presumió haber dado muerte a Husein Mukalled, jefe de los servicios de inteligencia de la agrupación.
Líbano sangra mientras intenta no ser arrastrado al abismo
El gobierno libanés observa con desesperación cómo su territorio se convierte en campo de batalla. Las autoridades han prohibido las actividades militares de Hezbolá y le han exigido el desarme, en un intento por evitar que el país sea absorbido por la vorágine. Pero los números son implacables: la Unidad de Gestión de Desastres reportó que los bombardeos israelíes iniciados este lunes ya han segado la vida de 52 personas, mientras que 154 permanecen heridas. La Agencia Nacional de Noticias libanesa difundió además que 28.586 ciudadanos han debido abandonar sus hogares, buscando refugio en 168 albergues habilitados apresuradamente, de los cuales 92 aún permanecen abiertos ante la posibilidad de nuevas oleadas de desplazados.
El golpe llega a la puerta de Netanyahu y a los intereses occidentales
Mientras tanto, la represalia iraní no se limitó a las fronteras del Líbano. Los Guardianes de la Revolución anunciaron el lanzamiento de la decimotercera oleada de proyectiles contra blancos estadounidenses diseminados por Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, además de mantener bajo amenaza constante a Israel. En un comunicado cargado de simbolismo, la fuerza de élite persa aseguró haber alcanzado sesenta objetivos estratégicos y quinientos blancos militares pertenecientes a ambas potencias desde el inicio de las hostilidades. Entre los puntos alcanzados se encontrarían, según fuentes iraníes, las propias oficinas del primer ministro Benjamín Netanyahu.
La diplomacia estadounidense en la región tampoco escapó al vendaval. La embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita fue blanco de dos drones que, según informaciones filtradas a la cadena CNN, tendrían vínculos con Teherán. Por fortuna, no se registraron víctimas. No corrió la misma suerte la base naval Arifjan, en Kuwait, donde una decena de aeronaves no tripuladas impactaron contra instalaciones militares. En Dubai, la Guardia Revolucionaria reivindicó un ataque contra un punto de concentración de fuerzas estadounidenses.
Kuwait, Qatar y Emiratos en el ojo de la tormenta
La conflagración evidenció la fragilidad de los aliados del Golfo. En un hecho sin precedentes, Qatar derribó dos bombarderos procedentes de Irán después de que instalaciones de la compañía QatarEnergy fueran alcanzadas por drones, lo que obligó a la paralización de la producción de gas natural licuado. Kuwait, sin embargo, vivió una de las jornadas más caóticas: la defensa antiaérea del emirato derribó por error tres aviones de combate estadounidenses que sobrevolaban su territorio, según confirmó el mando militar de Washington.
En Abu Dhabi, las llamas devoraron un depósito de combustible alcanzado por un proyectil no tripulado. Corresponsales de la agencia AFP constataron explosiones en puntos estratégicos de Arabia Saudita, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, donde el aeropuerto de Dubái decidió suspender la totalidad de sus operaciones. La onda expansiva del conflicto alcanzó incluso Chipre, el miembro de la Unión Europea más cercano al polvorín. Una base británica en la isla fue atacada con tres drones lanzados desde territorio libanés; uno de ellos impactó en una pista de aterrizaje, provocando evacuaciones de emergencia en el sector sur.
Incertidumbre en los mercados y silencio desde Ankara
La inestabilidad se trasladó de inmediato a las bolsas internacionales, que registraron pérdidas significativas en la primera jornada de negociación posterior al estallido. El precio del petróleo y la cotización del dólar experimentaron alzas pronunciadas mientras los inversores intentaban calcular el costo de una guerra que parece no tener final a la vista. Pese a la sangría, el jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Ali Larijani, descartó cualquier tipo de negociación con la administración Trump.
Un actor clave permanece en una incómoda posición: Turquía. A pesar de albergar en su territorio la base aérea de Incirlik, utilizada durante décadas por la OTAN y las tropas estadounidenses, y contar con el sistema de radar de alerta temprana de Kurecik, capaz de detectar lanzamientos de misiles iraníes, Ankara no ha sido objeto de ataques. La omisión resulta llamativa en medio de una ofensiva persa que sí alcanzó a Israel, Irak, Jordania y los seis estados del Golfo.
China respalda a Teherán mientras Trump habla de opciones
En el tablero diplomático, Pekín movió sus piezas con celeridad. El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, mantuvo una comunicación telefónica con su homólogo iraní, Abbas Araqchi, para transmitirle el respaldo de Beijing en la defensa de la soberanía y la integridad territorial persa. Wang Yi consideró que Irán no tuvo más alternativa que defenderse tras la agresión inicial, y exigió a Estados Unidos e Israel el cese inmediato de las operaciones militares para evitar que todo Medio Oriente sea arrastrado al conflicto.
Mientras tanto, la incógnita sobre el futuro político de Irán se profundiza. La muerte de Alí Jamenei, líder indiscutido durante casi cuatro décadas, dejó un vacío de poder que por ahora es ocupado por un triunvirato provisional. El régimen deberá elegir un sucesor, aunque el presidente estadounidense Donald Trump sorprendió al declarar al New York Times que dispone de «tres muy buenas opciones» para dirigir el país, sin revelar sus nombres. En señal de continuidad, los Guardianes de la Revolución designaron a Majid Ebnelreza como ministro de Defensa interino, en reemplazo del anterior funcionario fallecido en los bombardeos.
Las explosiones no cesaron durante la noche. La aviación israelí volvió a golpear Teherán, esta vez contra sedes del Ministerio de Inteligencia y la Fuerza Quds. Minutos después, confirmaban haber desmantelado la sede de la radio y televisión pública en el norte de la capital. Los habitantes, como Elnaz, una mujer de 39 años, relataban el terror a la agencia AFP: «Golpean muy fuerte cada dos o tres horas, durante media hora. Las ventanas tiemblan. Casi todo el mundo cede al miedo».
Nada indica que las armas vayan a callar. Israel insiste en que la operación se extenderá el tiempo que resulte necesario, y aunque no prevé por ahora una invasión terrestre del Líbano, los bombardeos podrían prolongarse muchos días. La advertencia de Trump sobre una guerra de cuatro o cinco semanas que podría «extenderse más» resuena como una profecía de destrucción sin horizontes claros. Medio Oriente arde y las cenizas alcanzan ya a medio mundo.
