En una jugada magistral que combina timing político, ambición desmedida y una lógica de supervivencia extrema, la hermana del Presidente consumó la toma del Ministerio de Justicia, desplazando a los últimos vestigios del influyente asesor Santiago Caputo. La nueva etapa del oficialismo tiene un nombre y un apellido, y no es precisamente el del Primer Mandatario.
El silencio que se apoderó de aquel despacho en la planta baja de la Casa Rosada fue tan denso como revelador. La frase, pronunciada con una calma que contrastaba con su peso específico, había penetrado la coraza de los presentes como un cuchillo en la manteca. “Los Milei saben que si no acomodan el mundo de la Justicia ahora, esa misma Justicia te presiona y te mete preso cuando perdés poder”. La advertencia, lanzada por un operador de primera línea del oficialismo, no necesitó mayores explicaciones. Todos comprendieron la crudeza del diagnóstico. Luego de una pausa estudiada, el hombre, un verdadero virtuoso del compás político, completó el cuadro de situación: “Por eso, para esta etapa es mejor alguien con energía fresca, de la familia judicial y que esté bien con Dios y con el Diablo”. Una media sonrisa selló la sentencia, justo después de invocar al mismísimo Lucifer.
Esa reunión de alto calibre, ocurrida hace tres semanas en las entrañas del poder, fue la confirmación de que el ciclo de Mariano Cúneo Libarona al frente de la cartera de Justicia había llegado a su punto final. Un total de 129 jornadas transcurrieron desde que el reconocido penalista le comunicó al jefe de Estado su deseo de alejarse del cargo hasta que, finalmente, la renuncia le fue aceptada. Durante ese intervalo, en la intimidad de la Quinta de Olivos, se desplegó un meticuloso “operativo contención” liderado por la Secretaria General de la Presidencia, quien se encargó de endulzar los oídos del ministro saliente con halagos, permitiéndole licencias para estudios académicos y hasta viajes personales de perfil bajo, todo mientras la cúpula libertaria peinaba el terreno en busca del recambio ideal. El perfil del candidato soñado debía reunir características muy precisas: juventud, ambición, sangre azul judicial y la capacidad de tejer vínculos con todos los sectores de su ecosistema. “Todo eso”, confía un actor clave en la sombra, “con un condimento que resultaba innegociable: el elegido no podía ser caputista”.
Porque más allá de los proyectos y de las suspicacias que el universo libertario alberga respecto de la Justicia, en especial sobre los tribunales de Comodoro Py, el recambio de gabinete escondía una reconfiguración mucho más profunda: la decisión de Karina Milei de avanzar sobre territorios que aún no controlaba y que su hermano había delegado en su asesor estrella, Santiago Caputo. Las designaciones de Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola no son meros cambios de nombres; representan un movimiento estratégico más en el ambicioso plan que “El Jefe” diagramó tras el triunfo en las elecciones legislativas. “Es así y hay que acostumbrarse: ella está en modo Pac-Man. Bueno, en modo Pac-Girl”, ironiza una de sus principales espadas políticas, en una elocuente analogía con el famoso videojuego japonés donde el protagonista devora todo a su paso mientras sortea enemigos.
Incluso sus detractores reconocen que la hermana del mandatario asimiló con rapidez las complejidades de su rol y evolucionó de manera contundente en el ejercicio del poder. La describen como una “máquina de trabajar”, casi siempre activa y con la guardia en alto, aunque se permite pequeños momentos de esparcimiento, como el reciente show de Chayanne en el Movistar Arena, donde fue vista cantando a todo pulmón desde un palco empresarial en compañía de su madre.
La más joven de los Milei maneja un ranking, que actualiza mes a mes, de las figuras que le resultan más antipáticas. En su entorno aseguran que la primera posición, por amplio margen, sigue estando ocupada por Victoria Villarruel. La otrora figura fuerte de la fórmula presidencial, hoy prácticamente huérfana de poder dentro del oficialismo que la llevó al cargo, mantiene su hoja de ruta y recorrerá el país con agenda propia. Este fin de semana, por ejemplo, tiene previsto participar de la tradicional Fiesta de la Vendimia en Mendoza. El evento cuyano se presenta, como cada año, como un escenario ideal para el intercambio de poder entre personalidades del Círculo Rojo. No es casual que el propio gobernador de la provincia haya realizado malabares para no perderse el acto central, ya que fue uno de los diez privilegiados que acompañaron al Presidente en su reciente viaje número 15 a Estados Unidos, un gesto reservado para los aliados que facilitaron la sanción de los proyectos legislativos impulsados por el Ejecutivo.
Con este tenso telón de fondo, la ceremonia de jura de Mahiques en el Salón Blanco se transformó en una vívida radiografía de las heridas que aún supuran entre los vencedores y los vencidos de esta pulseada interna. Los ministros presentes hicieron esfuerzos por disimular la incomodidad al presenciar el gélido intercambio entre Karina Milei y Santiago Caputo. Él, con una rigidez marmórea, ni siquiera retiró las manos de los bolsillos de su pantalón. Un contraste absoluto con el cálido y prolongado abrazo que el Presidente le dispensó al asesor momentos después, once segundos eternos sellados con media docena de palmadas en la espalda. Un premio consuelo en toda regla.
Consumado el movimiento ministerial, en el núcleo duro del denominado “Mago del Kremlin” el clima fue de abatimiento y desazón. Figuras habitualmente locuaces y provocadoras, como Daniel “Gordo Dan” Parisini, parecen haber perdido la brújula en las redes sociales. Si bien ya presentían movimientos bruscos, las “Fuerzas del Cielo” recibieron un duro golpe simbólico el 1 de marzo durante la Asamblea Legislativa. La transmisión oficial omitió cuidadosamente mostrar a Caputo, a Sebastián Amerio o a los tuiteros de la primera hora, pero sí enfocó en un par de oportunidades el palco donde se ubicaban los incondicionales de Karina, como Eduardo “Lule” Menem y el propio Viola, quien ya olfateaba su promoción. Detalles sutiles que los iniciados interpretaron al vuelo como una declaración de principios.
“Todo esto es fruto de lo que dejó el 26 de octubre. En esas elecciones se enfrentaron dos estrategias distintas y esa batalla la ganó Karina”, resume, con la crudeza de quien ya no tiene nada que perder, un vocero del espacio de Caputo en un diálogo en voz baja. La mirada del hombre es unocuente cuando se le pregunta si imaginan una renuncia de su referente. “No, la verdad que no. Él está para ayudar y Milei lo sabe. Ahora será con menos protagonismo”. Sobre el desplazamiento de Sebastián Amerio de la Secretaría de Justicia, admite el golpe: “Fue duro; hasta inicios de esta semana teníamos entendido que se quedaba. Igual, ya está: al menos va a la Procuración del Tesoro. Es un gesto”. Y sentencia: “No hay más triángulo como lo entiende todo el mundo: hay dos socios principales y un gerente. Punto”.
Corrido por el avance arrollador de la “Pac-Girl” Karina, quedaron atrás los tiempos en que, por la enorme expansión de la influencia de Caputo, se rumoreaba en la Rosada la posibilidad de que asumiera un cargo formal. Un dato que genera especial expectativa en la Oficina Anticorrupción, que aguardaba con curiosidad la presentación de sus declaraciones juradas.
En la vereda de los vencedores, el flamante ministro Juan Bautista Mahiques ya comenzó a delinear su hoja de ruta. En su primera reunión cara a cara con el Presidente, ocurrida apenas horas antes de asumir, le manifestó su intención de dinamizar el área y saldar deudas pendientes. Con ese objetivo, además del cambio en la Procuración del Tesoro, solicitó la renuncia a los titulares de los otros cuatro organismos que dependen de su cartera. Entre ellos, la Inspección General de Justicia, que actualmente mantiene un tenso pulso con la Asociación del Fútbol Argentino por la presunta retención indebida de aportes.
El misterio de por qué los Milei optaron por un perfil considerado “un jugador de toda la cancha”, con vínculos que llegan incluso a célebres adversarios del gobierno como la propia AFA, genera interrogantes. Sin embargo, en las cercanías de Mahiques se apresuran a despejar dudas: adelantan que se dará continuidad a la designación de veedores en la causa que involucra a la casa madre del fútbol argentino. En paralelo, el nuevo ministro planea acelerar el envío al Senado de los pliegos de al menos 203 jueces y fiscales para cubrir vacantes en todo el territorio nacional. Se trata de un asunto medular que abarca desde pequeños juzgados del interior hasta cuatro de los doce tribunales con asiento en Comodoro Py. Quedan por ahora en la sala de espera los dos lugares para cubrir en la Corte Suprema, así como las renovaciones del Procurador General, el Defensor del Pueblo y el Defensor General.
Aunque no se manifiesta abiertamente, la expectativa es que Mahiques, ahora al frente del puesto más relevante dentro de su esfera, mantenga un enfoque especial, junto a Santiago Viola, en aquellos expedientes judiciales que hoy representan un dolor de cabeza para las aspiraciones de La Libertad Avanza.
Con este panorama, en Balcarce 50 y en la residencia de Olivos se muestran eufóricos y vaticinan que la Argentina es testigo del despertar de una nueva fase en la gestión libertaria. Una etapa que definen como eminentemente colonizadora, que podría extenderse a otros espacios aún fuera de su órbita de control, como la propia SIDE. “Es el inicio de una era K”, se envalentonan cerca de la hermana del Presidente. Por supuesto, en esta nueva narrativa, la K mayúscula ya no evoca al kirchnerismo, sino que brilla con luz propia: la K de Karina.
