Mientras el conflicto bélico en Medio Oriente ya se hizo sentir en el surtidor, el canal comercial comienza a trasladar ajustes a las góndolas. Sin embargo, actores clave del sector advierten que esta primera oleada de incrementos responde más a una deuda acumulada de los proveedores que al impacto directo de la guerra, aunque el fantasma de nuevas distorsiones sobrevuela la economía.
El impacto del reciente salto en el valor de los combustibles comenzó a plasmarse en las listas de precios que reciben supermercados y mayoristas en todo el país. Las nuevas remarcaciones, que oscilan entre un piso del 2% y un techo del 9% dependiendo del artículo y la firma fabricante, llegarán a las góndolas de manera escalonada durante los próximos meses de marzo y abril. No obstante, la lectura que hacen los protagonistas de la cadena de suministro presenta matices cruciales que invitan a un análisis más profundo que el del simple traspaso del costo del petróleo.
Fuentes de peso dentro del sector supermercadista consultadas por El Destape fueron contundentes al despegar esta primera corrección del contexto internacional. Según su visión, los números que comienzan a regir no son una consecuencia directa del conflicto en Oriente, sino el resultado de un proceso postergado: diversos proveedores llevaban un prolongado período de tres a cuatro meses sin actualizar sus precios. Esta pausa forzada, en un contexto inflacionario, ha generado una acumulación de aumentos que ahora ven la luz. La puerta, advierten, sigue abierta para que la escalada bélica global termine generando perturbaciones de mayor calibre en el futuro cercano.
En esta misma línea, voceros del sector enfatizaron que los ajustes actuales se mantienen dentro de los carriles de la inflación promedio, aunque admiten que algunas compañías han aprovechado la instancia para aplicar subas más pronunciadas con el objetivo de recomponer márgenes de rentabilidad que habían quedado rezagados en los últimos meses.
Sin embargo, la armonía en el relato se quiebra al escuchar a otros eslabones de la cadena. La Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM) deslizó una interpretación diferente, vinculando directamente las nuevas listas con el encarecimiento de la logística. Según esta cámara, el salto en el precio de los combustibles impacta de lleno en los costos de distribución, y es ese el factor que está impulsando las subas en rubros tan sensibles como los productos de limpieza, los lácteos (particularmente los quesos), las bebidas alcohólicas, la yerba mate y los aderezos.
En medio de esta controversia sobre el origen de los incrementos, el malestar social se canaliza a través de las organizaciones que representan a los comerciantes más pequeños. La Confederación General Almacenera emitió un duro comunicado marcando distancia tanto con fabricantes como con distribuidores. En el texto, expresaron su profundo disgusto con los «formadores de precios» ante los pretendidos aumentos, especialmente en productos de la canasta básica. La entidad fue más allá y cuestionó la justificación de los mismos, argumentando que la incidencia del combustible en el costo final de un producto no es lo suficientemente alta como para validar remarcaciones de esta magnitud. En un gesto de clara advertencia a sus representados a lo largo del país, los instaron a no convalidar nuevas listas que consideren abusivas o exageradas, recomendando incluso la sustitución de primeras marcas por otras, en especial aquellas de pequeñas y medianas empresas regionales que, según su visión, muestran mayor sensibilidad con la crítica situación económica que atraviesan los bolsillos de los argentinos.
Este espiral alcista se da a conocer cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ya ha informado que la inflación de febrero se situó en el 2,9%, acumulando un 5,9% en el primer bimestre y escalando al 33,1% en la variación interanual. Las miradas, ahora, se posan sobre el comportamiento de los precios en marzo, un mes que ya muestra signos de tensión.
De acuerdo con un minucioso relevamiento de la consultora EcoGo, liderada por la economista Marina Dal Poggetto, la segunda semana de marzo trajo consigo un incremento del 0,7% en los alimentos destinados al consumo en el hogar. Esta suba se suma a la registrada en los primeros días del mes, consolidando una trayectoria que, de mantenerse, podría llevar la inflación mensual a un piso del 2,9%. Con el arrastre estadístico que dejó febrero, los alimentos ya acumulan un alza del 1,9% en lo que va del mes. El estudio matiza que, si bien la dinámica de este rubro se mantiene por debajo de la inflación general proyectada, su peso dentro de la canasta básica sigue siendo determinante. Al incorporar el aumento en comidas fuera del hogar, como restaurantes y servicios gastronómicos, la presión en el sector se mantiene firme, consolidando un panorama en el que la guerra, los costos postergados y la puja entre eslabones de la cadena comercial tejen un escenario de cuidadosa expectativa para los próximos meses.
