En una extensa entrevista, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo advirtió sobre los discursos negacionistas, reivindicó el legado de los 30.000 desaparecidos y llamó a la ciudadanía a resguardar el presente frente a un gobierno que, a su criterio, “no nos quiere”.
A medio siglo del quiebre institucional que sumió al país en la última dictadura cívico-militar, la voz de Estela de Carlotto volvió a erigirse como un faro ineludible en la defensa de la verdad y la justicia. En una charla extensa y matizada junto a Juanca Molina en el ciclo Rompiendo moldes, que se emite por Radio 750, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo desgranó reflexiones que anclaron el pasado en las urgencias del presente, con una consigna que se repitió como un latido: la imperiosa necesidad de transmitir el relato histórico sin distorsiones.
La referente histórica del movimiento de derechos humanos enfatizó que la batalla cultural por el sentido de lo ocurrido entre 1976 y 1983 es una trinchera vigente. Señaló con firmeza que existen sectores que intentan reescribir los hechos a su antojo, ocultando sistemáticamente las atrocidades que la sociedad argentina juró no repetir jamás. “Primero hay que contar bien la historia”, sostuvo, advirtiendo que la tergiversación no es un accidente sino una estrategia deliberada de quienes pretenden borrar las huellas del terrorismo de Estado.
En un pasaje de su alocución, Carlotto se dirigió a las nuevas generaciones con un mensaje que combinó la ternura de quien ha visto demasiado con la claridad de quien forjó una lucha inclaudicable. Instó a los jóvenes a transitar su etapa vital con responsabilidad, dedicándose al estudio y cultivando la solidaridad entre pares. Sugirió que el compromiso social puede canalizarse en colectivos orientados al bien común, al tiempo que lanzó una advertencia que trascendió lo etario: “Que nos cuidemos los argentinos”, expresó, reivindicando la riqueza del país como patrimonio colectivo que merece ser protegido.
La conversación derivó hacia el escenario político actual, donde la dirigente no escatimó críticas hacia la administración de ultraderecha encabezada por La Libertad Avanza. Con una dureza inusual, caracterizó a quienes ocupan el poder como figuras que no esconden su desprecio por la ciudadanía, a la vez que los acusó de mentir y sustraer recursos públicos. Bajo su análisis, esa combinación de desidia y corrupción explica el rumbo adverso que atraviesa la nación, y denunció un explícito intento de desarticular los lazos comunitarios que sostienen los ideales colectivos.
En otro tramo del diálogo, la referente de Abuelas se sumergió en una reflexión sobre los afectos como antídoto frente a la crudeza del mundo contemporáneo. Definió el amor como una experiencia originaria, que germina en el vínculo materno y se expande hacia los hermanos, el círculo familiar y la vecindad. Esa visión, sin embargo, chocó de inmediato con una constatación desoladora: al recorrer el panorama global, describió un escenario donde la violencia se ha naturalizado hasta extremos aberrantes, con bombardeos sistemáticos sobre poblaciones infantiles. “Estamos viviendo momentos muy difíciles”, resumió.
A lo largo de su exposición, Carlotto delineó los contornos de una sociedad que anhela construir. Reclamó el ejercicio pleno del derecho a la identidad, la seguridad alimentaria, el acceso irrestricto a la educación y la posibilidad de que los trabajadores retornen a sus hogares con la dicha de haber cumplido. Ese proyecto de país, recordó, fue exactamente el que soñaron quienes fueron víctimas del exterminio durante el terrorismo de Estado. Mencionó a los 30.000 desaparecidos no como una cifra fría, sino como una constelación de ideales truncados por la muerte. En ese punto, subrayó un principio rector que la sostuvo durante décadas: la lucha se libra sin rencor ni odio, aunque sin claudicar jamás en la búsqueda de verdad.
El momento más íntimo de la entrevista llegó cuando la titular de Abuelas evocó el hecho que partió su existencia en dos. Narró con crudeza contenida el instante en que tomó conocimiento de la desaparición de su hija Laura, una herida que reconfiguró por completo su vida. En aquel entonces, ejercía como directora de una escuela primaria, pero aquel rol quedó subsumido por una misión mayor: la búsqueda incansable. De ese dolor germinal, explicó, nacieron la institución de Abuelas, la organización de Madres y una militancia que, a cinco décadas del golpe, aún mantiene vigencia porque, a su juicio, el camino hacia la reparación integral permanece inconcluso.
Sobre el final, Carlotto puso el acento en la persistencia de los crímenes que aún aguardan justicia. Alertó que el suelo argentino sigue devolviendo restos de quienes fueron arrebatados por la dictadura, una circunstancia que describió como paradójicamente necesaria. Aceptó que cada hallazgo implica un nuevo golpe de dolor, pero lo inscribió en una lógica superior: la de la memoria activa. “Para que nunca más vuelva a suceder”, sentenció, anudando así el ayer con la advertencia que proyecta hacia el porvenir.
