Feletti alerta sobre una economía “partida al medio” y advierte que el ajuste oficial ya roza sus límites sociales y políticos

Feletti alerta sobre una economía “partida al medio” y advierte que el ajuste oficial ya roza sus límites sociales y políticos

El exsecretario de Comercio sostiene que el propio Gobierno comienza a reconocer el techo de su estrategia de estabilización, mientras la producción y el empleo se deterioran. Advierte sobre un modelo que concentra el dinamismo en sectores primarios y financieros, sin derrame sobre el salario ni la demanda interna.

En una radiografía contundente sobre el presente económico argentino, el economista y exfuncionario Roberto Feletti delineó un escenario de fragilidad creciente, al señalar que la administración nacional empieza a evidenciar las restricciones de su propia hoja de ruta basada en la contracción del gasto y el disciplinamiento de variables financieras. Según su mirada, la apuesta oficial por comprimir la actividad real para alcanzar cierta estabilidad nominal está dejando huellas profundas en el consumo, la capacidad productiva y el mercado laboral.

En declaraciones emitidas por Radio 750 durante el programa De haberlo sabido, el exsecretario de Comercio subrayó que el propio equipo gubernamental reconoce, aunque con cuentagotas, que existe un tope infranqueable cuando se intenta estrangular la economía real. Esa compresión sostenida del consumo y la producción, argumentó, no puede prolongarse indefinidamente sin provocar fracturas sociales de magnitud. Feletti describió entonces una estructura económica escindida en dos universos que apenas dialogan entre sí: por un lado, algunos segmentos vinculados a la exportación primaria y a las finanzas muestran indicadores positivos; por el otro, el entramado industrial y comercial atraviesa una declinación que calificó como “importante en términos históricos”.

El economista fue preciso al caracterizar esa dualidad estéril. El vigor del sector primario financiero, anotó, se desacopla por completo de la generación de puestos de trabajo y de la evolución de los ingresos populares, lo que constituye una de las fallas más notorias del esquema vigente. De ese modo, el crecimiento en áreas puntuales no se derrama sobre el resto de la sociedad, profundizando una fragmentación que, a su juicio, comienza a encontrar barreras infranqueables en términos de sustentabilidad política y cohesión social. “Esa partida al medio de la economía argentina parece que empieza a encontrar límites”, enfatizó.

Feletti también puso la lupa sobre la dinámica del ajuste fiscal, impulsado bajo la metáfora de la “motosierra”, y advirtió que ese esfuerzo de consolidación ya no recae únicamente sobre las cuentas nacionales, sino que se traslada hacia las provincias y los municipios. Esa descentralización de la presión ajustadora agrava las tensiones subnacionales, con el consiguiente riesgo para el entramado de economías regionales. El escenario doméstico, complejo de por sí, se ve además condicionado por un frente externo nada favorable. El alza en los precios de los combustibles impacta de lleno en cualquier programa antiinflacionario que se pretenda sostener, mientras que una eventual suba de tasas de interés en las economías desarrolladas —alentada por bancos centrales como la Reserva Federal estadounidense— podría restringir aún más la liquidez internacional disponible para la Argentina. Ambos frentes, el externo y el doméstico, configuran una tenaza difícil de sobrellevar.

El exsecretario de Comercio no dudó en cuestionar la falta de coherencia interna del programa oficial. Si bien reconoció que las autoridades podrían intentar sostener tasas bajas, promover el crédito o inyectar pesos en el mercado, catalogó esas medidas como meros paliativos insuficientes si no se articulan dentro de una estrategia macroeconómica integral. “No veo homogeneidad”, disparó respecto del equipo económico, al tiempo que bosquejó un sendero alternativo: desacoplar la administración del sector externo de las dinámicas del mercado interno, robustecer las reservas internacionales y reactivar un circuito virtuoso de producción y consumo en moneda local que efectivamente genere empleo de calidad. Sin embargo, fue lapidario sobre las posibilidades reales de ese viraje: “Eso requiere una convicción que el gobierno no tiene”.

El diagnóstico de Feletti se tiñó de pesimismo cuando proyectó el rumbo inmediato. El ajuste, advirtió, corre el riesgo de volverse inútil si no logra estabilizar la economía sin destruir la actividad. En ese sentido, pronosticó que las autoridades forzarán aún más el torniquete sobre la economía real, lo que derivará en una profundización de la caída de los ingresos y una mayor destrucción de puestos de trabajo formales. El impacto, además, dejará de concentrarse en los grandes centros urbanos para golpear con crudeza a las provincias. “Va a haber municipios e inclusive provincias con dificultades para pagar los sueldos del sector público”, afirmó, recordando que esos salarios sostienen buena parte de la demanda en las economías regionales. Así, anticipó un cuadro de recesión persistente y nuevas tensiones cambiarias derivadas de las presiones por el pago de la deuda y la demanda estructural de divisas. “El escenario de caída de la economía real se puede profundizar”, concluyó, “y las presiones respecto del pago de deuda y la demanda de divisas pueden instalar una tensión cambiaria”.

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