El próximo domingo 26 de abril, el piloto argentino protagonizará una exhibición sin precedentes sobre la Avenida del Libertador, a bordo de un monoplaza de la estructura Alpine. Con una puesta en escena que promete convocar a miles de seguidores, el evento se erige como una pieza estratégica en las gestiones porteñas para repatriar la Máxima.
La cuenta regresiva ya se activó en el corazón del automovilismo argentino. Tal como se anticipó a mediados de marzo, la esperada exhibición de Franco Colapinto con un vehículo de Fórmula 1 en la Ciudad de Buenos Aires ya tiene todos los engranajes en movimiento. Será el domingo 26 de abril cuando el joven de 22 años, oriundo de Pilar, se suba al monoplaza para deslumbrar a una multitud que promete desbordar el escenario montado en la tradicional traza de Palermo.
El trazado efímero se erigirá sobre la Avenida del Libertador, en las inmediaciones del Monumento a los Españoles, y se extenderá por un circuito urbano de dos kilómetros que también abarcará la Avenida Sarmiento. Desde la organización, detallaron que la jornada tendrá su punto culminante con dos recorridos oficiales, en los que el sonido del motor será protagonista absoluto. El vehículo elegido para la ocasión es un Lotus E20, una joya de la ingeniería que la escudería Alpine ha rescatado de su propia historia: un bólido con motor atmosférico V8 de Renault, anterior a la era híbrida, cuya sinfonía mecánica promete erizar la piel de los presentes.
Lejos de tratarse de un mero acto de exposición, la movida representa para Colapinto un reencuentro emocional con su tierra. “Conducir en casa un auto de Fórmula 1 será uno de los momentos más especiales de mi vida. Es mi forma de devolver, aunque sea un poco, todo el apoyo y el cariño que recibí desde muy chico, que me impulsa todos los días a seguir soñando con alcanzar todos mis objetivos en mi carrera”, expresó el corredor en el comunicado difundido por el equipo. En sus redes sociales, el mensaje fue aún más directo y convocante: “Nos vemos en casita, vengan todos”.
El operativo para concretar esta cita histórica demandó una compleja articulación institucional y privada. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumió el liderazgo en la gestión, mientras que diversas compañías se sumaron para apuntalar el financiamiento, lo que permitirá montar una zona de fans en los parques aledaños. Las negociaciones, que se extendieron durante varios meses, avanzaron por carriles independientes a la reciente cancelación de los Grandes Premios en Baréin y Arabia Saudita debido al conflicto en Medio Oriente. De hecho, el propio secretario de Deportes porteño, Fabián Turnes, había anticipado semanas atrás que la presencia de Colapinto podría servir como un puente hacia un objetivo mayor: recuperar el Gran Premio de Argentina.
Esa es, precisamente, la carta que el Gobierno local planea desplegar en la reunión que mantendrá con los dueños de la Fórmula 1, Liberty Media, durante el fin de semana del Gran Premio de Miami, programado para el 3 de mayo. La apuesta es clara: las imágenes de Colapinto surcando las calles porteñas entre una marea de banderas y fervor popular deberán funcionar como el argumento más potente para demostrar que Buenos Aires está lista, una vez más, para albergar a la categoría reina. Mientras tanto, las obras en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez avanzan en la reforma estructural más ambiciosa de su historia, con miras a recibir al MotoGP en marzo de 2027 y, con la vista puesta más allá, aspirar a un lugar en el calendario de la F1 a partir de 2028.
El cronograma de Colapinto estará marcado por la intensidad. Arribará al país el 23 de abril, protagonizará la exhibición tres días después, y el lunes 27 emprenderá viaje rumbo a Miami para continuar con sus compromisos en la Máxima. Será, además, una oportunidad inédita para sus compatriotas, ya que el pilarense nunca compitió en autos dentro del territorio argentino. Su trayectoria local se remonta a 2018, cuando se consagró campeón nacional de karting, pero su desembarco en los monopostos ocurrió a los 12 años, en la Fórmula 4 Sudamericana, en Uruguay. Luego vendría su paso por la Fórmula 4 Española y su consolidación en el automovilismo europeo.
La organización de un evento de esta magnitud no estuvo exenta de desafíos logísticos. Trasladar un monoplaza de Fórmula 1 no implica únicamente el costo del transporte del vehículo, sino también el desplazamiento de un equipo especializado de mecánicos, habituados a este tipo de demostraciones, pero que no forman parte del personal que compite en los Grandes Premios. El auto utilizado, categorizado como showcar, es un modelo de temporadas anteriores cuyas prestaciones se ajustan a las necesidades de una exhibición urbana, priorizando el espectáculo sobre la performance extrema. Experiencias similares se vivieron en Buenos Aires en dos ocasiones previas: en 2008, con David Coulthard a bordo de un Red Bull cerca del Obelisco, y en 2012, con Daniel Ricciardo, también sobre un monoplaza de la bebida energética.
Ahora, la expectativa alcanza dimensiones superiores, impulsada por la identificación popular con Colapinto, quien en lo que va del año ya acumula cuatro presentaciones en tres Grandes Premios con Alpine. Su desempeño más destacado hasta el momento fue el décimo puesto en la carrera principal de Shanghái, que le permitió sumar puntos por primera vez desde su llegada a la escudería. La última fecha en Suzuka lo dejó en la decimosexta posición.
A raíz de las suspensiones en Medio Oriente, la Fórmula 1 retomará su actividad recién el viernes 1° de mayo en Miami, con una única sesión de entrenamientos libres que dará inicio a un fin de semana con formato sprint. Pero antes, el asfalto porteño será el escenario de una fiesta que busca no solo celebrar al ídolo local, sino también demostrar que la pasión argentina sigue siendo uno de los activos más poderosos para convencer a la élite del automovilismo mundial. La entrada al evento será gratuita, aunque con un sistema de preventa a partir del 6 de abril y venta general al día siguiente, mientras que la transmisión estará a cargo de la plataforma Disney+. El gran interrogante ahora es cómo se gestionará la multitud que, sin dudas, responderá al llamado de su piloto.