El Canalla recibe esta noche a Universidad Central de Venezuela con la necesidad de sellar su boleto a los octavos de final y borrar la amargura por la eliminación en el Apertura, en un Gigante de Arroyito que todavía respira fútbol a pesar del golpe sufrido el sábado
La cicatriz del fracaso reciente apenas comienza a cubrir la piel del hincha rosarino, pero el calendario no concede treguas ni permite convalecencias extensas. El conjunto dirigido por Jorge Almirón volverá a pisar el césped del estadio ubicado a orillas del Paraná con una misión que trasciende lo meramente clasificatorio: demostrar que la decepción del torneo doméstico no ha quebrado la convicción colectiva que hasta hace apenas días mantenía ilusionado a todo un pueblo auriazul. Desde las 19, y con entradas aún disponibles para los miembros de la institución, el Canalla recibirá a la escuadra venezolana con el propósito doble de asegurar su lugar entre los dieciséis mejores del continente y consolidar la cima del Grupo H.
Con una cosecha de diez unidades, el equipo argentino se erige como el dueño absoluto de su sector en la Copa Libertadores, aunque paradójicamente ninguno de sus dos objetivos inmediatos se encuentra aún garantizado. La matemática es clara pero implacable: un empate bastaría para que el pase a la siguiente ronda quede sellado sin necesidad de especulaciones posteriores. La diferencia de gol, alimentada por la contundente victoria por tres tantos contra cero conseguida en Caracas, inclina la balanza a favor de los dirigidos por Almirón, pero el fútbol siempre guarda resquicios para la sorpresa. Lo que verdaderamente atormenta al ambiente canalla no es el adversario de turno, sino el escozor que dejó la caída ante River en la antesala de la final del Apertura, un golpe anímico del que el plantel deberá despojarse con urgencia para reconectar con la concentración que demanda el certamen internacional.
El entrenador del conjunto rosarino ha delineado un plan que combina la necesidad de refrescar energías con la urgencia de recuperar efectividad en el área rival. La modificación más significativa pasa por el regreso de Alejo Véliz al ataque, desplazando a Guillermo Fernández en una decisión que busca reanimar la producción ofensiva. El delantero, que había perdido la titularidad en los últimos compromisos como consecuencia de una producción por debajo de las expectativas generadas, se perfila para despedirse de Arroyito con una actuación que le permita demostrar que su valía permanece intacta, dado que a partir de julio vestirá la camiseta del Bahía brasileño después de que el club nordestino desembolsara diez millones de euros para adquirir su pase al Tottenham inglés. El futuro del atacante quedará sellado en los próximos días, y esta noche representa su última chance de brillar ante la parcialidad que lo vio crecer.
Las incógnitas en la formación inicial no se agotan en la recuperación de Véliz. El cuerpo técnico aún sopesa la inclusión de Jaminton Campaz en lugar de Enzo Copetti, mientras que la participación de Julián Fernández permanece bajo evaluación. Quienes sí aparecen como fijos en el once son Benjamín Domínguez y el experimentado Ángel Di María, cuyo desequilibrio individual sigue siendo el recurso más confiable del equipo para desarmar defensas adversarias. La zaga, por su parte, mantendrá a Jorge Broun bajo los tres palos, respaldado por una línea de cuatro integrada por Damián Martínez, Facundo Mallo, Carlos Quintana y Alan Sández, con el capitán como sostén emocional en momentos de tensión.
Del otro lado del campo se alzará Universidad Central de Venezuela, un adversario que acumula seis puntos y se asienta en la tercera posición del grupo, aunque con ambiciones que exceden el mero cumplimiento estadístico. Un empate en el Gigante le garantizaría al menos el tercer puesto, lo que en el peor escenario posible le otorgaría un pasaporte a la Copa Sudamericana. Sin embargo, una victoria en Rosario transformaría por completo el panorama del equipo dirigido por Daniel Sasso, catapultándolo a la pelea por acceder directamente a los octavos de final del máximo torneo continental. En el plano doméstico, el conjunto venezolano marcha líder del Grupo A en la fase campeonato de su liga local, y un triunfo en Argentina lo depositaría en la antesala de la definición del torneo.
La formación que disponga Almirón sobre el terreno de juego estará compuesta por Jorge Broun; Damián Martínez, Facundo Mallo, Carlos Quintana, Alan Sández; Franco Ibarra, Cristian González; Benjamín Domínguez, Jaminton Campaz (o Enzo Copetti), Ángel Di María; Alejo Véliz. Por su parte, la alineación de Universidad Central incluirá a Schiavone; Silva, Ramírez, Simarra, Cumana; Solé, González, Sosa, Bolívar; Cuesta, Zapata, con la consigna de sorprender en un reducto históricamente adverso para los visitantes.
El escenario no podría ser más exigente para un equipo que todavía arrastra el peso de la decepción reciente, pero también es cierto que las grandes campañas se forjan en la capacidad de transmutar el dolor en energía transformadora. Central tiene esta noche la posibilidad de demostrar que el golpe del sábado no fue un punto final, sino apenas un paréntesis en un camino que aspira a extenderse hasta las instancias decisivas de la Libertadores. El Gigante, testigo de tantas batallas épicas, volverá a rugir esperando que sus muchachos encuentren en la adversidad la chispa que encienda una nueva ilusión.