Messi y De Paul se enfrentan a su propia hinchada: gestos de bronca y silencio en la victoria de Inter Miami

Messi y De Paul se enfrentan a su propia hinchada: gestos de bronca y silencio en la victoria de Inter Miami

En el cierre del triunfo ante Portland Timbers, los campeones del mundo reprobaron con señas y actitudes los cánticos de la parcialidad local, que reclamó un mayor compromiso pese al liderazgo de Las Garzas en la Conferencia Este.

En una noche que debió ser de pura celebración futbolística, una estampa inusual ensombreció los instantes conclusivos del encuentro que el Inter Miami le ganó a los Portland Timbers en el Nu Stadium. Los protagonistas centrales de aquella escena de incomodidad no fueron adversarios ni el árbitro, sino dos de los pilares del vestuario: Lionel Messi y Rodrigo De Paul, quienes expresaron con claridad su descontento frente a los cánticos provenientes de las gradas ocupadas por los seguidores del conjunto de Florida.

Cuando el marcador ya favorecía a Las Garzas por dos tantos —con una anotación y una habilitación del astro rosarino—, desde la tribuna comenzó a entonarse el conocido coro “Jugadores”, una arenga que habitualmente los hinchas utilizan para reclamar mayor entrega o criticar un rendimiento considerado pobre dentro del terreno. Lo paradójico del momento residía en el contexto: el equipo marchaba hacia una victoria que lo depositaría en la cima de la tabla.

Ante esa manifestación de descontento, el capitán y emblema del club no disimuló su molestia. Con ademanes dirigidos al sector ubicado detrás de uno de los arcos —zona donde suele concentrarse la barra más vocal—, el oriundo de Rosario reprobó la actitud de un público que, en lugar de alentar en los compases decisivos, optó por la exigencia desencarnada. La reacción del diez fue inmediata y elocuente, aunque no la única.

Minutos más tarde, al momento de ejecutar un saque de esquina desde el flanco derecho, Rodrigo De Paul llevó su contrariedad un paso más allá. El volante campeón del mundo exhibió con gesto firme el escudo en dirección a los espectadores y, en un acto cargado de simbolismo, reclamó explícitamente aliento en lugar de reproches. Su postura corporal no dejó lugar a dudas: el cántico había traspasado un límite para el vestuario.

La tensión silenciosa se prolongó incluso después del pitazo final. Según detalló el periodista José Armando a través de sus redes sociales, ni Messi, ni De Paul, ni tampoco Luis Suárez se acercaron al sector de la hinchada para los saludos de rigor. Los tres referentes marcharon en línea recta hacia el túnel de vestuarios, evitando todo gesto de acercamiento con esa parcela de la parcialidad que momentos antes había elevado su voz en tono de queja.

Lo más llamativo del episodio, sin embargo, es que la protesta de los seguidores llegó en un momento de franca prosperidad deportiva para la institución. Con este triunfo, el Inter Miami alcanzó las veintiocho unidades y desbancó temporalmente a Nashville SC de la cima de la Conferencia Este, aunque con dos compromisos más disputados que su inmediato perseguidor. El rendimiento colectivo, lejos de ser alarmante, mostraba solidez.

El propio Messi había sido artífice fundamental del resultado positivo. A los treinta minutos, tras una maniobra colectiva que contó con las intervenciones de Telasco Segovia y Luis Suárez, el argentino definió con precisión quirúrgica después de recibir una habilitación de taco proveniente del venezolano. Siete minutos más tarde desperdició por escaso margen una nueva oportunidad, pero antes del descanso ejerció como asistidor: superó adversarios en el área y, al no hallar ángulo para disparar, cedió el balón a Germán Berterame para que sellara el dos a cero definitivo.

En la segunda mitad, el Inter Miami modificó su libreto y optó por replegarse para salir de contragolpe, cediendo transitoriamente la iniciativa a los Timbers. Cada aparición del rosarino generó peligro, como aquel remate desde el borde del área a los veinticuatro minutos, o un tiro libre en tiempo añadido que el arquero James Pantemis desvió evitando la tercera diana.

Las cifras respaldan la jerarquía de un futbolista que, a sus treinta y ocho años, sigue grabando su nombre en las páginas de la historia. Desde su arribo a la MLS, Messi ha vestido la camiseta de Inter Miami en ciento tres compromisos, con un saldo de noventa goles y cuarenta y nueve asistencias. En su carrera profesional completa, suma mil ciento cincuenta y cuatro partidos, novecientos diez tantos y cuatrocientas trece habilitaciones. En menos de dos temporadas, el club ha levantado cuatro títulos: la League Cup 2023, el Supporters’ Shield 2024, el campeonato de la Conferencia Este 2025 y la MLS Cup 2025.

Pero aquella noche, los pergaminos y los trofeos no bastaron para blindar la relación entre los ídolos y una fracción de la grada. El gesto bronco de Messi y la exhibición desafiante del escudo por parte de De Paul quedarán como un recordatorio incómodo: en el fútbol, a veces, ni el liderazgo ni la victoria alcanzan para acallar las exigencias de una hinchada que, paradójicamente, celebra mientras reclama.

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