Bajo la lupa del surrealismo: Caputo atribuye la caída del consumo a tasas municipales e informalidad, mientras los supermercadistas le muestran la cruda realidad de los bolsillos

Bajo la lupa del surrealismo: Caputo atribuye la caída del consumo a tasas municipales e informalidad, mientras los supermercadistas le muestran la cruda realidad de los bolsillos

En un cónclave con los máximos referentes de las cadenas de supermercados más influyentes del país, el titular de la cartera de Hacienda desplegó un diagnóstico estadístico que desconcertó hasta a los empresarios más afines al oficialismo. Ante la evidencia de un derrumbe del treinta por ciento en las ventas, el ministro insistió con teorías que chocan de frente con la falta de ingresos de las familias.

En una jornada que muchos de los asistentes calificaron como propia de una obra de teatro del absurdo, el salón de acuerdos del ministerio de Hacienda se transformó en el escenario de un diálogo de sordos entre el jefe del Palacio y los máximos referentes del supermercadismo patrio. Los líderes de gigantes como Carrefour, Changomás, Coto, Día, Cencosud —bajo cuyas alas se cobijan Jumbo, Disco y Vea— y La Anónima escucharon con atención mezclada con asombro cuando Luis Caputo confesó su profunda inquietud por el rumbo del consumo, aunque se apresuró a aclarar que su preocupación no guarda relación alguna con la falta de dinero en los hogares ni con la imposibilidad de comprar que aqueja a la ciudadanía. Según la versión del funcionario, el desplome en las ventas responde exclusivamente a la presión de las tasas municipales y a la competencia desleal que impone el comercio no registrado.

De acuerdo con lo que pudo reconstruir Página/12 a partir de fuentes presentes en el encuentro, Luis “Toto” no dudó en elogiar las paritarias que se cerraron por debajo del dos por ciento, un porcentaje que, paradójicamente, constituye la razón fundamental del hundimiento del poder adquisitivo. Pero allí no terminaron las afirmaciones sorprendentes. El ministro se permitió especular con cifras que rozan lo fantástico: sostuvo que la economía nacional estaría expandiéndose a un ritmo anualizado del cinco por ciento, y aventuró que, de no mediar conflictos bélicos internacionales, ese crecimiento treparía hasta el diez por ciento. Una elucubración estadística más que rozaba la fantasía.

Fue entonces cuando uno de los empresarios presentes tomó la palabra para ofrecer un análisis global que intentó hacer mella en el diagnóstico oficial. Con paciencia, explicó que el consumo se derrumba sencillamente porque no existen ingresos suficientes. Reconoció que las tasas municipales inciden, ya que encarecen el precio final en aquellas cadenas que operan en blanco, y admitió que el comercio informal puede ofrecer precios más bajos. Sin embargo, remarcó un dato incontrastable: tanto el sector formal como el informal están sufriendo caídas en sus volúmenes de venta. La conclusión era inevitable, había un problema estructural de consumo, no de costos ni de competencia desleal.

Por eso, el mismo empresario se animó a llevar el mensaje con crudeza al ministro: “Toto, en los últimos dos años hemos retrocedido un veinticinco por ciento en la venta por unidades. El golpe es fortísimo”. Caputo lo observó con un gesto que simulaba comprensión, pero rápidamente arremetió nuevamente contra las tasas municipales, señalando con el dedo a varios intendentes del Partido Justicialista que, según sus dichos, aplican alícuotas que en algunos casos superan el seis por ciento. Lo que omitió mencionar el funcionario es que esas tasas se cobran en un contexto donde el Estado Nacional asfixia financieramente a los municipios, privándolos de cualquier alternativa de financiamiento si pretenden mantener los servicios básicos y el nivel de asistencia a sus poblaciones.

En ese clima de creciente tensión, un segundo referente del sector levantó la mano y agregó un testimonio aún más alarmante: en su cadena, la contracción de las ventas alcanzaba el treinta por ciento. “Jamás habíamos presenciado algo semejante”, insistió con énfasis. Los empresarios le mostraron a Caputo cifras que reflejaban un cuadro desolador: ningún rubro se salvaba del derrumbe. Los últimos relevamientos de la consultora Scentia, mencionados en la reunión, indicaban que las ventas en supermercados habían declinado un cinco coma nueve por ciento en febrero, mientras que en los comercios de proximidad la merma fue del tres coma ocho por ciento. Ambos guarismos eran interanuales, comparados contra un dos mil veinticinco que ya había registrado caídas frente a un dos mil veinticuatro, el cual a su vez había perdido terreno contra el dos mil veintitrés.

Lo que resulta increíble, pero sucedió, es que Caputo continúa sin asimilar que el país enfrenta una crisis de gasto en los hogares, crisis que además se manifiesta en un proceso de endeudamiento familiar que ya alcanza niveles muy preocupantes. “Miren, lo que yo visualizo es que tendremos una cosecha extraordinaria, un repunte muy potente en la construcción gracias a las grandes obras públicas. Y todo eso derramará”, argumentó el ministro, como si recitara un manual de teoría económica de medio siglo atrás. Por cortesía o camaradería, los empresarios guardaron respeto. Incluso Federico Braun, dueño de La Anónima y conocido por su sintonía fina con Javier Milei, se mantuvo en silencio, aunque no desconoce que el escenario de ventas está totalmente desplomado.

Los supermercadistas coinciden con Caputo en que las tasas municipales y la economía informal agregan presión sobre un sistema ya de por sí tensionado, pero tienen muy claro que la raíz del problema del consumo es otra. El ministro, sin embargo, volvió a insistir ante los referentes del sector en que las discusiones salariales deben mantenerse todas por debajo del dos por ciento. Esta pretensión de digitar desde el Ejecutivo las negociaciones entre empleadores y trabajadores no solo blanquea una intromisión flagrante en un asunto que debería ser de índole privada, sino que también expone sin pudor que el Gobierno solo autoriza recomposiciones salariales muy por debajo de una inflación que ya transita por encima del tres por ciento. Los salarios acumulan cinco meses consecutivos en terreno negativo, y la mayoría de los ingresos se ubican por debajo de los niveles registrados en el dos mil veintitrés.

Al concluir el encuentro, los empresarios del consumo masivo resumieron su diagnóstico con una frase que no admitía doble lectura: “Si no hay plata, no hay consumo. Es bastante sencillo”. No existen misterios en el funcionamiento del negocio de la venta al público, coincidieron. Tampoco hay plata, tal como lo ha expresado con contundente honestidad el propio Presidente Milei. La diferencia es que, para los supermercadistas, esa falta de recursos ya se traduce en números rojos que ensangrentan sus balances, mientras que en el Palacio de Hacienda aún parece preferirse la ficción estadística antes que asumir una realidad que se impone día a día en cada caja de los comercios de todo el país.

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