Un solitario tanto de Adam Bareiro en el complemento le permitió al «Xeneize» doblegar a Talleres en el estadio Mario Alberto Kempes, en un cotejo de escaso vuelo futbolístico pero de enorme significado para el conjunto de la ribera, que preservó a sus figuras de cara al inminente estreno por la Copa Libertadores de América.
En una noche que prometía poco desde lo estético y terminó entregando justamente eso, Boca Juniors supo hacerse fuerte en tierras cordobesas. Fue victoria por la mínima diferencia ante Talleres, con un elenco mayoritariamente alternativo, en el marco de la decimotercera jornada del Torneo Apertura. El encuentro, disputado en el recinto deportivo bautizado con el nombre del ídolo local Mario Alberto Kempes, no quedará en la memoria por su brillantez, pero sí por la eficacia visitante, que aprovechó una de las pocas situaciones claras que generó para quedarse con los tres puntos.
El único grito de la noche llegó cerca del final. Corrían 25 minutos del segundo tiempo cuando el delantero paraguayo Adam Bareiro se transformó en el protagonista inesperado de la velada. Una jugada que nació en los pies de Aranda, quien ejecutó un pase filtrado para Merentiel, derivó en un centro desde el sector izquierdo que Bareiro empujó con el cuerpo pegado al césped, definiendo con la categoría de los artilleros de área. Fue el instante de explosión para un puñado de jugadores que habitualmente no gozan de la titularidad, y que en esta ocasión respondieron con creces a la confianza depositada.
Con este resultado, el conjunto de la ribera escaló hasta la tercera colocación del Grupo A, acumulando un total de veinte unidades. La próxima parada para el elenco dirigido por Fernando Gago será el sábado once de abril, cuando reciba en su propio feudo a Independiente, en un duelo que anticipa tensión y tradición. Sin embargo, la mente de los responsables del plantel ya está puesta en otro horizonte: el próximo martes a las 21.30, Boca hará su presentación en la Copa Libertadores, visitando a la Universidad Católica de Chile en un desafío que marcará el inicio de la aventura internacional.
Del otro lado del campo, la realidad se presenta más sombría para el equipo que comanda Carlos Tevez. Talleres, que llegaba con la necesidad de sumar para no despegarse de los primeros puestos, quedó rezagado en la sexta posición de la misma zona, con dieciocho puntos. Su calendario inmediato tampoco será sencillo: el lunes trece deberá trasladarse hasta Florencio Varela para enfrentar a Defensa y Justicia, en lo que ya se perfila como una final anticipada para mantener vivas las aspiraciones del «Matador».
El desarrollo del juego fue, en líneas generales, de bajo voltaje emocional. Durante la etapa inicial, las emociones escasearon. Talleres insinuó primero a los doce minutos, cuando Rick Morais desbordó por el flanco izquierdo y envió un centro que parecía encontrar a Ronaldo Martínez, pero la intervención oportuna del arquero Leandro Brey cortó la peligrosa conexión. Más tarde, Cristaldo ensayó un remate desde las afueras del área, aunque su intento se perdió entre las nubes, demasiado elevado.
La primera aproximación realmente inquietante para el arco local demoró hasta la media hora de juego. Una asociación por el sector derecho culminó con un disparo raso de Aranda, que exigió al guardameta Guido Herrera, quien se estiró sobre su palo derecho para contener sin mayores contratiempos. Un instante después, el defensor Figal ganó en las alturas tras un tiro de esquina, conectando un cabezazo que, tras un roce fortuito, pasó peligrosamente cerca del larguero.
Talleres volvió a generar zozobra a los treinta y cuatro minutos, cuando una habilitación filtrada por el costado izquierdo rompió las líneas rivales y dejó a Rick frente al arco. Sin embargo, el atacante no logró ajustar su postura corporal y definió de manera errática, desviando su remate por encima del primer poste. Antes del descanso, Brey salió mal en un centro, dejando una pelota muerta en el corazón del área grande, lo que permitió una chilena de Ronaldo Martínez que fue despejada sobre la raya de gol, aunque el linier ya había levantado su bandera por posición adelantada del paraguayo.
En el reinicio del segundo tiempo, el dueño de casa mostró mayor intencionalidad ofensiva. A los cuatro minutos, Rick otra vez probó desde lejos, buscando el ángulo más alejado del guardavalla, pero su disparo se marchó besando el travesaño. Luego, un exquisito pase filtrado de Aranda dejó a Miguel Merentiel en inmejorable posición para definir. El delantero, en lugar de rematar, intentó eludir a Herrera con un autopase, pero el arquero demostró reflejos felinos para achicar, tirarse al piso y quedarse con el esférico antes de que el atacante pudiera recuperarlo.
Parecía que el empate sin goles sería el desenlace lógico de una noche gris, pero Boca golpeó con precisión de relojero suizo. La sociedad entre Aranda, Merentiel y Bareiro funcionó a la perfección, y el paraguayo no perdonó. Ya en tiempo de descuento, Talleres dispuso de una última oportunidad para igualar las acciones: un centro hacia el segundo palo fue cabeceado al corazón del área chica, donde apareció el delantero Depietri, que se lanzó de «palomita» intentando anticipar la salida de Brey. Su remate, sin embargo, se fue ancho, sellando la suerte del partido y desatando el alivio en el banquillo visitante.
Boca, con un triunfo que vale más que solo tres puntos, se subió a la ola del optimismo justo antes del gran desafío copero. Talleres, en cambio, quedó con la sensación amarga de haber tenido el control por momentos, pero sin la contundencia necesaria para trasformarlo en un resultado positivo.
