A días del duelo más esperado del calendario doméstico, los dos campeones del mundo en Qatar 2022 analizaron la trascendencia del encuentro, la presión del contexto, el estado del terreno de juego y las críticas hacia el árbitro, en un clima de creciente tensión previa al choque entre Boca Juniors y River Plate.
A medida que el reloj avanza hacia el domingo próximo, el ambiente futbolero argentino se impregna de una efervescencia difícil de igualar. En el ojo del huracán, dos figuras centrales de la escena local, Leandro Paredes y Gonzalo Montiel, alzaron la voz para compartir un diagnóstico común sobre lo que se avecina. Ambos coincidieron sin titubeos al calificar el compromiso como un desafío de alta complejidad. “Es un partido difícil”, señalaron en sintonía, antes de agregar que se trata de una de esas jornadas por las que cualquier jugador suspira a lo largo de su trayectoria profesional. En un marco de visible expectación, los dos excompañeros en la selección argentina coincidieron en subrayar la relevancia mayúscula del enfrentamiento más emblemático del balompié criollo.
Desde la vereda boquense, Paredes puso el acento en la solidez mostrada por su conjunto en las últimas presentaciones y en la seguridad con la cual el plantel encara la cita ante el eterno rival. “Venimos encadenando una racha muy favorable de resultados y sostenemos una idea de juego clara”, aseguró el volante central, aunque de inmediato introdujo un matiz necesario: este tipo de duelos, explicó, poseen una lógica propia y se disputan en una dimensión diferente. “Son partidos aparte”, sentenció, dejando en claro que los pronósticos o las estadísticas previas pierden peso cuando el balón comienza a rodar en un Superclásico.
Del otro lado del mapa, Montiel orientó su análisis hacia una figura a menudo subestimada pero determinante: la autoridad dentro del campo. El lateral derecho de River hizo un llamado explícito a moderar la virulencia de las críticas en los días previos al silbatazo inicial. “Hay que manifestar un poco más de respeto, porque es él quien finalmente decide”, sostuvo el defensor, en una velada alusión a las manifestaciones surgidas desde el círculo cercano a Boca en las horas precedentes. Con esa declaración, Montiel intentó bajar la temperatura de una previa que ya empieza a vivir con intensidad inusitada, tanto en las tribunas como en los vestuarios.
Las palabras de ambos protagonistas no eludieron los temas espinosos que han agitado la semana. La designación de Darío Herrera como juez principal y las condiciones del césped del Estadio Monumental se colaron en la conversación como focos de controversia. Sin embargo, tanto Paredes como Montiel evitaron caer en el facilismo de las excusas. “El terreno no está en buen estado. No beneficia a ninguno de los dos equipos”, reconoció el jugador millonario. Su par xeneize secundó la apreciación con un tono práctico: “Estará igual para ambos. Somos dos conjuntos que buscan desplegar fútbol; el estado del pasto condiciona, pero no le otorgamos una relevancia desmedida”.
Más allá de ese primer punto de fricción, los dos campeones del mundo en Qatar 2022 no perdieron de vista lo esencial: la inmensidad del evento en sí mismo. Montiel describió con pasión lo que representa esta clase de citas en el calendario. “No existe sensación más hermosa que disputar un Superclásico. Será complicado, son encuentros trabados porque los clásicos tienen esa naturaleza. Intentaremos imponer nuestro estilo y, por encima de todo, conseguir la victoria”, manifestó. En la misma línea, Paredes profundizó acerca de la carga emocional y deportiva que conlleva el partido. “El anhelo permanente es alcanzar metas significativas, pelear por objetivos importantes. Por algo también regresé a esta institución. Me motivaba volver a experimentar esa adrenalina. El Superclásico constituye uno de los desafíos más trascendentes que afrontamos en nuestra carrera”, reflexionó el mediocampista.
En otro segmento del diálogo, ambos futbolistas confirmaron un dato que no pasó inadvertido para sus respectivas hinchadas. Si las circunstancias los llevan a estar sobre el rectángulo de juego y el árbitro decreta un castigo máximo desde los doce pasos, ninguno de los dos dudó en asumir la responsabilidad. “Si me toca jugar, obviamente que lo ejecutaré yo”, afirmó Montiel con firmeza. Desde el borde de la Ribera, Paredes fue igualmente rotundo: “Seguramente sea yo quien patee”. Con esa certeza, ambos cerraron sus declaraciones, dejando en claro que, cuando la presión alcanza su punto más alto, ellos no solo no se esconden, sino que reclaman el protagonismo. El domingo, el balón tendrá la última palabra.
