El adiós imborrable al “Nene” de oro: José Sanfilippo partió a los 91 años, dejando un legado de goles y gloria eterna en San Lorenzo

El adiós imborrable al “Nene” de oro: José Sanfilippo partió a los 91 años, dejando un legado de goles y gloria eterna en San Lorenzo

El máximo artillero histórico del “Ciclón” y referente absoluto del fútbol argentino falleció en la jornada del jueves. Su huella trasciende las estadísticas y se inscribe en el corazón de Boedo, donde su nombre resuena como sinónimo de idolatría y conquista.

El fútbol argentino viste hoy sus galas de duelo. En las primeras horas de este jueves 4 de junio de 2026, la noticia recorrió cada rincón de la geografía patria con la pesadez de una pérdida irreparable: José Sanfilippo, esa figura legendaria que supo dibujar con la punta del pie derecha una época de esplendor, exhaló su último aliento a los 91 años. Quienes lo vieron brillar aún lo recuerdan como el “Nene”, un apodo que la grandeza de su oficio volvió inmortal, pero la grandeza de su obra lo transformó en mucho más que una simple promesa juvenil: se convirtió en el máximo estandarte de San Lorenzo de Almagro.

La triste confirmación llegó desde la propia institución azulgrana, la casa que lo vio nacer futbolísticamente y a la que dedicó los años más feroces de su voracidad goleadora. Con un mensaje cargado de dolor y reverencia, el club de Boedo comunicó el deceso de quien, hasta el último suspiro de los cronómetros, ostenta el cetro de artillero histórico del “Ciclón”. Una marca que ningún otro jugador, ni siquiera los más célebres que vistieron esa camiseta, pudo superar. Sanfilippo anotó más de doscientos tantos oficiales con la divisa azulgrana, una cifra que no solo habla de efectividad sino de una comunión casi mística con el arco rival y la gradería.

Nacido un 4 de mayo de 1935 en Buenos Aires, en el seno de una familia humilde que poco podía imaginar el destino legendario de aquel muchacho, Sanfilippo comenzó a deslumbrar en las divisiones inferiores de San Lorenzo. Su irrupción en la primera división no fue un simple debut, sino una declaración de principios. Con una zurda que parecía tener imán para el esférico y una capacidad de definición que rayaba lo artístico, se transformó en el referente de aquel inolvidable equipo de los años cincuenta y sesenta. Su olfato para anticiparse a los defensores, su pegada implacable y esa frialdad sobre el manchón penal lo erigieron como el delantero temido por todas las defensas del continente.

Pero la carrera de José Sanfilippo no se agotó en el barrio de Boedo. Aunque su corazón siempre latió con fuerza azulgrana, el delantero también vistió las camisetas de Boca Juniors y Banfield, sumando experiencia y respeto en cada escuadra. Sin embargo, es en el “Ciclón” donde su nombre alcanza dimensión mitológica. Fue parte fundamental de la conquista del campeonato de 1959 y de otros lauros que engrosaron las vitrinas del club en una época dorada. Más tarde, su aventura lo llevó también al fútbol brasileño, donde dejó muestras de su calidad, aunque sin desdibujar jamás su identidad como emblema del fútbol argentino.

Su legado trasciende los números, por más abrumadores que estos resulten. Sanfilippo fue, ante todo, un emblema de la lealtad, un jugador que defendió cada pelota como si fuese la última y que devolvió a la afición sanlorencista, con creces, el cariño recibido. En tiempos donde el pase de jugadores se vuelve moneda corriente, la figura del “Nene” permanece erguida como ejemplo de identificación total con una camiseta. Las nuevas generaciones, que solo pueden acceder a su memoria mediante registros fílmicos o relatos de los más veteranos, descubren en él la esencia del centrodelantero clásico: oportunista, potente, letal.

La noticia de su partida, ocurrida en la tranquilidad de su hogar acompañado por sus seres queridos, ha generado una ola interminable de condolencias en las redes sociales y en el ambiente futbolístico. Desde los actuales jugadores de San Lorenzo hasta viejas glorias de otros clubes, todos han coincidido en un mismo sentimiento: se ha apagado una luz que iluminó las canchas argentinas durante más de dos décadas. El periodismo deportivo, esa crónica cotidiana del balompié, dedica extensas semblanzas al “Nene”, recordando aquellos goles imposibles, aquellas definiciones que hacían enmudecer a las multitudes rivales y enloquecer a las propias.

La dirigencia del Ciclón ya ha anunciado que se realizará una emotiva despedida en el estadio Pedro Bidegain, donde los hinchas podrán acercarse a rendirle el último y merecido homenaje a quien muchos consideran el más grande delantero en la historia centenaria de la institución. Las banderas a media asta, los cánticos silenciados y el recuerdo omnipresente serán el escenario de una despedida que no es un adiós definitivo, pues Sanfilippo seguirá viviendo cada vez que un ariete azulgrana pise el césped con la ambición de batir un récord que, por ahora, parece inalcanzable.

José Sanfilippo no solo abandona este mundo como un excepcional deportista. Se va, a sus 91 años, como un símbolo cultural del fútbol argentino, uno de esos nombres propios que el diccionario popular nunca borrará. Se va el hombre, pero queda la estirpe del goleador, la estampa del “Nene” corriendo hacia el arco con el puño en alto, eternizado en fotografías de color sepia y en la memoria vibrante de quienes tuvieron el privilegio de verlo jugar. El fútbol, ese universo de pasiones encontradas, se detiene un instante para aplaudir al gigante que hoy emprende su último y definitivo pase hacia la inmortalidad.

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