El conjunto de Parque Patricios aprovechó cada resquicio que dejó su adversario, construyó un marcador generoso a partir de tres golpes certeros y profundizó la crisis del anfitrión, que sumó su tercera caída consecutiva y quedó marginado de la zona de clasificación.
En el estadio único del Bosque platense, la balanza se inclinó del lado de aquel que supo transformar en oro sus escasas oportunidades. Huracán demostró una puntería letal que Gimnasia no pudo encontrar ni siquiera en sus momentos de mayor dominio, y así construyó un triunfo por tres tantos contra cero que, pese a lo holgado del resultado, resultó más generoso con los números que con el desarrollo efectivo del juego. Porque si algo quedó en evidencia a lo largo de los noventa minutos fue una paradoja repetida en ambos tiempos: justo cuando el Lobo se sentía dueño de las acciones, el Globo asestaba un golpe definitivo.
El primer capítulo de esta historia comenzó con un Gimnasia volcado al ataque, empujado por su gente y con la iniciativa en el mediocampo. Sin embargo, carecía de la claridad necesaria para vulnerar el arco rival. Huracán, en cambio, transitaba sus minutos más dubitativos, con dificultades para afirmarse en la zona central. Pero el fútbol premia la eficacia, y a los dieciséis minutos una volea formidable ejecutada por Campo desde las afueras del área se incrustó en la red, abriendo el marcador cuando menos lo merecía el dueño de casa. Lejos de hundirse, el elenco de Parque Patricios repuntó luego de aquel envión anímico y dispuso de situaciones para ampliar la ventaja. No lo consiguió por la intervención del guardameta Insfrán, quien con reflejos felinos desvió al córner un zurdazo del colombiano Cortés y más tarde repelió un mano a mano ante el ecuatoriano Caicedo.
El complemento trajo consigo una ráfaga de esperanza para la afición local. Gimnasia saltó al césped con una energía revitalizada, dispuesto a borrar la desventaja. Pero otra vez la falta de resolución en los metros finales lo condenó a la impotencia. Del otro lado, Huracán ajustó piezas con el ingreso de Gil en reemplazo de Óscar Romero, una modificación que le otorgó mayor equilibrio y claridad. Y a los veinte minutos del segundo tiempo, el trámite encontró su punto de quiebre: una acción colectiva bien hilvanada, con un centro de Cortés desde la izquierda, fue conectada por Blondel para decretar el dos a cero. Instantes antes, el mismo Blondel había estrellado un remate en el travesaño, anunciando lo que terminaría por consumarse.
A partir de ese momento, el escenario se volvió hostil para el Lobo. Envuelto en la rechifla creciente de sus propios simpatizantes, el equipo perdió la brújula emocional y bajó los brazos. Y Huracán, lejos de especular, aprovechó la debilidad ajena con saña profesional. A los treinta y ocho minutos, Caicedo anticipó con astucia, le robó el esférico a Enzo Martínez y definió ante Insfrán con un disparo elevado que selló el tres a cero definitivo.
Con esta victoria, el conjunto de Parque Patricios alcanzó las diecisiete unidades y se posicionó como el último clasificado a la zona de definición, a solo cuatro jornadas del cierre de la etapa regular. En las antípodas, Gimnasia se hundió en la decimocuarta posición de su grupo, con catorce puntos, fuera de los puestos de playoffs y sumando su tercer revés consecutivo, un registro que encendió todas las alarmas en el Bosque.
