Trece años después del histórico “¡Hagan lío!” del pontífice en Río de Janeiro, el sacerdote portugués Guilherme Peixoto, capellán militar y artista tras la consola, ofrece este sábado un espectáculo gratuito en el corazón porteño, donde Bergoglio caminó durante décadas.
En julio de 2013, el papa Francisco pronunció un discurso inolvidable en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, en Río de Janeiro, durante su visita a Brasil con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Allí, entre la multitud fervorosa, lanzó una exhortación que quedó grabada como un eco imborrable: “¡Hagan lío!”. Pasado más de un decenio, y a un año de su fallecimiento, un clérigo portugués, capellán castrense y también artista de música electrónica, Guilherme Peixoto, ha decidido tomar ese mandato con absoluta seriedad y trasladarlo a Buenos Aires. La cita es este sábado 18, a las 20 horas, con una propuesta libre y sin costo alguno que tendrá como escenario la emblemática Plaza de Mayo, un territorio que Jorge Mario Bergoglio recorrió asiduamente como sacerdote y arzobispo de la ciudad, mucho antes de que un cónclave lo transformara en el sumo pontífice.
El religioso luso recuerda con nitidez aquel llamado pontificio: “Él nos desafió a salir de la sacristía, a dirigirnos hacia las periferias existenciales de la sociedad”. En diálogo con este medio, Peixoto subraya que su intención es rendir un tributo al papa que modificó por completo su comprensión del sacerdocio. “Quiero que vengan a bailar, a gozar y a compartir alegría y energía entre todos”, afirma con entusiasmo.
Un mensaje que atraviesa fronteras y ritos
Una tarde de lluvia torrencial, Guilherme llega puntual a un café del barrio porteño de Retiro, donde lo aguardan distintos medios nacionales para darle la bienvenida al país. Lo acompaña Oscar Soria, activista y vicepresidente de la asociación Miserando, entidad que organiza esta visita. Apenas ingresa al local, el cura DJ evoca la potencia de las palabras de Francisco: “Hablaba y nos erizaba la piel. Nos impulsó a no tener miedo, porque el temor a veces nos encierra demasiado dentro de la Iglesia, a nosotros los sacerdotes, y nos mantiene en la zona de confort”.
Fue precisamente ese empuje el que, hacia 2006, lo llevó por primera vez a colocarse detrás de una consola de mezclas. “Había comenzado esta aventura musical en la parroquia donde servía, con el objetivo de saldar deudas, restaurar el templo y crear aulas para el catecismo”, rememora en portugués, salpicando su relato con expresiones en portuñol. Y agrega: “Francisco repetía que no debíamos tener pavor de ensuciarnos las manos ni de lo que pudieran opinar los demás. Fue entonces cuando reuní el valor para hacer algo distinto de lo que ya realizaba en mi comunidad”.
Esa búsqueda se convirtió en su sello inconfundible: hoy, antes que cualquier otra cosa, Guilherme Peixoto es el Cura DJ. Después de presentarse en Lisboa ante un millón y medio de personas durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2023, su nombre ha figurado en los carteles de los eventos más prestigiosos del universo electrónico, como Afterlife, Dreamfields y Zamna Festival. “La música electrónica posee una cultura muy hermosa de encuentro y tolerancia. Siempre sostengo que si es posible vivenciarla dentro de la pista de baile, entonces también debemos trasladarla al día a día en la calle”, enfatiza.
Fe, beats y una pista sin credos

En cada sesión, Peixoto fusiona ritmos electrónicos con mensajes de espiritualidad y momentos de oración. Por ejemplo, para uno de sus remixes incorporó fragmentos del discurso de Bergoglio en la Jornada de Brasil: “Sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen adelante, construyan un mundo mejor”, se escucha en una de sus canciones, acompañada por cruces de luces LED e imágenes de Cristo. “Cuando actúo en un evento, un festival o un club, observo la pista de baile y no sé si hay católicos, musulmanes, protestantes, ortodoxos o judíos”, justifica. Y prosigue: “Probablemente haya personas de todas las religiones danzando frente a mí, y también algunas sin creencia ni fe, pero lo cierto es que todos transitan juntos ese camino, todos lo están disfrutando”.
Esa visión de la pista como un espacio de convergencia trasciende lo estrictamente religioso. “Vivimos en una sociedad cada vez más individualista, donde se busca cultivar el éxito. Hoy hay una enorme falta de esperanza entre los jóvenes”, reflexiona el cura DJ cuando se le pregunta por su mirada sobre las nuevas generaciones. “Los adultos tienen la obligación de crear lugares para los jóvenes, porque si no, tenemos jóvenes que no logran convertirse en adultos y, a veces, adultos que quieren ser eternamente jóvenes. Como el complejo de Peter Pan, ¿no?”, bromea con tono jocoso.
-¿Qué relevancia otorga a los jóvenes dentro de su universo?
-Deben estar siempre en la primera línea, con su enorme corazón y todos sus sueños. Pero que no sueñen solos. Que sueñen, en el fondo, un mundo fraterno. Y ese mirar hacia abajo, mirar a quien está caído.
-Es un mensaje que Francisco ha repetido en numerosas ocasiones.
-En la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, hay una frase del papa que tocó el corazón de todos: “El único momento en que es posible mirar a alguien de arriba hacia abajo es para ayudarlo a levantarse”. Francisco nos pide eso: que no pisemos a nadie, que no pasemos por encima de nadie. Queremos esta cultura del respeto. Fue un mensaje que me conmovió a mí y a los corazones de todos los presentes. Por eso, desde entonces, no dejo de compartirlo.
Expectativas ante el público argentino
Aunque será su primera presentación con este show en el país, cuando se le consulta qué aguarda de los asistentes locales, Guilherme sonríe y afirma que llega con la tarea estudiada. “En Europa, cuando conversamos con DJs que vienen a Argentina, todos dicen cosas maravillosas. Hablan de un público fantástico, de una cultura de la electrónica única”, cuenta. La reputación argentina en el circuito global del género no le es ajena, y eso pesó decisivamente: “Para mí, esta invitación no podía haber sido de otra manera. Tenía que venir a Argentina por dos razones: una, por esta conexión con el papa Francisco. La otra, porque aquí la gente vibra de una forma reconocida en todo el mundo”.
Sobre los detalles del espectáculo prefiere mantener el misterio. Solo adelanta que habrá sorpresas y que quienes lo hayan visto antes reconocerán algunos elementos característicos. Sonarán versiones electrónicas de canciones de misa y, en algún momento de la noche, la voz de Francisco resonará desde los altoparlantes de Plaza de Mayo.
Lo que perdura después del set
“Francisco alertaba permanentemente sobre la cultura de la indiferencia, sobre no ser indiferentes ante los más pobres, los más frágiles, aquellos que no tienen voz”, recuerda el DJ, trayendo otro de los mensajes bergoglianos que lo marcaron con fuego. Y agrega algo que suena casi como una clave para entender por qué este homenaje se realiza en Buenos Aires y no en Lisboa: “Él proviene de una realidad que en Europa padecemos de manera muy aislada. Esa realidad que conoció aquí como obispo y como sacerdote la trasladó a su pontificado. Decía muchas veces: una iglesia pobre para los pobres”.
El lío, entonces, también trae optimismo medido en pulsaciones por minuto. “Nunca tuve problemas en estar donde están los jóvenes. La música electrónica me brinda ese encuentro, y eso me permite llevar una semilla de esperanza”, concluye el cura DJ, mientras la lluvia amenaza pero no empaña la certeza de que este sábado, en el corazón histórico de Buenos Aires, la consigna del papa volverá a hacerse escuchar, ahora a través de los graves y las luces estroboscópicas.
