La interna libertaria estalla en redes tras una citación judicial que divide al oficialismo

La interna libertaria estalla en redes tras una citación judicial que divide al oficialismo

El llamado a indagatoria de once usuarios de la plataforma X por presuntas intimidaciones contra un dirigente cercano a Karina Milei encendió una grieta pública entre los principales referentes de la militancia digital. La diputada Lilia Lemoine y el activista Daniel Parisini protagonizaron un cruce feroz que dejó al desnudo las tensiones ocultas del espacio gobernante.

En el seno de La Libertad Avanza, la épica de la «batalla cultural» comenzó a resquebrajarse por un frente inesperado: el Poder Judicial. Lo que hasta hace poco era celebrado como la avanzada de soldados digitales dispuestos a todo por la causa, se transformó en un doloroso expediente judicial que amenaza con exponer las costuras más frágiles del proyecto gobernante. El detonante de esta nueva sacudida interna fue la resolución de un magistrado que convocó a declarar a once internautas por el delito de amenazas e incitación en perjuicio de Sebastián Pareja, un armador político de la provincia de Buenos Aires que responde directamente a la hermana y principal consejera del Presidente, Karina Milei.

El origen de la controversia se remonta a la difusión no autorizada del número telefónico personal de Pareja en el espacio virtual, un acto que su entorno califica como un hecho concreto de acoso y no como una mera expresión de descontento. Desde las filas del afectado insisten en que el proceso judicial no persigue opiniones divergentes, sino conductas que entendieron como violatorias de los límites elementales del respeto. Sin embargo, la reacción inmediata dentro del propio ecosistema libertario evidenció una lectura muy distinta. La militancia digital, hasta ayer mimada como la vanguardia de la «cruzada cultural» contra el establishment, de repente se encontró bajo el foco de una lupa incómoda.

Fue en ese clima de tensión creciente donde apareció la primera voz autorizada a poner un cerco. Lilia Lemoine, diputada nacional y figura de fuerte llegada a las bases virtuales, decidió bajar una línea que no admitía matices: a su juicio, todo aquel que no estuviera dispuesto a respaldar incondicionalmente a Pareja debería, lisa y llanamente, dejar de seguir al Presidente Javier Milei. La postura de la legisladora buscaba establecer un límite entre la lealtad y la traición, entre los que pertenecen a la verdadera comunidad y los que sólo habitan sus márgenes.

La respuesta no tardó en llegar y llevaba la firma de uno de los pesos pesados de la manifestación callejera y virtual del movimiento. Daniel Parisini, más conocido como el «Gordo Dan», salió al cruce con una réplica en el mismo tono incisivo que caracteriza a la plataforma X. El activista le negó a Lemoine cualquier autoridad para decidir quién merece permanecer dentro del espacio y quién debe ser expulsado. «Esto no es el Congreso. No pasarás», le espetó el dirigente, en una clara alusión a que la pertenencia al movimiento no se dirime con resoluciones unilaterales ni con credenciales parlamentarias.

Lejos de amilanarse, la diputada redobló la apuesta y llevó la discusión a un terreno más personal y político. Le reprochó a Parisini haber respaldado en el pasado a figuras incómodas para el núcleo duro del mileísmo, como la vicepresidenta Victoria Villarruel y la diputada Marcela Pagano, a quienes el sector más ortodoxo considera fuera del libreto oficial. Además, lo acusó de haber resultado funcional a situaciones que, en su mirada, ocasionaron perjuicios al Gobierno. «Me cansé», sentenció Lemoine, en un intento por dar por cerrada una discusión que, en realidad, recién comenzaba.

Parisini, en lugar de ceder terreno, rechazó de plano la acusación y se dedicó a defender su trayectoria con lujo de detalles. El militante afirmó que en cada momento crítico acompañó al espacio en su conjunto cuando las circunstancias lo exigían, sin pedir nada a cambio. Y volvió a marcar el límite con una frase que quedó flotando en el ambiente: «Nadie tiene la lapicera para repartir pertenencias». Con esa declaración, el activista puso en el centro de la escena una pregunta incómoda que hasta ahora el oficialismo prefería mantener en off: ¿quién define, en última instancia, los bordes de la lealtad libertaria?

Este intercambio explosivo no fue un hecho aislado ni un simple desahogo de dos personalidades confrontativas. Por el contrario, los tuits cruzados expusieron una discusión mucho más honda que llevaba tiempo gestándose en los subterráneos del poder. De un lado de la grieta se ubica el entramado político que ordena minuciosamente Karina Milei desde la sombra, un esquema donde Pareja ocupa un lugar central como operador territorial bonaerense. La defensa cerrada que el sector le prodiga al dirigente se convirtió, así, en una suerte de prueba de fuego para medir alineamientos. Quien duda o cuestiona, automáticamente queda afuera.

En la vereda opuesta, Parisini cuestionó con crudeza la decisión de llevar ante los estrados judiciales a los propios militantes digitales, aquellos que según su visión dieron la batalla en las trincheras virtuales cuando la mayoría aún no se animaba a mostrar la cara. Pero el activista fue más allá y dejó caer un dato que recorrió el ecosistema libertario como un reguero de pólvora: confesó que había pedido personalmente la renuncia de Pareja. Ese pedido, sin embargo, nunca tuvo eco. Nadie en la cúpula escuchó su reclamo, y el armador continúa en su lugar, blindado por la hermana del Presidente.

La escena completa deja una imagen mucho menos heroica que la que el oficialismo suele construir para el consumo externo. Los mismos tuiteros que hasta ayer eran presentados como soldados de vanguardia de una nueva derecha disruptiva, hoy se encuentran bajo investigación judicial, con el fantasma de una condena penal acechando sus cuentas personales. Allí emerge, nítida y perturbadora, la gran contradicción: un Gobierno que nació celebrando la irreverencia digital y alimentó la confrontación permanente, ahora discute internamente si respalda a sus propios combatientes o si prefiere tomar distancia para no quemarse con las brasas de un incendio que ayudó a encender.

Mientras tanto, en la trinchera virtual, las cuentas alineadas con el núcleo duro de Karina Milei ya comenzaron a reforzar el respaldo a Lilia Lemoine, multiplicando sus mensajes y aislando a Parisini. Dos sectores, dos lecturas antagónicas sobre un mismo problema central. La interna que durante meses fue un susurro contenido en pasillos y reuniones reservadas dejó de serlo para siempre. Ahora se escribe en público, sin filtros, tuit por tuit, en un tablero donde la Justicia se convirtió, paradójicamente, en el detonante de una guerra que nadie parece dispuesto a detener.

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