En un encuentro marcado por la persistente llovizna y las emociones contenidas, el Ciclón necesitaba la victoria para ingresar a la zona de clasificación a los octavos de final del Torneo Apertura, pero terminó resignando un empate sin goles ante el Fortín, en un duelo que dejó más interrogantes que certezas.
En el marco de una nueva jornada del campeonato doméstico, específicamente la decimoquinta fecha, San Lorenzo recibió a Vélez Sarsfield en un escenario empapado por una precipitación incesante que acompañó cada jugada desde el silbatazo inicial hasta el final. El conjunto de Boedo enfrentaba una obligación ineludible: ganar para escalar a los puestos que otorgan pasajes a la siguiente ronda. Sin embargo, el marcador no se movió y el cero a cero selló un destino amargo para los locales, mientras que la visita se marchó con un sabor agridulce, aunque vigente en la pelea por la cima.
El contexto previo presentaba a dos escuadras con necesidades diferentes pero igual de urgentes. Por un lado, el anfitrión, dirigido por Gustavo Álvarez, pretendía mantenerse con vida en la recta decisiva de la competencia. Por el otro, el combinado de los hermanos Barros Schelotto buscaba desalojar a Estudiantes del primer puesto de la Zona A para recuperar la privilegiada ubicación de líder. Esa disparidad de objetivos se reflejó en los primeros compases del partido: San Lorenzo saltó al terreno con una actitud notablemente más decidida, inclinando levemente la balanza a su favor frente a uno de los elencos más sólidos del torneo.
La figura del volante creativo Reali resultó desequilibrante en esos momentos iniciales. Su constante movimiento, sumado a la presencia inquietante de los atacantes de localía, generó preocupación en la retaguardia visitante. No obstante, el guardameta colombiano Montero emergió como un muro infranqueable, resolviendo con oficio un par de centros que llegaron con veneno y, sobre todo, despejando de manera magistral un tiro libre ejecutado con precisión por Gulli, un joven surgido de las divisiones formativas del club azulgrana.
Del otro lado, Vélez pareció resentir el planteo rival durante los primeros veinte minutos. Le costó horrores insertarse en el ritmo del encuentro, y recién superado ese lapso logró advertir con un disparo de falta ejecutado por Pellegrini. Aquella pelota con comba exigió una rápida y feliz intervención del arquero paraguayo Gill, que se estiró a tiempo para evitar la apertura del marcador. Más tarde, Tripichio tomó la lanza como armador y diseñó una habilitación magnífica para Auzmendi, quien impactó la pelota de volea, tal como venía, pero el cancerbero visitante y el travesaño se conjuraron para negarle el festejo. Así, un primer tiempo que prometía emociones concluyó con escasas aproximaciones y una sensación de equilibrio tenso.
El complemento arrancó con una ráfaga ofensiva de Vélez. Apenas reiniciadas las acciones, tras un rápido lateral, Pellegrini quedó perfilado de manera inmejorable, aunque su zurdazo se perdió desviado. La respuesta de San Lorenzo no se hizo esperar: un rechace a medias de Mammana quedó servido para Gulli, pero este no pudo capitalizar la oportunidad. El Fortín, incómodo con la disposición táctica de su adversario, intentó hacer valer la exquisita calidad de sus mediocampistas. Así, una magnífica media vuelta de Lanzini terminó besando el costado externo de un poste, generando un suspiro colectivo en las gradas.
Mientras el delantero Cuello permanecía desaparecido en el bando local, Tripichio volvió a vestirse de paciente orquestador, aunque esta vez Gulli envió el esférico por encima del larguero. El uruguayo De Rittis, cada vez más animado, comenzó a transitar campos ofensivos y probó fortuna desde media distancia, encontrando nuevamente la seguridad de Montero. En el frente, el solitario Monzón cumplía con la tarea de pivotear, pero la falta de conexión con sus compañeros volvía estériles sus esfuerzos.
A pesar de que el aguacero había amainado hacia los minutos finales, el desgaste físico se hizo evidente. Muchos jugadores, obligados a competir también en escenarios internacionales, sintieron el peso de las piernas. Ya en tiempo de descuento, Godoy dispuso de una acción clarísima para desnivelar, pero la desperdició. El empate sin goles dejó a Vélez a apenas un escalón de la cima, acechando con un punto de diferencia, mientras que San Lorenzo quedó, por ahora, fuera de la zona de play-offs, con la amargura de no haber podido sellar su destino bajo su propia lluvia.
