El reconocido intérprete falleció en un centro de salud porteño donde se hallaba recluido tras padecer un accidente en su hogar. Su partida genera un profundo pesar en el ambiente artístico, que lo despide como un pilar fundamental del cine, la televisión y el teatro argentino.
La madrugada de este lunes marcó el final de una trayectoria brillante y extensa. Luis Brandoni, uno de los rostros más emblemáticos de la actuación nacional, dejó de existir en el Sanatorio Güemes, el mismo establecimiento donde permanecía recluido desde el pasado 11 de abril, luego de sufrir un percance doméstico. Contaba con 86 años y su salud se había visto resentida en las últimas semanas, aunque su espíritu creativo nunca se detuvo.
La triste nueva fue corroborada por Carlos Rottemberg, productor y amigo íntimo del artista, quien lo describió con una frase que resume su magnitud en la escena local: “el último primer actor de una generación inolvidable”. Esas palabras resonaron con fuerza entre colegas, admiradores y críticos, que reconocen en Brandoni a un referente de sólida formación y compromiso.
Los restos del comediante serán velados en la Legislatura Porteña desde el mediodía, un espacio que simboliza también su paso por la política, y en la jornada del martes serán trasladados al Panteón de Actores, situado en el Cementerio de Chacarita, lugar que alberga a tantas figuras inmortales de la cultura popular.
La Asociación Argentina de Actores y Actrices se pronunció a través de sus canales oficiales para rendir homenaje a quien fuera también dirigente gremial. En el comunicado, destacaron su “sólida labor interpretativa en cine, teatro y televisión”, una carrera que lo erigió como “una reconocida figura de la escena nacional”. No hubo elogio vacío: cada papel, cada personaje, llevaba la marca de su entrega.
El sábado 11 de abril, Brandoni había sufrido un accidente dentro de su vivienda que terminó derivando en su internación. Hasta entonces, el actor mantenía una actividad incesante: protagonizaba la comedia Quién es quién en el teatro Multitabaris, obra que había sido interrumpida días antes por problemas de salud de su compañera de elenco, Soledad Silveyra. El público, que aún esperaba verlo sobre las tablas, deberá conformarse con el enorme legado registrado en películas, series y funciones memorables.
Nacido en Dock Sud, Avellaneda, el 18 de abril de 1940, Brandoni pisó por primera vez un escenario profesional a los 22 años, en la comedia musical El novio, junto a figuras como Luis Aguilé, Mariquita Gallegos e Iris Marga, bajo la dirección de Juan Silbert. Desde aquel debut, desarrolló una vastísima trayectoria teatral que lo mantuvo vigente hasta sus últimas semanas. Entre los títulos que jalonaron su carrera se encuentran Parque Lezama —recientemente estrenada como filme en Netflix—, Made in Lanús, Chúmbale, Panorama desde el puente, Stefano, Segundo tiempo, El acompañamiento, Art, Justo en lo mejor de mi vida, Un enemigo del pueblo, Conversaciones con mamá, Enrique IV, Convivencia, Papi, El viejo criado, Vidas privadas, Don Arturo Illia, El gran deschave y Gris de ausencia, entre muchas otras.
En la pantalla chica y las plataformas digitales, supo ganarse un lugar privilegiado en ficciones como Nada, Un gallo para Esculapio, Mi cuñado, Buscavidas, El retrato de Dorian Grey, La bonita página, Vulnerables, Graduados, Señores papis, Culpables, Durmiendo con mi jefe, El hombre de tu vida, Derecho viejo e Infieles. Cada interpretación suya aportaba una cuota de naturalismo y oficio difícil de igualar.
El cine argentino también le debe páginas gloriosas. Brandoni participó en películas icónicas como Esperando la carroza, La tregua, La Patagonia rebelde, La odisea de los giles, Cien veces no debo, Darse cuenta, Made in Argentina, Mi obra maestra, El cuento de las comadrejas, Esa maldita costilla, La suerte en tus manos, Tokio, Autocine mon amour, Sola y Juan que reía. Su registro actoral, siempre verosímil, le permitió transitar con soltura desde la comedia más aguda hasta el drama de mayor hondura.
Pero Brandoni no solo fue un intérprete excepcional. También ejerció como Secretario General de la Asociación Argentina de Actores entre noviembre de 1972 y diciembre de 1983, un período signado por la turbulencia política. En 1974, a raíz de amenazas, debió partir al exilio, aunque retomó su actividad sindical al regresar al año siguiente. En noviembre de 1996 volvió a ocupar ese cargo bajo la presidencia de Pepe Novoa, pero renunció en diciembre de 1997 para asumir como diputado por la Unión Cívica Radical, incorporándose de lleno a la vida política nacional. Esa faceta, menos conocida para el gran público, habla de un hombre comprometido con su tiempo y con las instituciones.
Con la partida de Luis Brandoni, se cierra una época dorada de la actuación argentina. Queda el consuelo de su obra monumental, el recuerdo de sus personajes inolvidables y la certeza de que, tal como lo definió su amigo Rottemberg, fue verdaderamente el último de una estirpe que jamás volverá.
