El mandatario argentino realizó su tercer viaje a territorio israelí en menos de un año, en medio de un creciente conflicto regional. Visitó el sitio sagrado del Muro de los Lamentos, suscribió entendamientos bilaterales y ratificó su promesa de trasladar la sede diplomática nacional. Mientras tanto, en casa, la economía se desboca, las causas por corrupción salpican a su administración y las fisuras internas se profundizan.
En las últimas horas, mientras el mundo observa con estupor la escalada bélica entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, el presidente Javier Milei emprendió un nuevo periplo hacia Jerusalén, escenificando un respaldo sin ambages al gobierno de Benjamín Netanyahu. La visita, que ya es la tercera desde su asunción, incluyó una recorrida por el emblemático Muro de los Lamentos, un encuentro plagado de gestos de complicidad con el primer ministro israelí, el anuncio de pactos de carácter “comercial y geoestratégico” y la reiteración de su vieja aspiración de mudar la representación diplomática argentina desde Tel Aviv hacia la ciudad sagrada.
Lejos de la retórica protocolar, el jefe de Estado argentino se presentó en la oficina de Netanyahu acompañado por su hermana y secretaria general de la presidencia, desatando una escena que dio la vuelta al mundo: un efusivo abrazo, carcajadas sonoras y la exclamación en inglés “¡Ay, Dios mío, amigo! ¡Soy tu amigo!”. Incluso, con una actitud inusual para un contexto de guerra, Milei le mostró su corbata al anfitrión y posó para las cámaras con los pulgares levantados en señal de triunfo.
Netanyahu, por su parte, no escatimó elogios hacia el visitante. Destacó su “coraje” y afirmó que el líder argentino había demostrado estar “defendiendo a Israel, defendiendo al pueblo judío, enfrentando las calumnias antisemitas” y acompañando “en la hora más difícil”. El primer ministro se mostró sorprendido por el alineamiento total de Milei con la Casa Blanca en medio de una confrontación que ya suma cientos de bajas civiles y militares. “Ha sido muy claro, contundente, directo y firme”, enfatizó Netanyahu. Y adelantó un hecho insólito: Milei será “el primer líder extranjero en setenta y ocho años de historia israelí” en encender una antorcha durante la ceremonia por el Día de la Independencia.
Entre los anuncios concretos sobresale la puesta en marcha, desde noviembre próximo, de la primera ruta aérea directa entre Buenos Aires y Tel Aviv operada por la aerolínea israelí El Al. Pero el punto más sensible volvió a ser el futuro de la embajada argentina. “Lo haremos apenas las condiciones lo permitan”, sostuvo Milei, convencido de que la mudanza es “necesaria, pero sobre todo justa”. Y añadió, con un tono casi bíblico: “Tal como nos enseñan las escrituras sagradas, el mundo se sostiene sobre la justicia, la verdad y la paz. Ese es el hemisferio americano que queremos edificar junto a Israel”.
El mandatario argentino no escatimó elogios hacia su par estadounidense, Donald Trump, a quien consideró un líder con “convicción inquebrantable” para poner fin a “los extremismos” en Medio Oriente. En una declaración conjunta con Netanyahu, Milei arremetió contra los gobiernos de izquierda y los modelos anticapitalistas, a los que acusó de haber arrastrado a la región hacia “la decadencia” aliándose con “el terrorismo, el narcotráfico y el antisemitismo”. “Hoy, con el respaldo de Estados Unidos, tenemos la oportunidad de producir ese cambio transformador”, sentenció.
Además, el Presidente justificó el ataque contra “el régimen iraní” y sostuvo que esa postura no es “improvisada”. Recordó que su administración ya declaró organizaciones terroristas a Hamás y a la Guardia Revolucionaria de Irán, y firmó un memorándum de entendimiento con Israel en materia de democracia y libertad. Sin embargo, omitió mencionar que, días atrás, junto al canciller Pablo Quirno, se expulsó al encargado de negocios iraní en Buenos Aires, Mohsen Soltani Tehrani, a quien se declaró persona non grata.
También se suscribieron los denominados “Acuerdos de Isaac”, una iniciativa que —según Milei— busca extender a Latinoamérica el espíritu de cooperación en ámbitos diplomáticos, comerciales, culturales y de inteligencia artificial, además de aunar voluntades en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Pero quizás el momento más desconcertante de la visita ocurrió cuando el mandatario argentino participó de la preproducción de la ceremonia por el 78º Día de la Independencia de Israel en el monte Herzl. Allí, subió al escenario y, como si el horror de la guerra fuera un telón de fondo desactivado, comenzó a entonar a voz en cuello el clásico “Libre” de Nino Bravo, en un insólito show musical que desentonó con la gravedad del contexto bélico que ya segó miles de vidas.
Mientras Milei desplegaba ese gesto de euforia en Jerusalén, en la Argentina la realidad doméstica pintaba un cuadro muy diferente. La economía permanece descontrolada, con una inflación que no cede y reservas en niveles críticos. Al mismo tiempo, avanzan en los tribunales diversas denuncias por corrupción contra altos funcionarios del oficialismo, y las internas dentro del espacio gobernante se profundizan día a día.
Críticas desde la oposición: “Un alineamiento peligroso”
Las voces discrepantes no tardaron en aparecer. El exministro de Defensa y actual diputado nacional Agustín Rossi cuestionó duramente el periplo presidencial. “Es una profundización y una exageración del alineamiento automático de Milei con Trump y Netanyahu”, sostuvo el legislador en diálogo con este diario. Y añadió: “Mientras la mayoría de los países del mundo reclaman por la paz, el Presidente argentino viaja a hacer explícito su respaldo a una de las partes en conflicto”.
Rossi fue más lejos al advertir que esta estrategia diplomática “nos conduce a un lugar de aislamiento político internacional” y puso en duda que semejante apoyo irrestricto pueda traducirse en beneficios concretos para la nación sudamericana. “Seguro que no le aporta nada a la Argentina”, sentenció el diputado, en un diagnóstico que comienza a resonar en amplios sectores de la dirigencia local. Mientras las bombas caen en Medio Oriente, el país observa, entre atónito y dividido, la deriva de un gobernante que parece sentirse más cómodo en el ojo del huracán geopolítico que en la tormenta cotidiana de su propia casa.
