El fantasma de la inercia inflacionaria fuerza una revisión al alza de los pronósticos para abril

El fantasma de la inercia inflacionaria fuerza una revisión al alza de los pronósticos para abril

Tras conocerse un IPC del 3,4% en marzo, muy por encima de lo anticipado por el mercado, las consultoras elevaron sus estimaciones para el cuarto mes del año. El piso de la desaceleración se corrió hacia arriba, mientras la inflación núcleo y los precios mayoristas encendieron nuevas alarmas.

La fotografía de la economía argentina volvió a tornarse más borrascosa de lo previsto. Lo que durante los primeros días de abril se vislumbraba como una lenta pero esperada descompresión de los precios comenzó a resquebrajarse el pasado 14 de abril, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundió una cifra que ningún participante del mercado había incorporado en sus modelos: la inflación de marzo alcanzó el 3,4%, un registro que no solo superó por un amplio margen las expectativas, sino que además representó la décima aceleración mensual consecutiva y el valor más elevado en un año, equiparable al 3,7% de marzo de 2025.

Hasta ese momento, el más reciente Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que elabora el Banco Central reflejaba un consenso optimista: los analistas y las entidades financieras anticipaban para marzo un incremento cercano al 3%. Pero la realidad del indicador oficial terminó por imponerse con cuatro décimas adicionales, un desvío que, lejos de ser anecdótico, obligó a reconfigurar por completo el escenario para el mes en curso. Lo que parecía una corrección menor se transformó en un verdadero punto de inflexión para las proyecciones de abril.

Antes de la publicación del dato de marzo, las principales consultoras manejaban un horizonte alentador para el cuarto mes del año. De acuerdo con el mismo REM, la suba esperada para abril rondaba el 2,6%. Firmas como EcoGo estimaban un 2,3%; Equilibra, un 2,5%; y Analytica, un 2,8%. Sin embargo, la contundencia del 3,4% de marzo actuó como un baldazo de agua fría. En cuestión de días, varias de esas consultoras se vieron forzadas a ajustar sus números hacia arriba. EcoGo, por caso, elevó su proyección para abril al 2,5%, lo que implica dos décimas más que su cálculo previo. Analytica, a su turno, sumó una décima adicional y ahora anticipa un 2,9%.

En rigor, el mercado aún sostiene la hipótesis de que abril podría traer la primera desaceleración tras diez meses consecutivos de ascensos. Pero ese alivio, de concretarse, llegará desde una base mucho más elevada de lo que se suponía apenas quince días atrás. La novedad, entonces, no es la desaceleración en sí misma, sino el nuevo piso desde el cual debería producirse: un piso que el Indec confirmará recién el 14 de mayo, cuando publique el dato definitivo del IPC de abril.

El verdadero núcleo del problema, sin embargo, no reside únicamente en el número general, sino en un componente más profundo y revelador: la inflación núcleo. Este indicador, que excluye los precios regulados por el Estado y aquellos afectados por estacionalidades, se disparó en marzo al 3,2%, superando incluso el nivel de febrero en una décima. Para los especialistas, se trata de una señal particularmente preocupante, porque la inflación núcleo es el reflejo más fiel de las presiones de fondo en la economía: mide aquella suba de precios que obedece a la mera inercia, a las expectativas ancladas en el pasado reciente. Y esa inercia, advierten las consultoras, será ahora más difícil de domeñar.

EcoGo, por ejemplo, detectó “persistencias de arrastre heredadas de marzo” que todavía gravitan sobre los precios de abril, con un impacto estimado en 0,3 puntos porcentuales. Esa herencia encarece cualquier intento de descompresión rápida. A ello se suma otro dato que el Gobierno suele mirar con especial atención: el índice de precios mayoristas. Tradicionalmente, cuando los mayoristas desaceleran, el equipo económico de Javier Milei y Luis Caputo lo exhibe como un anticipo de futuras bajas en los precios al consumidor. Pero esta vez no hubo respiro: la inflación mayorista de marzo empató con el IPC general, también en 3,4%, borrando cualquier señal de alivio temprano.

No todas las consultoras modificaron sus pronósticos. Algunas, como LCG, mantuvieron su techo del 2,8% para abril, pero simplemente porque ya partían de un diagnóstico pesimista: habían anticipado desde el inicio que la inflación núcleo de marzo sería elevada. Equilibra, por su parte, se sostuvo en el 2,5% porque su propia estimación para marzo (3,3%) estuvo muy cerca del dato real, lo que les otorgó un margen de confianza mayor. En las antípodas se ubicaron aquellas firmas que habían confiado en un escenario más benigno; ellas fueron las que, tras el impacto del 3,4%, tuvieron que rectificar sus modelos con urgencia.

El mensaje final que emerge de este reacomodamiento es ineludible: la desaceleración prometida, aquella que el Presidente Milei imaginó con un cero adelante para agosto, tardará más en materializarse. La inercia inflacionaria, alimentada por una núcleo recalcitrante y un arrastre estadístico adverso, se ha convertido en un obstáculo de proporciones mayores. El mercado, que alguna vez soñó con una pronta moderación, ahora ajusta sus lentes y se prepara para un abril más caliente de lo deseado, con la certeza de que cada décima que se subestima termina siempre pasando factura.

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