El consumo masivo sufrió en marzo su peor batida en quince meses: los supermercados encabezaron el derrumbe

El consumo masivo sufrió en marzo su peor batida en quince meses: los supermercados encabezaron el derrumbe

Las ventas se contrajeron un 5,1% frente al mismo período del año anterior, con lo que sumaron tres caídas interanuales en cadena. Mientras los alimentos y los productos de limpieza resultaron los segmentos más castigados, el poder adquisitivo de los salarios continuó erosionándose por debajo de la inflación.

El retroceso del consumo masivo se profundizó durante el tercer mes del año y alcanzó niveles que no se registraban desde hace quince períodos. Según el último relevamiento difundido por la firma especializada Scentia, las ventas totales experimentaron un desplome del 5,1% en comparación con marzo del año pasado, encadenando de esta manera tres caídas interanuales consecutivas. Ese resultado se convierte en el más alarmante desde enero del año previo, y evidencia un escenario donde los hogares reajustan sus erogaciones con creciente frecuencia ante ingresos que no logran recuperar su poder de compra. Pese a que respecto a febrero último se observó una mejora del 6,1% en términos estacionales, la tendencia de fondo sigue siendo negativa: en el primer trimestre completo de 2026, la contracción acumulada alcanza el 3,1%, un guarismo que contradice los discursos oficiales y confirma que los salarios marchan por detrás de los precios, con el rubro alimenticio como el principal damnificado.

El deterioro afectó a todas las regiones del país y a prácticamente todos los formatos comerciales. Las grandes cadenas de supermercados lideraron la caída, con una reducción del 7% en sus ventas frente a marzo de 2025, acumulando en el primer trimestre un descenso del 5,4%. Los comercios de proximidad, tradicionalmente más resilientes, tampoco escaparon a la tendencia: registraron una baja del 5,1% en la medición interanual y arrastran una merma del 4,4% en lo que va del año. Los quioscos, por su parte, sufrieron una retracción del 4,5% respecto al mismo mes del año anterior y acumulan un retroceso del 1,3%. Dos únicos segmentos lograron cerrar marzo en terreno positivo: el comercio electrónico, que trepó un espectacular 34,3% interanual, y las farmacias, con una modesta alza del 0,9%.

El impacto brutal de la crisis se reflejó con crudeza en las categorías esenciales. Los productos para la limpieza del hogar y de la ropa lideraron las pérdidas, con un hundimiento del 12%, seguidas por los artículos perecederos, que cayeron un 9,7%. Los bienes asociados al desayuno y la merienda se desplomaron un 8,2%, mientras que el rubro de higiene y cosmética se contrajo un 5%. Los productos impulsivos —aquellos de compra no planificada— retrocedieron un 4,3%, y los alimentos en general bajaron un 4,1%. Las bebidas sin alcohol mostraron una caída más moderada del 1,4%, en tanto que las bebidas alcohólicas fueron la excepción al crecimiento, con un repunte del 2,6%.

Detrás de este panorama sombrío se erige un factor central: la sostenida pérdida de poder adquisitivo del salario, que obliga a las familias a reorganizar sus prioridades hasta el extremo de dificultarles concentrar el gasto incluso en bienes básicos. Según un informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín, los sueldos de los trabajadores privados registrados volvieron a retroceder en marzo, acumulando tres meses consecutivos de caída. La brecha entre los aumentos paritarios y la inflación resulta elocuente: en enero los acuerdos pactaron un incremento del 1,7% y en febrero de apenas 0,8%, muy por debajo de la suba de precios del 2,9% acumulada en ese bimestre. En marzo, los aumentos nominales rondaron el 2,3%, insuficientes frente al 3,4% que arrojó el Índice de Precios al Consumidor. De esta forma, se completaron tres meses seguidos en los que los precios superaron a los salarios, consolidando un proceso de deterioro que el gobierno se empecina en negar.

El Salario Mínimo, Vital y Móvil tampoco escapa a esta tendencia. En marzo se ubicó en 352.400 pesos, pero en términos reales acumula un derrumbe cercano al 38% o 39% desde fines de 2023, lo que lo coloca muy por debajo de su poder adquisitivo histórico y lejos de los máximos de la última década. La comparación regional resulta todavía más desfavorable: el salario mínimo argentino se encuentra hoy entre los más bajos de América Latina, apenas por encima de economías con altísima inestabilidad como las cubana y venezolana. Todos estos datos reflejan un escenario donde los ingresos continúan perdiendo la carrera frente a la inflación, impactando de lleno en el consumo masivo y, sobre todo, en las condiciones de vida de los trabajadores.

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