El jefe de Gabinete evitó categóricamente negar la existencia de pagos en negro a funcionarios nacionales, mientras los periodistas recuperaron el acceso a la sala de acreditados tras diez jornadas de clausura, aunque con mayores limitaciones que las vigentes antes del cierre
Tras más de un mes y medio de silencio prolongado, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió a enfrentar a los cronistas en la sala de periodistas de la Casa Rosada, aunque su regreso estuvo lejos de ofrecer respuestas contundentes. En su primera conferencia de prensa en cuarenta y un días, el funcionario optó por una estrategia esquiva cuando fue interpelado acerca de las crecientes sospechas sobre la existencia de remuneraciones extraoficiales dentro del Poder Ejecutivo, versiones que tomaron estado público a raíz de una investigación periodística publicada el domingo último en el matutino Clarín.
Ante la consulta directa sobre un artículo que señalaba la presunción de que «funcionarios y asesores percibirían pagos mensuales por fuera de los carriles establecidos», Adorni se refugió en una declaración lacónica. «No analizamos notas periodísticas», se limitó a expresar durante su exposición, evadiendo cualquier pronunciamiento de fondo. La insistencia de dos comunicadores no logró quebrar su postura: cuando le solicitaron una segunda respuesta sobre el mismo tópico, el jefe de Gabinete se limitó a remitirse a lo dicho anteriormente. Ni en ese instante ni en ningún otro tramo de la rueda de prensa, el funcionario pronunció una desmentida explícita sobre la eventual existencia de esas retribuciones encubiertas destinadas a miembros del Ejecutivo.
El contexto en el que emerge esta controversia no es menor. Durante varios meses, los servidores públicos del Poder Ejecutivo arrastraron un congelamiento salarial que se extendió hasta enero pasado. Ni Javier Milei, ni su Gabinete, ni las autoridades políticas de las distintas dependencias habían percibido incremento alguno desde la asunción presidencial hasta ese período. La situación se modificó recién en el primer mes del año actual, cuando los miembros del Gabinete vieron duplicados sus haberes, escalando de tres millones quinientos mil pesos a más de siete millones de pesos. A esa mejora se sumará otro aumento a partir de junio, que elevará los ingresos a más de ocho millones de pesos, lo que representa una suba acumulada del ciento veintitrés por ciento en apenas cinco meses.
En otro segmento de su alocución, y respondiendo a una pregunta del medio El Destape sobre una reciente medición de la consultora Atlas Intel que arrojó un cincuenta y nueve por ciento de valoración negativa hacia la administración nacional, Adorni ensayó una autocrítica que muchos calificaron como tibia. «Entendemos que falta un extenso trayecto por recorrer», reconoció el jefe de Gabinete, en un tono reflexivo poco habitual. «Cada jornada trabajamos para que la Argentina esté cada vez mejor, más abierta al planeta, con mayor expansión económica, menor índice de desocupación, salarios más altos y baja sostenida de la inflación», agregó, para luego admitir sin vueltas: «Esto no significa que la labor esté terminada ni que todo sea perfecto ni mucho menos».
El regreso de Adorni a la sala de prensa coincidió con la reapertura de ese espacio, que permaneció clausurado durante diez jornadas consecutivas, una medida sin antecedentes al menos desde 1976. El argumento esgrimido por las autoridades aludía a que una nota del canal Todo Noticias, en la cual un periodista acreditado filmó pasillos mediante anteojos inteligentes, comprometía los protocolos de seguridad del primer mandatario. Sin embargo, la reapertura no implicó una vuelta a la normalidad previa, sino todo lo contrario: los comunicadores acreditados ahora enfrentan restricciones más severas que las existentes antes del cierre.
Según las nuevas disposiciones, la prensa únicamente puede circular dentro de la Sala de Periodistas y las áreas adyacentes a ella, como el Patio de las Malvinas. Quedó terminantemente prohibido el ingreso a zonas como el Patio de las Palmeras, un espacio que, por su ubicación contigua al acceso de funcionarios e invitados oficiales sobre la avenida Rivadavia, resulta fundamental para documentar quiénes ingresan cotidianamente al palacio gubernamental, aspecto central para garantizar la transparencia de los actos oficiales. A estas limitaciones se suman otras medidas, como la instalación de vidrios esmerilados en las puertas de la Sala de Periodistas.
El propio Adorni se refirió a estas modificaciones durante su conferencia. «Estos protocolos se irán revisando y modificando», sostuvo, a medida que «Casa Militar comience a entender que los controles van a funcionar y que no existe un riesgo adicional de filmaciones o imprudencia en materia de seguridad por parte de los periodistas». Pese a esta declaración, ni el jefe de Gabinete ni ningún otro funcionario brindaron precisiones acerca de cuándo podrían comenzar a flexibilizarse estas nuevas trabas al ejercicio del periodismo en la sede del gobierno nacional.
