La embarcación MV Hondius atracó en el puerto de Granadilla casi un mes después de la primera muerte a bordo. Veintitrés naciones articulan una evacuación sin precedentes bajo estricto cerco sanitario, mientras la Organización Mundial de la Salud supervisa en persona el despliegue y las autoridades canarias manifiestan su malestar por el riesgo poblacional.
A casi un mes de aquel primer deceso provocado por el hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, la nave llegó este domingo al muelle de Granadilla, localizado en la ínsula española de Tenerife. Allí comenzó una maniobra de evacuación y retorno a los países de origen que se extenderá hasta este lunes, en una logística calificada como inédita. El barco permanece sometido a un riguroso cordón de seguridad marítimo de una milla náutica, medida forzosa para garantizar su aislamiento, mientras los equipos de sanidad examinan a los viajeros que no presentan síntomas y que serán conducidos directamente hacia la terminal aérea.
Los primeros en abandonar la embarcación fueron catorce ciudadanos españoles, trasladados al aeropuerto Tenerife Sur en vehículos colectivos pertenecientes a la Unidad Militar de Emergencia (UME). Dichos transportes contaban con un tabique separador entre el conductor y los pasajeros, una suerte de barrera protectora. Una vez en el aeropuerto, los españoles se desprendieron de los trajes de bioseguridad que vestían desde el descenso del crucero y fueron sometidos a un proceso de desinfección. Según lo estipulado, arribarán a Madrid y posteriormente serán derivados a un nosocomio castrense para cumplir la cuarentena.
Idéntico procedimiento se replicará con el resto de los viajeros y los tripulantes de otras nacionalidades. Para este domingo se encuentran programadas rutas aéreas hacia los Países Bajos, Canadá, Turquía, Francia, Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos, tal como informó en rueda de prensa la ministra española de Sanidad, Mónica García. La funcionaria describió la misión como algo “jamás realizado”, y subrayó la colaboración de 23 países en el esquema destinado a impedir la diseminación de la extraña variante andina del patógeno.
El dispositivo en el puerto industrial del sur de la isla cuenta con la presencia de la policía castrense y brigadas de intervención ante catástrofes, que levantaron carpas de admisión con ingreso vedado a personas no autorizadas. El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, se encuentra también en Tenerife observando el operativo y transmitió un mensaje tranquilizador a los residentes, ante el temor latente que despierta el recuerdo de la pandemia de covid-19. “La posibilidad de contagio es reducida debido al comportamiento del virus y a la disposición del gobierno”, aseguró el máximo responsable de la OMS, al explicar que el foco infeccioso se originó en un vertedero de Argentina y que la transmisión entre seres humanos es excepcional.
Pese a ello, centros asistenciales locales como el hospital de Candelaria se mantienen en alerta máxima, con unidades de aislamiento y respiradores listos para accionar ante cualquier urgencia durante el traslado. El más reciente balance de la OMS consigna un total de seis casos confirmados entre ocho sospechosos, entre los que se incluye una pareja de pasajeros neerlandeses y una mujer alemana fallecidos a causa de esta dolencia conocida pero poco frecuente, para la cual no existe ni vacuna ni terapia específica. Para los pasajeros, el desembarco significa el fin de múltiples jornadas de incertidumbre en altamar, aunque el proceso culminará con largas semanas de reclusión sanitaria, dado que el agente viral tiene un periodo de incubación que puede prolongarse hasta nueve semanas.
Un argentino a bordo rompió el silencio
Carlos Ferello, un ingeniero jubilado oriundo de Argentina que subió al barco en Ushuaia con la ilusión de recorrer derroteros apartados, quebró el mutismo este domingo tras la llegada del MV Hondius a Tenerife y definió la vivencia como “una desgracia”. “Iban a ser treinta y tantos días; tendría que haber estado en Buenos Aires el 5 de mayo, y ahora se va a alargar por lo menos quince jornadas más”, lamentó el viajero, que de todas formas rescató el lazo de hermandad forjado a bordo después de semanas de confinamiento. A pesar de la seriedad del cuadro sanitario, Ferello aseguró que no se respiró un ambiente de pánico generalizado. “Como yo estaba solo, siempre comía, desayunaba y paseaba solo; no tenía tanto contacto”, explicó, señalando que las medidas de distanciamiento ayudaron a frenar nuevos contagios.
Malestar en el gobierno canario
Una vez finalizada la operación, el Hondius navegará con la parte esencial de su tripulación y el cadáver de una víctima hacia su base en los Países Bajos, donde será desinfectado. El buque se encuentra fondeado, sin tocar tierra firme, en el puerto de Granadilla por expresa solicitud de las autoridades autonómicas canarias, que han dejado en claro su rechazo. “Con mi autorización y complicidad no voy a poner en riesgo a la población. Si ellos quieren violentar a la comunidad autónoma y la voluntad de las instituciones canarias, que lo hagan ellos desde el Gobierno de España, pero no con nuestro consentimiento”, afirmó el presidente canario, Fernando Clavijo. “El mundo nos observa nuevamente. Y otra vez España, como en tantas otras crisis, va a responder a la altura de lo que es este gran país, con ejemplaridad y eficacia”, declaró este domingo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto de su Partido Socialista en Andalucía. Mientras tanto, el papa León XIV, que visitará el archipiélago en abril dentro de una gira por España, exclamó desde la Plaza de San Pedro: “¡Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias por permitir la llegada del crucero Hondius con los enfermos!”.
