El mandatario estadounidense calificó de “totalmente inaceptable” la respuesta iraní, que condiciona cualquier acuerdo al fin del cerco económico y al reconocimiento de su soberanía sobre el estratégico estrecho de Ormuz, mientras crece la advertencia iraní a las potencias europeas.
En un nuevo giro que profundiza la fractura diplomática en Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos desechó este domingo los términos planteados por la dirigencia iraní ante la iniciativa de paz impulsada desde Washington. La propuesta proveniente de Teherán, en lugar de allanar el camino hacia una desescalada, introdujo condiciones que el gobierno norteamericano considera inaceptables, entre las que sobresalen el levantamiento inmediato de las sanciones económicas que pesan sobre la República Islámica y el reconocimiento explícito de su hegemonía sobre el estrecho de Ormuz. Este rechazo mutuo no hace más que intensificar la hostilidad entre ambas naciones, inmersas en un enfrentamiento armado desde el pasado 28 de febrero.
Fuentes familiarizadas con las gestiones diplomáticas, en diálogo con la agencia oficialista Tasnim, detallaron que el régimen de los ayatolás exige como punto de partida el fin del bloqueo financiero y comercial, así como la autorización para reanudar sin trabas la exportación de crudo desde sus terminales. La propuesta persa también reclama la anulación de las medidas punitivas aplicadas por la Tesorería estadounidense sobre los haberes iraníes gestionados en la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés). Uno de los ejes más controversiales del pliego iraní establece que el estrecho de Ormuz —arteria marítima vital para el comercio energético mundial y escenario recurrente de roces entre ambas potencias— debe quedar bajo administración exclusiva de la República Islámica, sujeta a ciertos compromisos no especificados que deberían ser asumidos por la parte estadounidense. A ello se suma una cláusula que exige un cese de hostilidades en Líbano, condición que la propia fuente consultada por Tasnim describió como una “línea roja” para Teherán.
La respuesta del inquilino de la Casa Blanca no se hizo esperar y se expresó con su habitual contundencia en las redes sociales. “Acabo de leer la contestación de los autodenominados ‘representantes’ de Irán. No me complace. ¡Es absolutamente inaceptable!”, sentenció el mandatario en su plataforma Truth Social. En otra publicación, el gobernante estadounidense arremetió sin filtros: “Durante 47 años los persas nos han estado ‘golpeando’, haciéndonos aguardar, asesinando a nuestra gente con artefactos colocados en los bordes de los caminos, aplastando manifestaciones y, recientemente, aniquilando a 42.000 manifestantes inocentes e indefensos, todo ello mientras se burlaban de nuestra ahora nuevamente gran nación”. Y remató con una frase lapidaria: “Ya no se reirán más”. En su diatriba, el mandatario dedicó especial virulencia contra el ex presidente demócrata Barack Obama, a quien acusó de haber insuflado “una nueva vida” al régimen de los ayatolás mediante multimillonarios desembolsos, aunque tampoco ahorró críticas a su antecesor inmediato, Joe Biden.
Según la misma fuente iraní, Teherán plantea que la guerra concluya de forma inmediata tras la proclamación de un principio de acuerdo, con un lapso adicional de treinta jornadas destinado a ultimar los detalles del eventual pacto. Las conversaciones continúan bajo el arbitraje de Pakistán, nación que hizo llegar la misiva persa al plan diseñado por el equipo negociador de la Casa Blanca. Desde Washington se aguardaba esa comunicación durante el fin de semana para definir si se mantenía la tregua vigente desde el 8 de abril o si, por el contrario, se retomaban las acciones bélicas ante la falta de progresos en el desmantelamiento del programa de enriquecimiento de uranio iraní.
En paralelo a esta tensa danza diplomática, Irán lanzó una severa advertencia a Francia y el Reino Unido. El viceministro de Exteriores persa, Kazem Garibabadi, declaró en la red social X que cualquier despliegue de buques militares de esos países cerca del estrecho de Ormuz —anunciado por las potencias europeas con el fin de salvaguardar la libre navegación en la zona— recibirá una contestación firme e inmediata. “Se previene que la presencia de naves francesas, británicas o de cualquier otro Estado para apoyar potencialmente las acciones ilegales y contrarias al derecho internacional de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz se enfrentará a una respuesta enérgica y rápida”, subrayó el diplomático. “Tanto en períodos de conflicto como de calma, únicamente la República Islámica de Irán puede garantizar la seguridad en este corredor marítimo y no tolerará injerencias de ningún país en estos asuntos”, enfatizó.
Londres y París han confirmado recientemente el envío de unidades navales al mar Rojo y al golfo de Adén como antesala de una futura misión de cooperación destinada a reforzar la libertad de tránsito en las aguas del estrecho de Ormuz, cuya operatividad se ha visto afectada por el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán. Garibabadi sostuvo que la llegada de fuerzas “extrarregionales” bajo el pretexto de proteger la navegación no es más que una militarización de una ruta marítima esencial y una escalada de la crisis regional. “La seguridad en el mar no se logra mediante exhibiciones de poderío castrense, especialmente cuando provienen de actores que, por su apoyo, complicidad o silencio frente a la agresión y el bloqueo, forman parte del problema”, agregó el funcionario.
El viceministro afirmó además que la raíz de la inseguridad en la zona reside en el “empleo ilegal de la fuerza”, las intimidaciones contra los Estados ribereños y el cerco naval, en una velada referencia a las operaciones militares estadounidenses en la región y al asedio impuesto sobre puertos y embarcaciones iraníes desde el 13 de abril. Precisamente en las últimas horas, Teherán proclamó la instauración de un “novedoso sistema jurídico y de seguridad” en el estrecho de Ormuz, al tiempo que advirtió que aquellas naciones que acaten las sanciones de Estados Unidos contra la República Islámica enfrentarán serias dificultades para transitar esa estratégica vía acuática. “De ahora en adelante, los países que secunden a Estados Unidos en la aplicación de medidas punitivas contra la República Islámica de Irán sin duda padecerán problemas al cruzar el estrecho de Ormuz”, declaró el vocero del Ejército iraní, general de brigada Mohammad Akraminia, en una entrevista con la agencia IRNA.
Akraminia aseguró que Irán ejerce en la actualidad un control “fundamental y estratégico” sobre ese angosto paso marítimo, considerado uno de los principales ductos energéticos del planeta. Según el jefe castrense, esta nueva situación podría desencadenar efectos de envergadura en los planos económico, político y securitario, e incluso contribuir a neutralizar las medidas punitivas secundarias de Washington y parte de las sanciones primarias. “Hoy ejercemos soberanía sobre el estrecho de Ormuz y toda embarcación que desee atravesarlo deberá coordinarse con nosotros”, sentenció. A este escenario de máxima tensión se suma la información proporcionada por el clérigo Mazaher Hoseini, jefe de protocolo de la oficina del líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, quien aseguró que la máxima autoridad religiosa goza de “perfecta salud”, pese a que no ha realizado apariciones públicas en los dos meses transcurridos desde su designación.
Mientras las balas diplomáticas vuelan de un lado a otro, el conflicto comienza a pasar una factura dolorosa en el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses. Ante el sostenido incremento de los precios de los combustibles derivado de la guerra con Irán, la administración norteamericana se declaró dispuesta a suspender transitoriamente el tributo federal a la nafta. El secretario de Energía, Chris Wright, señaló a la cadena NBC que la Casa Blanca contempla con buenos ojos congelar ese gravamen con el objetivo de aliviar los costos para los consumidores. “Todas las medidas que puedan adoptarse para reducir el precio en las estaciones de servicio y aminorar los gastos de los estadounidenses cuentan con el respaldo de esta administración”, afirmó Wright. Los tributos federales incluyen actualmente cargos de 18,3 centavos por galón para la gasolina y de 24,3 centavos por galón para el diésel, además de una tasa de 0,1 centavos por galón para ambos carburantes destinada a un fondo de reparación de tanques subterráneos con fugas.
Los precios de la gasolina en Estados Unidos se han disparado hasta alcanzar un promedio nacional de 4,52 dólares por galón este domingo, según los registros de la asociación automovilística AAA, lo que representa un aumento superior al 50 por ciento desde el estallido de las hostilidades con Irán. Este encarecimiento golpea con crudeza a una población ya afectada por la inflación, obligando a numerosas familias a modificar sus pautas de consumo. Una encuesta divulgada a fines de abril por The Washington Post reveló que el 44 por ciento de los adultos en territorio estadounidense ha disminuido la frecuencia con la que conduce, el 34 por ciento ha alterado sus planes de viaje o vacaciones, y el 42 por ciento ha recortado otros gastos del hogar para poder hacer frente al costo del combustible. La tormenta perfecta, en suma, se cierne tanto sobre el frente bélico como sobre la economía doméstica.
