Mientras la bancada oficialista construye su relato contra los privilegios de “la casta”, la aparición de un automóvil de lujo valuado en una cifra sideral estacionado en las puertas de la Cámara de Diputados desató un rápido pedido interno para hacerlo desaparecer de escena. El protagonista del hecho, el legislador jujeño Manuel Quintar, ya acumulaba otras controversias judiciales y sindicales.
En la antesala del Palacio Legislativo, donde suelen concentrarse las miradas sobre el vaivén de la actividad política, un elemento completamente ajeno al protocolo parlamentario terminó robándose toda la atención. No fue el ingreso de algún funcionario de renombre ni una movilización callejera lo que capturó las instantáneas de los curiosos y los teléfonos de los transeúntes, sino un vehículo de alta gama, de origen eléctrico y con un valor que trepa a unos trescientos millones de pesos. La escena, que rápidamente se transformó en viral, evidenció una contradicción incómoda para el espacio gobernante.
Según pudo reconstruirse a partir de la información difundida por el periodista David Cayón en sus cuentas de redes sociales, el automóvil de lujo pertenecía al diputado nacional por la provincia de Jujuy, Manuel Quintar, quien habría llegado al recinto a bordo de ese imponente Tesla. Lo que parecía una postal menor derivó en un llamado de atención directo desde las propias filas de La Libertad Avanza. El encargado de transmitir la sugerencia, que algunos calificaron más como una orden que como un consejo, fue su colega de bloque, el también legislador Álvaro Martínez Gonzáles, más conocido en el ámbito público como “Alfi” Gonzáles. La petición fue escueta y sin vueltas: había que retirar el vehículo del lugar con urgencia.
Aunque nunca se explicitó una justificación formal para aquel pedido, la incomodidad era evidente para cualquier observador. La postal no podía ser más elocuente: un diputado oficialista descendiendo de un automóvil valuado en una fortuna, estacionado a metros del Congreso, chocaba de lleno con el discurso de austeridad y de combate a los privilegios que erigió como estandarte el movimiento libertario. La imagen de ese Tesla reluciente se convirtió, sin proponérselo, en un símbolo de las tensiones internas entre la prédica antisistema y los signos exteriores de riqueza que empiezan a asomar entre algunos de sus representantes.
La publicación de Cayón se propagó como reguero de pólvora en el ecosistema digital, abriendo una catarata de comentarios y análisis sobre el contraste entre la retórica rupturista y el patrimonio personal de ciertos dirigentes. El propio Quintar no había hecho nada por disimular su gusto por el lujo: apenas un par de jornadas antes, el legislador había compartido en sus historias de Instagram imágenes de su Tesla con un tono que rayaba en la exhibición, mostrando el vehículo casi como un trofeo. Sin embargo, aquella actitud despreocupada chocó rápidamente con la disciplina de imagen que intenta preservar el espacio gobernante, sensible a cualquier foto que pueda empañar su cruzada contra la denominada “casta”.
Más allá del anécdota del automóvil millonario, el nombre de Manuel Quintar no es nuevo en el expediente de las polémicas. Abogado de profesión y diputado nacional desde diciembre de 2023, el jujeño integra el bloque oficialista y mantiene una activa presencia en redes, donde también se autopresenta como deportista. Pero el episodio del Tesla no hizo más que reavivar los reflectores sobre un dirigente que ya arrastraba denuncias de mayor calado. En fechas recientes, el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Azucareros del Ingenio Ledesma (SOEAIL), Luciano Lezano, salió a denunciarlo públicamente por presuntas coimas vinculadas a contratos de prestaciones de la obra social gremial.
Según el relato del gremialista, Quintar le habría ofrecido dinero a cambio de cerrar acuerdos favorables, y ante la negativa de Lezano sobrevinieron amenazas e intentos de presión para doblegarlo. La denuncia incluye además supuestos cobros indebidos por sumas millonarias, y responsabiliza políticamente al legislador por el visible deterioro en las prestaciones médicas que reciben los trabajadores del sector. Fuentes cercanas a la actividad gremial señalaron, asimismo, que la carrera política de Quintar se mueve bajo la órbita de Martín Menem y de Eduardo Menem, vinculaciones que agregan un condimento extra a la interna en la provincia norteña. De este modo, lo que comenzó como una anécdota automovilística frente al Congreso terminó destapando capas más profundas de un dirigente que parece transitar sobre un delicado equilibrio entre el lujo exhibido, las polémicas sindicales y las exigencias de disciplina de un espacio político que no tolera fisuras en su relato.
