La mesura tras la euforia: River corrigió errores, venció a Gimnasia y empieza a reconciliarse con su gente

La mesura tras la euforia: River corrigió errores, venció a Gimnasia y empieza a reconciliarse con su gente

Después del vendaval emocional por el triunfo ante San Lorenzo, el equipo de Marcelo Gallardo exhibió una versión más reposada y tácticamente rigurosa para doblegar al Lobo, en un partido que significó no solamente el boleto a las semifinales, sino también un gesto de reparación del vínculo entre el plantel y su afición.

La explosión anímica desatada por el triunfo conseguido el domingo precedente frente a San Lorenzo funcionó como un disparador interno. Aquella catarata de sentimientos encontrados, lejos de disiparse en mera celebración, impulsó a River a extremar los recaudos en el plano futbolístico de cara al compromiso ante Gimnasia. Los desaciertos cometidos en el duelo de octavos de final fueron sometidos a una revisión minuciosa, y esa autocrítica obligó al conjunto millonario a asumir el nuevo desafío con un nivel de atención inusitadamente elevado, sobre todo en lo concerniente a la organización táctica y la concentración colectiva.

La estrategia desplegada rindió frutos en los compases iniciales, pues el elenco de Núñez logró instalarse con solvencia en el campo platense y, desde esa posición, se adueñó de la iniciativa del juego. La retaguardia se plantó en la franja central del terreno, y desde allí el equipo comenzó a tejer el dominio de las acciones. En las antípodas, Gimnasia optó por esperar replegado en su propio sector, y cada vez que recuperaba la posesión del esférico, intentaba lanzar transiciones vertiginosas para explotar la velocidad punta de sus atacantes. Marcelo Torres fue precisamente el intérprete de la primera ocasión franca para anotar, aunque su disparo terminó siendo desviado por la intervención oportuna de Beltrán.

El Lobo arribó al estadio Monumental respaldado por una seguidilla de siete victorias consecutivas, además de una valla invicta mantenida durante cinco presentaciones. Esa admirable racha se fracturó a los veintisiete minutos, cuando Sebastián Driussi estampó un tanto de exquisita definición, luego de una sobresaliente maniobra de Facundo Colidio por el sector izquierdo. La conquista no solamente quebró una estadística adversaria, sino que también tensó el desarrollo del encuentro.

En el reinicio de las acciones, los dirigidos por Leonardo Madelón salieron con una audacia renovada, impulsados por la urgencia que imponía la desventaja en el marcador: la eliminación acechaba y era imperioso inclinarse hacia el arco rival. El entrenador dispuso el ingreso de Matías Zalazar en reemplazo de Nicolás Barros Schelotto, buscando dotar de mayor gravitación a su ataque en las inmediaciones del área contraria. De manera gradual, Gimnasia fue aproximándose con mayor peligro al arco custodiado por Beltrán.

La ocasión más nítida para los visitantes la protagonizó Leonardo Conti, que conectó un cabezazo tras un envío preciso de Ignacio Fernández, sólo para encontrarse con una reacción formidable del arquero Beltrán, quien desvió el balón por encima del travesaño con una estirada memorable. La diferencia de un solo tanto alimentaba la ilusión de los platenses, pero esa esperanza se desvaneció a los veinte minutos del complemento, cuando Lucas Martínez Quarta desplegó una jugada descomunal. El zaguero central recuperó la pelota en las cercanías del semicírculo de su propia área, emprendió una carrera que atravesó todo el campo por el eje, cedió el balón a Franco Freitas por el flanco derecho y continuó su marcha en dirección al arco contrario. El guardameta Insfrán falló en su salida, y el futbolista de River, con un cabezazo certero, sentenció la ampliación de la ventaja.

El desenlace, a diferencia de lo experimentado frente a San Lorenzo, transcurrió entre festejos sostenidos y un respaldo mayoritario hacia los protagonistas. La victoria, más allá del pasaporte a las semifinales, podría haber significado también un punto de inflexión para comenzar a recomponer la relación, últimamente resquebrajada, entre el público y los futbolistas. En el silencio posterior al estruendo, River encontró la claridad que necesitaba.

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