El titular de la Cámara de Diputados cruzó a la prensa por señalar al jefe de Gabinete sin sentencia firme, minimizó el poder de las redes sociales y juró lealtad “hasta la muerte” al presidente Javier Milei, mientras el expediente por los gastos inexplicables del funcionario acumula nuevas revelaciones cada jornada.
Con una actitud que oscilaba entre la chulería y la provocación, vistiendo una camisa desabrochada y acomodado sin apuro en un estudio televisivo afín, el riojano Martín Menem salió este miércoles al cruce de todas las tormentas que azotan al espacio libertario. Lejos de tomar distancia de uno de los focos de infección más incómodos para la administración de Javier Milei, el jefe de la Cámara baja eligió el blindaje total para con su par de Gabinete, Manuel Adorni, a quien respaldó con una declaración de confianza casi irrestricta. “Pongo las manos en el fuego ayer, hoy, mañana y siempre por Manuel”, espetó en diálogo con La Nación +, mientras la investigación judicial sobre el funcionario no cesa de sumar capítulos escabrosos: viajes mal declarados, patrimonios inmobiliarios desconcertantes, desembolsos millonarios por reformas edilicias y erogaciones que, según los peritos, resultan difícilmente conciliables con los haberes de un servidor público.
El propio presidente de Diputados admitió que el asunto se ha enquistado en la agenda gubernamental desde hace más de setenta jornadas, pero insistió en que el proceso sigue su curso reglamentario. “El tema está en investigación, y se va a terminar en tiempo y forma porque está en tiempo y forma”, argumentó, intentando clausurar cualquier especulación sobre una supuesta impunidad de Adorni. Sin embargo, lejos de limitarse a la defensa técnica, Menem redobló la apuesta y cargó con dureza contra los medios de comunicación. A su juicio, el jefe de ministros ha sufrido una “condena mediática” antes de que la justicia se expida. “Se lo ha prejuzgado y condenado desde un sector del periodismo. Tendríamos que estar hablando de las buenas noticias”, se quejó, en una jornada parlamentaria que, paradójicamente, estuvo dominada por el áspero debate sobre los subsidios al gas en zonas frías y las consecuencias del ajuste impulsado por el oficialismo.
Consultado acerca de la interna que lo enfrentaría con el influyente asesor presidencial Santiago Caputo —disputa que tuvo como uno de sus escenarios la misteriosa cuenta anónima “Rufus” en la plataforma X—, Menem optó por el desprecio y la ironía. “No tengo nada que ver con esa cuenta, y es una estupidez que estemos discutiendo esto”, lanzó, antes de agregar un axioma de la nueva liturgia libertaria: “El Presidente ya habló y después no puede hablar más nadie. No subestimen al presidente Milei”. En un alarde de lealtades mal dichas, aseguró que respaldará al mandatario “hasta la muerte” y negó “tener un carajo que ver” con las maniobras digitales que atribuyen a su riña con el círculo íntimo del jefe de Estado.
El legislador riojano también se esforzó por restar importancia al universo virtual, al que calificó como un “microclima”. “Twitter —ahora X— es una burbuja”, sentenció, intentando desactivar el poder simbólico de las campañas orquestadas en redes. Para graficar su desdén, recurrió a una analogía que no dejó indiferente a nadie: cualquier enlace compartido desde un dispositivo ajeno podría quedar asociado a otro usuario, dijo, y tildó la polémica como “una estupidez grande como una casa”. Esa misma minimización aplicó al ser interrogado por los ataques que recibió de parte del polémico streamer oficialista Daniel Parisini, conocido por sus desplantes violentos y su papel como agitador digital de la tropa mileísta. “¿Daniel Parisini es funcionario? Dale…”, contestó Menem con un sarcasmo que buscó reducir a la nada la influencia del denominado “dueño de la calle online”.
Por último, el titular de Diputados negó la existencia de diferencias políticas sustanciales con Santiago Caputo y abogó por mostrar una fachada monolítica del espacio gobernante. “No se está discutiendo nada sobre el tema político porque falta más de un año para las elecciones”, sostuvo, antes de refugiarse una vez más en la autoridad presidencial como clausura definitiva de toda controversia. “El Presidente ya habló, y una vez que habla no puede hablar más nadie. Es la máxima autoridad. Yo me debo al presidente Milei, estoy acá por él y lo voy a bancar hasta el último día”, concluyó Menem, en una intervención que, lejos de apagar los incendios, dejó la sensación de que el blindaje a Adorni y las descalificaciones a la prensa son, por ahora, la única estrategia del oficialismo para sortear las preguntas incómodas.
