Con una actuación arrolladora y un tridente ofensivo de alto vuelo, Independiente Rivadavia vapuleó a Deportivo La Guaira por 4 a 2, pese a las tribunas prácticamente vacías. El triunfo, conseguido en el marco de la quinta jornada de la Copa Libertadores, no sólo ratifica la supremacía del conjunto mendocino en la zona, sino que exhibe la contundencia de un equipo que ya había sellado su boleto a los octavos de final y que ahora sueña en grande.
En un escenario desolador, donde la ausencia de público transformó el estadio en un inmenso cascarón sonoro, el conjunto dirigido por Alfredo Berti desplegó todo su repertorio futbolístico y doblegó con autoridad al representante venezolano. La Lepra, lejos de especular con la ventaja clasificatoria obtenida en las fechas anteriores, saltó al césped con la voracidad de quien pretende devorar cada obstáculo. Así, con una mezcla de precisión quirúrgica y una pizca de atrevimiento, los argentinos escalaron a la cima del Grupo C, dejando en claro que su presencia en la fase siguiente no es casualidad.
El primer aviso, sin embargo, tuvo el sello local. Una maniobra individual de Rivas, quien cual esquirla se filtró entre dos zagueros visitantes, estremeció los primeros minutos. Su disparo, afortunadamente para los intereses mendocinos, se perdió por encima del larguero. No tardó la réplica. Fernández, mostrando una osadía poco común, ejecutó un tiro combado que obligó a lucirse al guardameta Varela. Pero el arquero nada pudo hacer instantes más tarde ante el poderoso testazo del paraguayo Alex Arce, quien conectó un centro milimétricamente medido por el colombiano Villa. El silencio sepulcral de las gradas se rompió con el grito local.
Lejos de amilanarse, el cuadro del entrenador argentino Bidoglio reaccionó con fiereza. Tras una secuencia de doble cabezazo en el área propia, los dueños de casa hallaron una grieta. Diego Osio, asistido con precisión por Ortiz, estableció la igualdad. El partido se tornó un puñal. Pero la alegría de La Guaira duró apenas un suspiro. Rivadavia, cual equipo acostumbrado a las grandes gestas, volvió a adelantarse con una jugada que quedará grabada en la memoria: el audaz Fernández, habilitado en posición delicada, se llevó consigo a las marcas rivales y, con una cuchara digna de un malabarista, sirvió el balón para la irrupción furibunda de Sebastián Villa. El colombiano, sin medir consecuencias, sacudió la red con violencia desatada.
La etapa complementaria resultó un espejo de la impotencia del conjunto venezolano. Cada intento por equilibrar el marcador chocaba una y otra vez contra la muralla de una Lepra que no se conformaba con la ventaja. El goleador Alex Arce, dueño de un olfato infalible, completó su cosecha personal con un triplete que desnudó las fragilidades defensivas rivales. Ya en tiempo de descuento, un soberbio gol de José Castellano intentó poner paños fríos a la hemorragia, pero su conquista, un verdadero obús imposible para el arquero, apenas sirvió como un bálsamo de fútbol en medio de la debacle. Nada pudo empañar el hambre insaciable de los mendocinos, que siguen escribiendo páginas doradas en su historia copera.
