A días de definir la nómina definitiva de 26 futbolistas que emprenderán viaje hacia Kansas City, el entrenador campeón del mundo afronta una verdadera prueba de ingeniería institucional. La seguidilla de lesiones en los laterales derechos y la incierta puesta a punto de los zagueros centrales abren una ventana de oportunidad para un viejo anhelo del cuerpo técnico, un polifuncional integrante de la prelista que jamás debutó en la Mayor y cuyo presente en la Bundesliga alemana lo erige como una solución silenciosa pero contundente.
A medida que el reloj avanza implacable hacia el próximo 1 de julio, fecha estipulada para el inicio de la concentración oficial en Kansas City, Lionel Scaloni transita sus últimas horas de deliberación en el predio que la Asociación del Fútbol Argentino posee en Ezeiza. Lejos de la simple confección administrativa de una lista, el entrenador oriundo de Pujato se enfrenta a un escenario que demanda un afinamiento quirúrgico de la convocatoria, donde cada nombre propio se convierte en un movimiento táctico de alto riesgo. El denominador común que atraviesa todas las reuniones del cuerpo técnico es una preocupación mayúscula: el delicado estado físico de los laterales derechos titulares, una situación que obliga a replantear por completo la estructura numérica del plantel que buscará la gesta en Estados Unidos, México y Canadá.
El parte médico, lejos de traer alivios, siembra incertidumbre en la Casa Rosada del fútbol argentino. Tanto Nahuel Molina como Gonzalo Montiel transitan actualmente procesos de desgarro muscular, una circunstancia que mantiene en vilo a la planificación albiceleste. Esta problemática específica en la franja derecha de la defensa fuerza a Scaloni a resolver una ecuación central de alto voltaje: definir si viajarán ocho o nueve guardianes de la retaguardia, una decisión que dependerá exclusivamente de la evolución de ambos futbolistas en los próximos días. Lo que en apariencia parece un simple ajuste numérico, en realidad modifica el espectro completo de la nómina, impactando de manera indirecta pero decisiva en la cantidad de volantes y delanteros que finalmente obtendrán el anhelado pasaporte mundialista.
En medio de este rompecabezas, un nombre hasta ahora silenciado en los pronósticos mediáticos emerge con fuerza desde la prelista de 55 jugadores. Se trata de Nicolás Capaldo, un futbolista que el propio cuerpo técnico ya visualiza como un comodín de lujo, una pieza maleable capaz de llenar dos vacíos distintos con un mismo movimiento. La gran virtud que lo posiciona como favorito para un lugar signado por las dudas físicas es su doble funcionalidad: puede desempeñarse tanto como zaguero central como ocupar el sector del lateral diestro, justamente las dos posiciones más comprometidas en el actual panorama. Pero existe una singularidad que añade dramatismo a su posible inclusión: siempre fue considerado por Scaloni y sus colaboradores, pero una concatenación de lesiones y contratiempos personales le negaron sistemáticamente la posibilidad de vestir la camiseta de la Mayor. Aquel jugador que hace cinco años partió desde Boca Juniors hacia el fútbol europeo podría consumar ahora la sorpresa más resonante de la convocatoria.
El origen de esta confianza silenciosa se remonta a mucho antes del presente inmediato. El oriundo de Santa Rosa, La Pampa, cultivó una estimación inquebrantable dentro del cuerpo técnico, un respaldo que trascendió sus ausencias en las citaciones previas. El punto de inflexión en su carrera llegó con su desembarco a mediados de 2021 en el RB Salzburgo, donde comenzó un proceso de mutación táctica que recién hoy exhibe su versión más madura. Esa evolución se potenció de manera notable tras su fichaje por el Hamburgo SV de la Bundesliga alemana, institución que desembolsó cerca de 4.5 millones de euros para hacerse con sus servicios. En la campaña que acaba de concluir, con el HSV finalizando en la decimotercera colocación de la máxima categoría del balompié germano, Capaldo disputó 26 de los 34 encuentros posibles, cifra que habla por sí sola de su importancia en el esquema del entrenador Merlin Polzin. Durante ese periplo, el volante reconvertido a defensor anotó un tanto y repartió tres asistencias, aunque el dato más revelador es que se ganó la titularidad en la mayoría de esas presentaciones, y las ausencias restantes obedecieron únicamente a una dolencia abdominal que lo mantuvo alejado de los campos de juego durante un mes.
Precisamente esa molestia física, sufrida por el jugador de 27 años, resultó determinante para privarlo de una oportunidad que él mismo consideraba ineludible. Esa dolencia abdominal lo marginó de la fecha FIFA de marzo, el momento que Scaloni había señalado en rojo para observar a Capaldo en acción junto al resto del plantel en los dos compromisos amistosos disputados en La Bombonera frente a Mauritania (triunfo 2-1) y Zambia (victoria 6-0). Era la ocasión perfecta para que el entrenador evaluara in situ su acople con los campeones del mundo, pero el físico volvió a interponerse en el camino de un viejo aspirante.
¿Qué ha cambiado entonces para que hoy se hable de un Capaldo radicalmente distinto a aquel que el público argentino observó durante su periplo en el Boca Juniors de Miguel Ángel Russo? La metamorfosis comenzó en Austria, donde a lo largo de 126 partidos acumuló 15 conquistas y 10 pases gol, aunque desempeñándose mayoritariamente como mediocampista. Sin embargo, ya en Salzburgo comenzó a ensayarse su conversión a stopper por el sector derecho dentro de una línea de tres defensores. El salto cualitativo se confirmó con su llegada al Hamburgo, donde el entrenador Merlin Polzin acentuó esa ubicación en el terreno de juego para el surgido en el club de los Mac Allister en La Pampa. Lo cierto es que Nicolás siempre se sintió cómodo ocupando el flanco diestro de la retaguardia, ya sea como integrante de una zaga triple o más abierto como lateral-volante, la misma función que desempeñó en su etapa xeneize. Esa polivalencia, forjada en la necesidad y consolidada por el rendimiento, es lo que hoy lo convierte en un actor decisivo en la previa mundialista.
El panorama que podría habilitar la inclusión de Capaldo en la lista definitiva se encuentra directamente vinculado al estado crítico de los laterales y a los plazos de recuperación de los marcadores centrales de jerarquía. El rompecabezas defensivo es, a esta altura, una verdadera jaqueca para el cuerpo técnico: Molina recién comienza a recuperarse de un desgarro, mientras que a Montiel le acaban de diagnosticar una ruptura fibrilar. A ellos se suman las tensiones musculares de Marcos Acuña, quien lleva su condición al límite en los últimos compromisos de River Plate, y las vacaciones de Nicolás Tagliafico tras el encuentro final del Lyon en Francia. En el eje de la defensa, las alarmas también se encienden: Cuti Romero libra una carrera contrarreloj para llegar óptimo al Mundial luego de su lesión en el Tottenham, mientras que Lisandro Martínez viene de una prolongada puesta a punto tras la rotura de ligamentos sufrida en febrero de 2025, a lo que se añade una molestia en el sóleo a principios de año. Este cóctel de dolencias genera un escenario inquietante, agravado por la extensa carga de partidos que acumulan los futbolistas en sus respectivos clubes y las altísimas temperaturas que se anticipan durante el verano estadounidense.
En ese contexto de urgencias silenciosas, Nico Capaldo aguarda su oportunidad con la paciencia de quien ya sabe lo que es quedarse en el umbral. Su principal competidor por un lugar en la nómina podría ser Agustín Giay, el ex San Lorenzo que actualmente se desempeña como titular indiscutido para Abel Ferreira en Palmeiras y que sí gozó de algunos minutos durante los amistosos de marzo, aquellos que funcionaron como despedida previa al certamen ecuménico. Mientras Scaloni afina el lápiz de la convocatoria y debate internamente la cantidad exacta de defensores que trasladará a suelo norteamericano, un nombre empieza a tomar consistencia en las conversaciones privadas del campeón del mundo. Se abriría así una puerta inesperada para un futbolista que todavía no conoció el honor de enfundarse la celeste y blanca en la Mayor, aunque no por ello resulta un completo desconocido en las entrañas del seleccionado: Capaldo ya vistió la camiseta argentina en la categoría Sub 23 durante el Preolímpico que selló la clasificación a los Juegos de Tokio 2020, aquellos que la pandemia obligó a postergar. La versatilidad, ese recurso tan preciado en los torneos de selecciones, podría tener finalmente un nombre y un apellido en la lista definitiva.
