La firma autopartista, proveedora de los asientos para el Chevrolet Tracker que ensambla General Motors en Alvear, cesa su actividad en la provincia de Santa Fe. La medida se inscribe en una etapa de contracción fabril, mengua del mercado interno y reconfiguración de las cadenas de suministro automotor en la Argentina.
La compañía especializada en butacas para vehículos, Adient, confirmó la paralización total de su establecimiento ubicado en la localidad santafesina de Pueblo Esther, una determinación que se hará efectiva a partir del próximo junio y que derivará en la desvinculación de setenta trabajadores. Esta resolución expone nuevamente la delicada coyuntura que atraviesa el tejido manufacturero ligado al sector automotor dentro del territorio nacional. El enclave productivo era el responsable de manufacturar los asientos destinados al modelo Chevrolet Tracker, un vehículo ensamblado por General Motors en su planta de Alvear, en las inmediaciones de Rosario, donde también se han instrumentado ajustes en los ritmos de producción y programas de desvinculación voluntaria.
El levantamiento de la factoría ocurre en un escenario signado por la menguante actividad fabril y la contracción del mercado doméstico, dos fenómenos que golpean con crudeza a las empresas abocadas al suministro de piezas y componentes. Las ensambladoras automotrices sostienen parte de su operación gracias a los envíos al exterior, en particular hacia Brasil, pero la disminución en las ventas locales junto con la reestructuración de los esquemas operativos repercuten directamente sobre las autopartistas, cuya supervivencia depende de acuerdos específicos y volúmenes estables de fabricación. Adient, que se autodenomina como líder mundial en la producción de asientos automotrices y posee cerca de 85.000 colaboradores repartidos en 238 fábricas distribuidas en 34 países, comunicó que el cierre responde a una estrategia de reorganización a escala global, aunque la decisión se enmarca en una realidad doméstica atravesada por la desaceleración económica y la merma de la producción en diversos rubros manufactureros.
De crisis recurrentes a la extinción local
El predio santafesino ya había sufrido procesos de achique de nómina en ejercicios anteriores. En 2019, la firma pasó de 230 a 204 empleados mediante retiros acordados de manera voluntaria. Con la cesación definitiva de actividades, la organización cesará completamente sus operaciones en el país. El impacto golpea además a una zona donde la actividad metalmecánica y automotriz arrastra dificultades persistentes desde el año previo, con suspensiones de personal, menor aprovechamiento de la capacidad instalada y la desaparición de proveedores anclados a las terminales.
En los meses recientes, la situación tornó insostenible para la compañía como consecuencia de las políticas económicas impulsadas por la administración libertaria, que profundizaron un esquema de ajuste basado en el achique del gasto público, la desregulación de precios y la apertura de las importaciones. Estas medidas impactaron de lleno sobre el consumo interno y la producción fabril. Las elevadas tasas de interés, el encarecimiento de los costos productivos y la pérdida de poder adquisitivo redujeron las ventas en distintos segmentos del mercado automotor, al tiempo que las empresas buscaron ajustar sus estructuras y rebajar los gastos laborales frente a una demanda cada vez más frágil.
El sector de los autopartistas venía advirtiendo con antelación sobre las dificultades derivadas de la caída de la producción nacional y del crecimiento de las importaciones de piezas terminadas. Las firmas locales enfrentan además mayores erogaciones financieras y obstáculos para sostener niveles de inversión en un entorno de volatilidad cambiaria y retracción económica. En ese contexto, la clausura de una planta abastecedora de una terminal internacional vuelve a encender las alarmas tanto en los gremios como en las cámaras empresariales vinculadas a la industria.
La propia situación de General Motors en la Argentina refleja parte de ese proceso. La automotriz disminuyó su producción en el complejo de Alvear durante los últimos años y avanzó con planes de retiros voluntarios para reducir su dotación de personal. La continuidad del Chevrolet Tracker permitió mantener en forma parcial la actividad, aunque con volúmenes inferiores a los proyectados inicialmente. La salida de Adient agrega una cuota de incertidumbre sobre la cadena de abastecimiento local y sobre el futuro de otros proveedores atados a la terminal.
Diversos sectores industriales vienen señalando que la combinación de apertura de las importaciones, reducción del consumo y encarecimiento del financiamiento deteriora las condiciones para la producción local, particularmente en aquellas actividades con una alta dependencia de los proveedores nacionales. El cierre de la factoría de Pueblo Esther también repercute sobre el entramado laboral de la región rosarina, donde la industria automotriz y metalúrgica posee un peso relevante.
