El jefe negociador del régimen persa, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó una severa advertencia al presidente estadounidense tras reunirse con el jefe del ejército paquistaní. Mientras tanto, fuentes de inteligencia revelan que Teherán no solo recuperó capacidades militares durante la tregua, sino que superó todos los plazos previstos, con un apoyo silencioso de China y Rusia que pone en jaque el real daño infligido por los bombardeos previos.
En un giro que eleva la tensión en Medio Oriente, el máximo responsable de la mesa negociadora del régimen iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó este sábado una amenaza explícita contra la administración de Donald Trump. El dirigente persa aseguró que cualquier intento del mandatario estadounidense por reiniciar las acciones bélicas desencadenaría una reacción mucho más cruel y desvastadora que la experimentada en los primeros compases del conflicto. La declaración, difundida a través de sus canales oficiales en las redes sociales, subrayó que las fuerzas armadas de la república islámica se han reestructurado por completo durante la pausa en los combates.
Ghalibaf realizó estas declaraciones apenas horas después de sostener un encuentro en Teherán con el mariscal de campo Asim Munir, comandante en jefe del ejército de Pakistán, una figura central en las gestiones diplomáticas internacionales para hallar una salida negociada al actual escenario de hostilidades. La coincidencia de la advertencia con esa reunión no pasó desapercibida entre los analistas, que interpretan el mensaje como un intento de Teherán de mostrar fortaleza justo cuando se multiplican los contactos diplomáticos.
La escalada retórica iraní cobró mayor relevancia al conocerse que, durante el alto el fuego de seis semanas iniciado a principios del mes de abril, el régimen de los ayatolás ya había reactivado parcialmente su línea de ensamblaje de drones. Según fuentes cercanas a las evaluaciones de la inteligencia estadounidense, esa reactivación anticipada constituye una prueba fehaciente de que Teherán está restaurando con una celeridad sorprendente ciertas capacidades castrenses que se creían seriamente deterioradas por los ataques previos de Estados Unidos e Israel.
Cuatro fuentes familiarizadas con los reportes de los servicios de inteligencia norteamericanos confirmaron a CNN que las agencias de espionaje han detectado una recomposición del aparato militar iraní a un ritmo muy superior al estimado inicialmente. Este fenómeno abarca desde la reposición de lanzamisiles y baterías destruidas hasta la recuperación de centros de producción de armamento estratégico. Los mismos voceros advirtieron que, si Trump decide retomar la campaña de bombardeos contra posiciones persas, la amenaza iraní contra los aliados regionales seguirá siendo real y tangible, lo que además cuestiona la verdadera magnitud del daño infligido en los ataques previos.
Aunque los plazos para reiniciar la fabricación de cada tipo de componente militar varían, un alto cargo estadounidense señaló a CNN que algunas proyecciones de inteligencia indican que Irán podría recuperar por entero su potencial ofensivo con drones en apenas medio año. Y añadió, con énfasis: “Los iraníes han superado todos los plazos que la inteligencia había fijado para la reconstitución”. Ese dato resulta especialmente alarmante para los socios regionales de Washington, ya que en una eventual reanudación de las confrontaciones, Teherán podría compensar su menguada capacidad de producción de misiles —gravemente afectada por los bombardeos— con un aluvión de enjambres de drones contra Israel y las naciones del Golfo, todos ellos dentro del radio de acción de ambos sistemas bélicos.
El propio Trump ha insistido en múltiples ocasiones con la posibilidad de retomar las operaciones militares si no se alcanza un acuerdo definitivo para poner fin a la guerra. El martes pasado, el mandatario reveló públicamente que estuvo a solo sesenta minutos de ordenar una nueva oleada de bombardeos, lo que convierte a estas capacidades iraníes en un factor con alta probabilidad de activación inminente. Según una de las fuentes consultadas, la veloz reconstrucción iraní responde a una combinación de factores: el respaldo recibido desde Rusia y China, sumado a la comprobación de que ni Estados Unidos ni Israel causaron tantos estragos como esperaban. Pekín, por ejemplo, habría continuado proveyendo a Teherán de componentes utilizables para la fabricación de misiles durante el conflicto, aunque ese flujo pudo haberse visto reducido por el bloqueo estadounidense, según dos fuentes con acceso a los informes de inteligencia.
La semana pasada, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró a la cadena CBS que China suministra a Irán “componentes para la fabricación de misiles”, sin ofrecer mayores precisiones. Sin embargo, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, rechazó la acusación en una conferencia de prensa y la calificó de “carente de fundamento”. Pese a las negativas, las evaluaciones más recientes de la inteligencia estadounidense sostienen que Irán conserva un remanente considerable de misiles balísticos, sistemas de ataque con drones y defensas antiaéreas, lo cual significa que la rápida regeneración de su poderío productivo no parte de cero.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) optó por no hacer comentarios al respecto, arguyendo que ese mando no discute asuntos vinculados a inteligencia militar. En cambio, el vocero principal del Pentágono, Sean Parnell, emitió un comunicado en el que afirmó que “el ejército de Estados Unidos es el más poderoso del mundo y cuenta con todo lo necesario para actuar en el momento y lugar que el presidente decida”. Parnell añadió que se han ejecutado “múltiples operaciones exitosas” en todos los comandos de combate mientras se garantiza que las Fuerzas Armadas poseen “un arsenal profundo de capacidades para proteger a nuestro pueblo y nuestros intereses”. El mensaje, leído en clave de advertencia, dejó entrever que Washington no descarta ningún escenario en su pulso con Teherán.
