El posible entendimiento contempla el desbloqueo paulatino del estratégico estrecho de Ormuz y una tregua inicial de sesenta días, aunque la cuestión del programa atómico iraní queda postergada. Mientras la Casa Blanca exige garantías antinucleares, el presidente Pezeshkian asegura que su país no busca fabricar bombas atómicas, pero defiende su derecho al enriquecimiento con fines civiles.
En un giro inesperado que ha comenzado a recorrer las primeras planas de los principales diarios internacionales, Irán y Estados Unidos habrían logrado destrabar los puntos más álgidos de una negociación destinada a poner fin al conflicto bélico que desde hace meses sacude la región del golfo Pérsico. Diversos medios de prensa de ambas naciones coinciden en señalar que un memorando de entendimiento estaría próximo a ser rubricado, lo que implicaría, en una primera etapa, el restablecimiento gradual de la navegación por el estrecho de Ormuz y una pausa en los enfrentamientos que permita continuar dialogando sobre asuntos de mayor complejidad, entre los que sobresale el futuro del programa nuclear iraní.
De acuerdo con informaciones filtradas por el periódico estadounidense Axios, el borrador del pacto contemplaría una tregua de dos meses durante la cual Teherán se comprometería a normalizar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una vía acuática vital para el comercio energético mundial que había sido bloqueada parcialmente por la república islámica en los albores de la guerra. Por su parte, la agencia oficial iraní Tasnim matiza que el arreglo supondría la “recuperación escalonada del flujo marítimo existente previo al estallido del conflicto”, aunque aclara que no significará un retorno absoluto a la situación anterior, ya que el paso continuaría bajo control iraní. Ambos medios coinciden, además, en que Washington estaría dispuesto a levantar temporalmente una parte de las sanciones impuestas contra la nación persa, autorizar la comercialización de crudo iraní en los mercados internacionales y liberar una porción de los fondos congelados de Teherán en el extranjero.
Las mayores discrepancias entre las versiones periodísticas surgen al abordar el espinoso capítulo nuclear. Mientras que Axios sostiene que el documento incluiría el compromiso explícito de Irán de no procurar armamento atómico —una de las líneas rojas que la administración de Donald Trump ha reiterado en cada ronda de diálogo—, Tasnim niega rotundamente esa interpretación y afirma que el eventual acuerdo no contiene ninguna cláusula vinculada al programa atómico. Según la fuente iraní, todas las cuestiones relativas al enriquecimiento de uranio han sido postergadas hacia una segunda fase de conversaciones, que se desarrollarían precisamente durante el plazo de los sesenta días posteriores a la firma del memorando.
Esta ambigüedad ha encendido las alarmas en varios actores internacionales. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró haber alcanzado un entendimiento con el presidente Trump en el sentido de que cualquier pacto de paz con Irán debe implicar el desmantelamiento de las instalaciones de enriquecimiento de uranio y la extracción del material altamente procesado, una exigencia que también ha sido manifestada por la Unión Europea y el Reino Unido. Ursula von der Leyen, al frente de la Comisión Europea, junto al premier británico Keir Starmer, saludaron con cautela los avances diplomáticos en tanto garanticen la libertad de navegación irrestricta por el estrecho de Ormuz, pero demandaron seguridades fehacientes de que Teherán no desarrollará un artefacto atómico.
En respuesta a estas presiones, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, volvió a insistir en que su país no persigue la fabricación de bombas nucleares. “Estamos dispuestos a tranquilizar al mundo de que no buscamos armas atómicas”, declaró el mandatario, aunque advirtió que el equipo negociador persa no cederá en asuntos vinculados al honor y la dignidad nacional —una velada defensa del derecho a enriquecer uranio con propósitos pacíficos, amparado por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del cual Irán es signatario—.
El balance estratégico del conflicto también ha merecido el análisis de especialistas. Paulo Botta, director de la Oficina para América Latina del centro de estudios TRENDS Research & Advisory, subrayó a este diario que la guerra ha demostrado una vez más que las capacidades militares, incluso las más sofisticadas como las estadounidenses, poseen serias limitaciones para alcanzar objetivos políticos. El analista señaló, asimismo, que subestimar la capacidad de resistencia del adversario constituye un error grave, una lección que Washington estaría aprendiendo a costa de un desgaste mayúsculo. Botta también advirtió que el conflicto ha derivado en un sistema político iraní profundamente militarizado, dominado por los Pasdarán —el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica—, y que los países árabes del golfo jugarán ahora un papel protagónico en la futura arquitectura de seguridad regional, pues ningún acuerdo sostenible podrá ignorar sus intereses.
Mientras las versiones sobre el contenido de las conversaciones se multiplican, el presidente estadounidense Donald Trump salió al cruce para enfriar cualquier expectativa de inmediatez. En un mensaje publicado en su red Truth Social, el mandatario afirmó que las negociaciones avanzan de manera ordenada y constructiva, pero reveló que ha ordenado a su equipo negociador no apresurarse y garantizar que el acuerdo sea verdaderamente favorable. “El tiempo está de nuestro lado”, sentenció Trump, quien además advirtió que el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos a los puertos iraníes se mantendrá en plena vigencia hasta que se alcance, certifique y firme un entendimiento. “Ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien. ¡No puede haber errores!”, enfatizó el republicano, que no desperdició la ocasión para contrastar el eventual pacto con el acuerdo nuclear de 2015 negociado por Barack Obama: “Si llego a un acuerdo con Irán, será uno bueno y apropiado, no como el de Obama, que le dio a Irán enormes cantidades de dinero en efectivo y un camino claro hacia un arma nuclear”.
